Carmen Botello, psicóloga: "El ritmo pausado de los abuelos funciona como un interruptor que apaga la alerta cerebral del niño"

Carmen Botello, psicóloga: "El ritmo pausado de los abuelos funciona como un interruptor que apaga la alerta cerebral del niño"

Mientras los padres educan entre las prisas de la rutina, el trabajo y las normas diarias, la figura de los abuelos emerge como un oasis de calma. Es lo que podríamos llamar el "efecto abuelo", un refugio donde el tiempo se detiene y la escucha se vuelve absoluta. 

Coincidiendo con la celebración, como cada 26 de julio, del Día Mundial de los Abuelos, y con la ayuda de Carmen Botello Fuenteseca, psicóloga infanto-juvenil, colaboradora en Crea Sentido Psicología, profundizamos en por qué su presencia pausada es capaz de calmar el sistema nervioso infantil, fortalecer la autoestima a largo plazo y dejar una huella imborrable que acompañará al niño hasta su vida adulta. 

Carmen Botello Fuenteseca, psicóloga infanto juvenil, colaboradora en Crea Sentido Psicología© Cedida
Carmen Botello Fuenteseca, psicóloga infanto juvenil, colaboradora en Crea Sentido Psicología

Desde la teoría del apego seguro, ¿qué diferencia el vínculo que un niño construye con sus padres del que construye con sus abuelos?

El vínculo que un niño construye con sus padres y con sus abuelos se complementa dentro de una jerarquía familiar. Para trabajar el apego, me apoyo en la mirada del Círculo de Seguridad, ya que emplea una metáfora que define a los adultos como "las Manos del Círculo". Las manos del adulto sostienen emocionalmente al niño, ofreciéndole una base segura para salir a explorar el mundo y un refugio seguro al que volver cuando necesite consuelo.
Los padres representan las manos principales en el día a día. Ellos tienen la responsabilidad directa de la crianza, las normas y la supervivencia. Por eso, el niño confía en que estarán disponibles y responderán de manera proporcional y sensible a lo que necesita. Es con los padres con quienes el niño se desborda y descarga sus emociones más intensas, porque sabe que esas manos no lo van a soltar.
Los abuelos, a diferencia de los padres, funcionan como unas manos de relevo y un apoyo que amplía la red de seguridad del niño. Al no tener esa presión diaria de educar y poner límites, sus "manos" ofrecen una base mucho más relajada, enfocada en el disfrute, el juego y el cariño. Así, mientras el vínculo con los padres construye el mapa básico de seguridad y supervivencia del niño, el vínculo con los abuelos lo enriquece. El niño aprende que el mundo es un lugar seguro no solo porque papá y mamá cuidan de él, sino porque el sistema familiar tiene otras manos sabias y amables dispuestas a sostenerlo, lo que al mismo tiempo alivia el estrés de los padres y equilibra el bienestar de toda la familia.

Mientras el vínculo con los padres construye el mapa básico de seguridad y supervivencia del niño, el vínculo con los abuelos lo enriquece

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Los padres educan desde la prisa, las normas y la rutina. Los abuelos, muchas veces, desde la pausa. ¿Cómo afecta esta diferencia de ritmos al cerebro y a la regulación emocional de un niño?

El ritmo de los adultos afecta directamente el sistema nervioso infantil. Cuando los padres educan desde la prisa, las rutinas rígidas y la presión de llegar a todo, el cerebro del niño (concretamente la amígdala, que funciona como un radar de peligros) percibe ese ritmo. Un adulto acelerado o estresado transmite sin darse cuenta una señal de alerta y esto provoca que el niño sienta que las "Manos del Círculo" no son seguras, lo que activa su propio sistema de estrés y dificulta que se calme. Esto se vuelve crítico cuando el niño se aleja para explorar su entorno, si al buscar complicidad o cuando necesita regresar porque algo lo asusta, nota que esas manos no están disponibles o solo lo están a medias, el circuito de seguridad se rompe. El cerebro del niño no logra regularse.

En cambio, cuando los abuelos están desde la pausa, sucede la corregulación emocional. Al no haber prisa, el abuelo puede estar con el niño de manera plena garantizando ese refugio incondicional si la exploración se vuelve difícil. Ese ritmo pausado funciona como un interruptor que apaga la alerta cerebral del niño, permitiendo que su corteza prefrontal (zona encargada de pensar, calmarse y entender las emociones) se desarrolle y funcione mejor.

abuelo con su nieto, sentados en la calle© Getty Images

¿Es lo que podríamos llamar el “efecto abuelo" un refugio emocional para los niños?

El "efecto abuelo" es un refugio emocional para el niño. Además, es bastante potente y singular. Cuando el entorno familiar se vuelve tenso por las exigencias del día a día, la figura de los abuelos tiene una influencia positiva para el sistema, ofrece un espacio donde las reglas de la prisa se pausan. Los abuelos tienen disponibilidad absoluta para estar con el niño, mientras que los padres, por su rol de cuidadores principales, a menudo tienen que alternar el afecto con la firmeza de las normas.

Los abuelos pueden ofrecer unas "manos" casi exclusivamente centradas en el disfrute, la aceptación incondicional y el juego. Para el cerebro de un niño, este "efecto" funciona como un refugio seguro, donde no será juzgado por sus emociones y donde se satisface su necesidad de conexión.

¿Qué ocurre cuando los abuelos sobreprotegen o contradicen la autoridad de los padres? ¿Cómo procesa el niño esa incongruencia? ¿Le genera confusión o aprende a compartimentar mundos?

Cuando los abuelos contradicen las normas de los padres o caen en la sobreprotección, el sistema familiar entra en conflicto, y esto es percibido por el niño. El cerebro infantil necesita estabilidad para construir la seguridad emocional. El hecho de saber lo que viene después y lo que se espera de él, les permite estructurar su mente con tranquilidad. Este choque de normas desdibuja los roles y debilita la autoridad paternal, lo que desestabiliza las "Manos del Círculo" principales.

El niño enfrenta esta contradicción por medio de dos procesos, por un lado, experimenta confusión inicial que activa su sistema de apego ya que la falta de sintonía entre los adultos genera incertidumbre e inseguridad. Por otro lado, gracias a la plasticidad cognitiva, el niño aprende a compartimentar mundos. De esta manera, va desarrollando su flexibilidad adaptativa contextual, lo que significa que comprende que las reglas varían de acuerdo con el cuidador.

Cuando el entorno familiar se vuelve tenso por las exigencias del día a día, la figura de los abuelos tiene una influencia positiva para el sistema, ofrece un espacio donde las reglas de la prisa se pausan

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¿Qué consejo le daría a unos padres que sienten celos o frustración al ver que sus hijos se abren más con los abuelos que con ellos mismos?

Es completamente natural que a veces se sientan celos o frustración al ver que sus hijos se abren más o están más relajados con los abuelos que con ellos mismos. El primer consejo y el más importante sería validar esa emoción sin juzgarse. Sentir celos no los hace malos padres, sino humanos. Aun así, los animaría a mirar qué hay detrás de ese malestar, lo que llamamos la "Música de Tiburón" (esos miedos o inseguridades del pasado que se reactivan en el presente y nos llevan a interpretar la realidad de forma errónea) en este caso, llegando a creer que el hijo prefiere a otro o que no somos lo suficientemente buenos.

Cambiar la mirada ayuda mucho a rebajar esa frustración. Que un niño se abra con sus abuelos no implica que el vínculo con sus padres esté fallando, por el contrario, es una muestra de que los padres han construido una base tan sólida que el niño tiene la seguridad de ampliar su mundo y confiar en otros adultos. En lugar de competir con ese espacio, se debe celebrar y apoyarse en él. Esas confidencias con los abuelos no disminuyen el amor hacia los padres, lo incrementan. Ver a los abuelos como aliados y no como rivales permite a los padres soltar la culpa, entender que sus "Manos del Círculo" siguen siendo las principales y descansar en la tranquilidad de saber que su hijo está rodeado de una red de amor que lo protege.

¿Qué límites deben existir para que esta relación sea sana y no genere tensiones familiares?

En primer lugar, es fundamental respetar la nueva jerarquía del sistema, aceptando que el subsistema parental (los padres) es el principal responsable de la toma de decisiones y de la crianza que afectan al niño. Para que los padres se sientan verdaderamente seguros y competentes en su rol, necesitan que los abuelos validen su criterio, aun cuando tengan una forma distinta de ver las cosas. El nuevo papá o la nueva mamá necesitan sentir que sus propios padres pueden acompañarlos en sus dudas y temores, brindándoles apoyo sin juzgarlos ni corregirlos a la primera de cambio. Esos miedos inconscientes a no estar a la altura o a verse invadidos suelen ser los detonantes los conflictos familiares.

Bajo esta mirada, el rol ideal de los abuelos cambia de manera significativa. En vez de dirigir la crianza, descubren que pueden convertirse en la base y el refugio de sus hijos, ofreciendo un acompañamiento emocional y un apoyo práctico que reduzca la carga y el estrés del hogar. Al sostener a los hijos cuando estos se desbordan, los abuelos contribuyen a crear un entorno seguro y predecible, transmitiendo la tranquilidad de quienes ya han pasado por esa experiencia antes. Esto solo se consigue mediante un apoyo coordinado, en el que establecer límites amables y firmes posibilita a los padres la formación de su propia identidad parental. Cuando los abuelos comprenden que dar un paso atrás en las decisiones no significa ser inútiles, se sitúan con generosidad y amabilidad en el rol de "co-cuidadores secundarios", aliviando el estrés de toda la familia mientras respetan, por encima de todo, el liderazgo de los padres.

Abuelo y nieto© Getty Images

Con el aumento de la esperanza de vida, los abuelos pasan más años con sus nietos. ¿Cómo evoluciona este "efecto abuelo" cuando el niño se convierte en adolescente? ¿Sigue siendo ese espacio seguro?

Cuando se alcanza la adolescencia, el "efecto abuelo" experimenta una transformación esencial, deja de ser el espacio de juego de la infancia para convertirse en un regulador emocional y en un testigo de la construcción de identidad. En esta etapa, el adolescente necesita distanciarse de la 'Base Segura' que representan los padres para explorar su propia autonomía.

Esto es un proceso de diferenciación necesario que a menudo provoca conflictos, tensiones y un cuestionamiento de las normas en el hogar. Es en ese contexto de cambio donde los abuelos se consolidan como un refugio seguro, ya que no están involucrados directamente en la exigencia educativa ni tienen que cargar con el peso de los límites diarios. Sus "Manos" brindan una aceptación que el adolescente siente como un espacio sin juicios ni expectativas. Este espacio continúa siendo profundamente seguro porque permite al adolescente tener un lugar de calma y desconexión.

¿Qué características tiene la escucha de los abuelos que la convierten en un refugio emocional para los niños?

La escucha de los abuelos se convierte en un refugio emocional porque ofrece al niño un espacio de calma, libre de las prisas y alejado de las exigencias diarias de la crianza. Al haber experimentado la paternidad, los abuelos suelen sostener las emociones del niño con una templanza y una aceptación incondicional que permiten sentirse totalmente seguro para volver, tranquilizarse y ordenar lo que siente cuando está desregulado. Esta presencia tranquila y afectuosa no solo regula el sistema nervioso del niño cuando se siente mal, sino que también equilibra las dinámicas familiares. Los abuelos, al ofrecer una visión más amplia y con más experiencia, logran reducir las tensiones del entorno, consolidar el sentido de pertenencia y transmitir una confianza básica que expande de forma muy saludable la red de protección y afecto del niño."

¿Qué huella deja esta relación en la vida adulta?

El vínculo con los abuelos deja una marca profunda que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, convirtiéndose en un recurso interno de seguridad a la hora de relacionarse con los demás. Haber tenido ese respaldo afectivo en la infancia contribuye a que el adulto sea más flexible ante las dificultades, ya que aprendió desde pequeño que el mundo es un lugar seguro para descubrir y que siempre hay un refugio al que volver. Además, esta experiencia influye en cómo nos posicionamos dentro de cualquier grupo o familia en el futuro. Nos brinda un fuerte sentimiento de identidad, la satisfacción de pertenecer y una capacidad para cuidar de otros de la misma forma que un día recibimos.

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¿Qué pueden hacer los padres para favorecer una relación sana y nutritiva entre abuelos y nietos?

Para favorecer este ambiente, lo principal que pueden hacer los padres es validar y respetar el rol de los abuelos, comprendiendo que su tarea no es la de educar con la misma rigidez, sino ofrecer un afecto más flexible y pausado. Es esencial que los adultos tengan una comunicación abierta y clara sobre los límites que dan seguridad al niño, pero a la vez permitiendo un margen de libertad para que los abuelos creen sus propias dinámicas y complicidades con sus nietos. También se tendría que evitar trasladar los conflictos de adultos a los hijos y hablar positivamente de los abuelos en casa. Porque de esta manera los padres abren una puerta de confianza mutua. Así, el niño percibe que su familia es un equipo unido y seguro, lo que le permite disfrutar plenamente de este vínculo.