Samuel Acedo, psicólogo, sobre la decisión de la hija de Paloma Cuevas al cumplir 18: "Proteger la intimidad de los hijos no es esconderlos ni quitarles oportunidades"

Samuel Acedo, psicólogo, sobre la decisión de la hija de Paloma Cuevas al cumplir 18: "Proteger la intimidad de los hijos no es esconderlos ni quitarles oportunidades"

El próximo lunes 27 de abril, Paloma Ponce Cuevas, la hija de Paloma Cuevas y Enrique Ponce, cumple 18 años. Una fecha, sin duda, especial, que marca su mayoría de edad. Y lo hace tomando una decisión muy clara: mantener el anonimato para no ser personaje público. Lo ha hecho saber, a través de un comunicado, con el apoyo de su madre, al que ha tenido acceso ¡HOLA!. El texto deja constancia de su deseo de mantener el anonimato y preservar su vida al margen de la exposición mediática. Una postura firme y coherente, pues su madre siempre ha sido especialmente cuidadosa con la intimidad de sus hijas Paloma y Bianca, protegiendo su imagen en todo momento.

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Una decisión que hemos querido valorar con la ayuda del psicólogo Samuel Acedo, miembro del Gabinete de Psicología Málaga y miembro de Top Doctors Group, con quien hemos tenido la ocasión de hablar sobre el hecho de que los personajes públicos velen por la intimidad de sus hijos desde la infancia. 

Samuel Acedo, miembro del Gabinete de Psicología Málaga y miembro de Top Doctors Group.© Samuel Acedo
Samuel Acedo, miembro del Gabinete de Psicología Málaga y miembro de Top Doctors Group.

¿Qué efectos puede tener en un niño crecer sabiendo que su imagen o su vida privada interesan y pueden estar en el foco mediático?

Puede generar una vivencia de exposición constante que dificulte la sensación de seguridad. En la infancia, la mirada de los otros pesa muchísimo en la construcción de la autoestima, porque no se trata solo de lo que uno piensa de sí mismo, sino también de cómo se siente visto, aceptado y valorado por el entorno. Si un niño percibe que su imagen o su vida privada están permanentemente bajo observación, puede aprender a sentirse más como un objeto de interés que como una persona con intimidad propia.

¿Cómo influye en la construcción de la identidad infantil el hecho de estar expuesto al escrutinio público desde edades muy tempranas?

La identidad infantil necesita espacio, juego, error, privacidad y margen para cambiar. Cuando un menor está expuesto ante un escaparate público desde muy pequeño, esa construcción puede verse condicionada por la mirada de los demás. En vez de explorar libremente quién es, puede empezar a organizarse en función de lo que los demás esperan de él. Eso limita mucho el proceso natural de descubrimiento y puede dificultar que la identidad se construya desde la autenticidad, una dimensión estrechamente vinculada al desarrollo de una autoestima sana.

La privacidad protege el desarrollo emocional, favorece la naturalidad y permite que el niño se equivoque sin sentirse observado ni juzgado por un público

Samuel Acedo, psicólogo

¿Qué riesgos emocionales existen cuando un menor se convierte, sin quererlo, en personaje público?

El principal riesgo es que deje de vivirse como niño y empiece a sentirse evaluado, observado o definido por una imagen que no ha elegido. Eso puede afectar a la autoestima, a la seguridad emocional y a la capacidad de aceptarse con sus defectos y limitaciones. También puede aparecer ansiedad, confusión o la sensación de que siempre hay que responder a una expectativa externa. Cuando un menor se convierte en personaje público sin haberlo decidido, pierde parte de algo muy importante: el derecho a construirse en privado.

¿Piensa que es relevante que los padres con un perfil público pongan límites claros a la exposición mediática de sus hijos?

Los padres tienen la responsabilidad de poner andamios sólidos en la construcción de la identidad de sus hijos. Durante la infancia, ellos son quienes pueden proteger el espacio en el que el niño se va formando. Si esos límites no existen, o se ponen tarde, el menor puede crecer con una base más frágil y con más dificultad para entender dónde acaba su vida íntima y dónde empieza la exposición pública. Cuanto más se desdibujen esos límites, más probable es que luego aparezcan malestar, conflictos internos o incluso arrepentimiento.

¿Qué beneficios psicológicos tiene para un niño crecer en un entorno donde su privacidad está preservada?

Tiene muchos. La privacidad protege el desarrollo emocional, favorece la naturalidad y permite que el niño se equivoque sin sentirse observado ni juzgado por un público. También facilita que la autoestima se construya de forma más sana, porque el niño puede ser querido no por lo que muestra, sino por quien es. Además, preservar la intimidad ayuda a que la identidad se forme con más libertad, sin estar demasiado condicionada por la imagen externa.

¿Qué responsabilidad añadida tienen los padres con notoriedad pública respecto a la protección de sus hijos?

Tienen una responsabilidad mayor, porque su exposición multiplica el alcance de cualquier decisión que tomen sobre sus hijos. No basta con quererlos y cuidarlos en lo cotidiano; también deben pensar en el impacto futuro de lo que hoy se muestra, se dice o se comparte. Tanto en la infancia como en la adolescencia, los padres están poniendo los andamios de la identidad de sus hijos. Y si esos andamios se colocan mal, o demasiado cerca de la exposición pública, después puede resultar mucho más difícil construir una vivencia sana de la intimidad, la seguridad personal y la propia valía.

Tanto en la infancia como en la adolescencia, los padres están poniendo los andamios de la identidad de sus hijos

Samuel Acedo, psicólogo

¿Qué impacto puede tener en la adolescencia haber sido un niño muy expuesto mediáticamente?

La adolescencia ya es una etapa compleja por sí misma, porque el cerebro todavía está madurando y la capacidad de pensar en consecuencias a largo plazo aún no está plenamente desarrollada. Si además un joven arrastra una infancia muy expuesta mediáticamente, puede encontrarse con dificultades añadidas para definir quién es realmente, separar su identidad de la imagen pública y gestionar la presión externa. Eso puede traducirse en conflictos de identidad, vergüenza, rabia, necesidad de ruptura o una sensación de haber sido condicionado demasiado pronto por la mirada de otros.

¿Qué mensaje final daría a las familias públicas que quieren equilibrar fama y protección emocional?

Que la fama puede ser circunstancial, pero la infancia deja huellas muy profundas. Proteger la intimidad de los hijos no es esconderlos ni quitarles oportunidades, sino respetar su derecho a crecer sin convertirse en un personaje y permitir que sean ellos quienes, más adelante, decidan qué quieren mostrar y qué no. La tarea de los padres es poner los andamios adecuados para que, cuando sus hijos puedan construir por sí mismos, lo hagan desde una identidad más libre, más sólida y menos marcada por la exposición. Cuidar eso hoy puede evitar mucho sufrimiento mañana.