Ana Garcés y su reencuentro con el desierto de Marruecos: dunas, emoción y un recuerdo imborrable
En 2018 fue por primera vez al desierto del Sáhara y, aunque fue un viaje muy distinto “regresé a España pensando que algún día tendría que volver. Han pasado casi 8 años desde entonces. Ojalá que, mi próxima visita, no tenga que pasar tanto tiempo”, contaba Ana Garcés sobre su último viaje a Marruecos. Una escapada muy especial en la que la inolvidable Jana de La Promesa, que se encuentra de gira con la obra de teatro Panorama desde el puente, de Arthur Miller, no ha estado sola, la acompañó Enrique Fortún, otro de los actores protagonistas de la exitosa serie de televisión, con quien disfrutó de todo tipo de experiencias en el desierto. Estas son las 7 que no te puedes perder en este mágico lugar:
CONOCER AÏT BEN ADDOU Y OTROS KSOUR
La aventura de Ana Garcés arrancó en Marrakech en dirección a Ouarzazate, puerta de entrada al desierto, donde se encuentran algunas de las ciudadelas (kasbahs) y pueblos fortificados (ksour) más monumentales del sur de Marruecos, esas arquitecturas de adobe de origen bereber que son testimonio de aquellos días en los que las caravanas transitaban por aquí. De todas ellas, Aït Ben Addou es la más fotografiada y fascinante, un laberinto de barro que resiste prácticamente deshabitado al paso del tiempo y ha sido elegido una y otra vez como decorado de cine, desde Gladiator a Juego de tronos. La Unesco la ha declarado Patrimonio de la Humanidad.
EN TODOTERRENO (O MOTO) POR EL DESIERTO
Desde Ouarzazate salen los tours en todoterreno que recorren las dunas del Sáhara, aunque también se puede alquilar un quad o una moto —como ha hecho la actriz— y, acompañados de un guía local, conducir por sus pistas arenosas, explorando ríos secos, oasis, palmerales y valles escondidos que no se ven por las rutas turísticas normales.
Los recorridos más populares se dirigen hacia Erg Chebbi (Merzouga) y Erg Chigaga. El primero son 370 kilómetros aproximadamente (6-7 horas de carretera) y va descubriendo en el camino kasbahs como Aït Ben Addou, pueblos bereberes, oasis y las gargantas del Todra. Algo más corta, 250 kilómetros, y más remota es la segunda, que se dirige hacia el sureste.
DORMIR BAJO LAS ESTRELLAS
En ese paisaje bucólico y cambiante de grandes montañas de arena teñido de rojo al atardecer que es el desierto del Sahara, una de las experiencias más especiales e inolvidables que se puede vivir es la de pasar una noche durmiendo en la jaima de un campamento nómada bajo el cielo estrellado. Tras una cena bereber animada con música alrededor de una hoguera, la tranquilidad y el silencio absoluto del desierto resulta mágico. Entre los mejores lugares para disfrutar de ella, Sahara Majestic Luxury Camp (@saharamajesticluxurycamp), en la zona de Merzouga.
LOS AMANECERES Y ATARDECERES MÁS ESPECIALES
No hay mejor mirador sobre el desierto que el de las dunas más altas, a las que se puede subir, mejor al amanecer, para ver el mar de arena infinito y tomar las fotos más inolvidables. La duna de Erg Chebbi, cerca de Merzouga, alcanza los 200 metros de altura; Erg Chigaga es algo más baja, pero escalar por ella permite sentir también la inmensidad del desierto.
A la hora del atardecer, un clásico imperdible en el Sahara es recorrer las dunas a lomos de un camello mientras el sol cae tiñendo el desierto de naranja y rojo. Es la foto perfecta.
SANDBOARDING EN LAS DUNAS
Ana Garcés ha practicado sandboarding y parece que se ha divertido deslizándose en una tabla por las dunas. La actividad es similar al snowboard, pero en lugar de nieve te deslizas por pendientes de arena dorada. Y, además, no hace falta experiencia previa. Se suele hacer en las dunas altas de Erg Chebbi, donde puedes subir caminando o con ayuda del guía, y luego bajar deslizándote con la tabla. Las vistas y la sensación son espectaculares.
VIVIR LA CULTURA BEREBER
Pero en un viaje al desierto más legendario del norte de África no pueden faltar las experiencias culturales compartidas con las personas que han habitado este paisaje durante siglos. Visitar aldeas tradicionales, aprender sus tradiciones, compartir un té en una tienda nómada, escuchar música tradicional, degustar sus platos típicos y descubrir cómo se organiza la vida en un entorno tan extremo forman parte de esta inmersión cultural. Para vivirla en primera persona hay que reservar un tour con una agencia local como Safari Morocco Tour (safarimoroccotour.com), una empresa familiar bereber que organiza excursiones por el Sahara combinando aventura y tradición.




