Armenia atesora historia de lucha
Armenia, que es la narración colectiva de cómo una nación desafió toda eventualidad histórica, hoy está convertida en la mejor opción para los iraníes que escapan de la guerra.
En las proximidades del Monte Ararat, el lugar donde la tradición bíblica sitúa el reposo del Arca de Noé, tras el diluvio, se erige una nación que abrazó el cristianismo incluso antes que el Imperio romano, y cuya fe cristiana fue un pilar que preservó la identidad.
Se sitúa en el Cáucaso sur, una región geográfica marcada por el asedio de los imperios y el expansionismo del Islam.
Logró sostener una conciencia nacional a lo largo de los siglos, protegiendo su religión, su idioma y su sentido de pertenencia incluso antes de la existencia y protección de su Estado moderno, establecido en 1992, tras el fin de la URSS.
Desde la antigüedad los armenios se resistieron a la asimilación cultural de los imperios persa y bizantino, frenaron el zoroastrismo y el cristianismo bizancio, así como a las invasiones provenientes de las estepas.
La cultura hizo frente al avance de los califatos árabes en el siglo VII y al dominio de la Unión Soviética durante el siglo XXI, apoyándose en su fuerte memoria colectiva y en sus instituciones culturales.
La sociedad armenia contemporánea es heredera de gran resiliencia y de una lucha volcada hacia la democracia y la autodeterminación de su historia. En 2018, un periodista y político de nombre Nikol Pashinián lideró una marcha pacífica que partió desde el norte del país en dirección a Ereván.
Aquel acto simbólico de protesta se convertiría a los pocos días en un movimiento de transformación nacional. Fue así que un movimiento concebido desde la resistencia pacífica forzó la dimisión del primer ministro en turno y bloqueó un tercer mandato inconstitucional.
Esta llamada "Revolución de Terciopelo de 2018" es un testimonio de valor histórico sobre cómo la sociedad civil y el liderazgo político pueden reescribir el futuro de un país.
Deja una lección para la comunidad internacional: que la evolución democrática y las transiciones políticas pueden surgir desde la colectividad y bajo condiciones adversas.
Los mexicanos y los armenios, entre las múltiples afinidades, compartimos el honor de pertenecer al Foro de Civilizaciones Antiguas junto con Grecia, Egipto, China, Irán e Irak; entre otras.
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