Cómo se siente un niño cuando su abuelo ya no lo reconoce, según la psicóloga Silvia Morales: "Puede pensar que ya no lo quiere"

Cómo se siente un niño cuando su abuelo ya no lo reconoce, según la psicóloga Silvia Morales: "Puede pensar que ya no lo quiere"

Cuando un niño pequeño se da cuenta de que su abuelo o su abuela, al que está tan unido, ya no siempre le reconoce, duele. Pero al dolor, propio también de los adultos en esta situación, se le suman otras emociones, como el miedo. Por eso es necesario explicarles lo que ocurre, hablarles del Alzheimer o de la demencia, para que entiendan que el abuelo les sigue queriendo, pero que no es él o ella el que actúa, sino su cerebro. Y es importante porque, como nos dice Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca, muchos niños llegan a creer que su abuelo o su abuela ha dejado de quererlos.

La cuestión es ¿cómo darles esta información?, ¿cómo hacerles entender lo que ocurre cuando tiene un vínculo muy estrecho con el abuelo? Silvia Morales da pautas muy concretas al respecto y pone de manifiesto cuáles son las reacciones más habituales entre los más pequeños ante la enfermedad del ser querido.

Decirle a un niño que su abuelo tiene Alzheimer requiere un enfoque honesto, sencillo y adaptado a su edad.

Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca

¿Cómo interpretan los niños que su abuelo o su abuela ya no siempre los reconozca, especialmente las primeras veces? ¿Qué suelen creer o entender?

Los niños viven el Alzheimer de sus abuelos con una mezcla de sorpresa, confusión y, a menudo, miedo, percibiendo cambios en el comportamiento, como agresividad o apatía. Aunque sufren la pérdida de la relación habitual, pueden desarrollar una gran empatía al ayudar activamente, viviendo la situación con naturalidad si se les explica con honestidad y cariño. Los niños pueden vivirlo de la siguiente manera:

· Impacto emocional y confusión: los niños notan los olvidos y cambios de humor, lo que puede generar preocupación, miedo o decepción al no ser reconocidos.

· Reacción ante la enfermedad: pueden mostrarse sorprendidos o asustados al principio, especialmente si el abuelo muestra agresividad o desorientación. Este sentimiento de rechazo es temporal. Si el abuelo olvida sus nombres o actúa de forma distante, el niño puede pensar que ya no lo quiere.

· Adaptación y cariño: a pesar de la enfermedad, los niños suelen mantener una conexión emocional fuerte, disfrutando de momentos de afecto y mostrando cariño genuino.

·Participación en el cuidado: involucrar a los niños (adaptado a su edad) les ayuda a entender la situación, convirtiéndose en parte de la solución al jugar, recordar o ayudar a los abuelos.

· Aceptación natural: una vez que comprenden que el abuelo está "enfermo del olvido", suelen integrarlo en su rutina con menos prejuicios que los adultos, manteniendo el vínculo a través de gestos sencillos.

¿Cómo les suele afectar si el vínculo entre ambos es muy fuerte?

Para los niños, el Alzheimer en sus abuelos suele vivirse como un proceso de confusión inicial seguido de un aprendizaje afectivo profundo, como ya comentamos anteriormente. Aunque la enfermedad altera la dinámica familiar, los niños tienen una capacidad natural para adaptarse y convertirse en un soporte emocional vital para el abuelo.

Cuando el vínculo es muy estrecho, el impacto emocional es más profundo, pero también ofrece una oportunidad única de aprendizaje humano. Para el niño, ver el deterioro de su abuelo es un duelo en vida, aunque suelen gestionarlo con una resiliencia asombrosa si se les guía bien.

Así les afecta específicamente cuando hay un lazo fuerte:

1. Duelo anticipado. El niño empieza a perder a su compañero de juegos mucho antes de que el abuelo fallezca. Puede sentir una tristeza intermitente: a ratos juega feliz y, de repente, se siente muy triste al recordar que el abuelo ya no puede hacer "su truco de magia" o contarle aquel cuento.

2. Mayor riesgo de frustración y culpa. Al haber tanta confianza, el niño puede ser el que más intente "corregir" al abuelo ("¡Pero abuelo, si te lo acabo de decir!"). Si el abuelo reacciona con confusión o mal humor, el niño siente un rechazo doloroso y puede llegar a pensar que el abuelo ya no le quiere o que él ha hecho algo malo para romper esa conexión.

3. El rol de "puente emocional". Curiosamente, los niños con vínculos fuertes suelen ser los mejores estimuladores para el paciente. El abuelo, aunque no recuerde el nombre del niño, suele reaccionar positivamente a su voz o su olor por pura memoria afectiva. El niño nota esto y se siente orgulloso de ser quien logra sacarle una sonrisa, lo que refuerza su autoestima.

4. Madurez precoz y empatía. Estos niños suelen desarrollar una capacidad de cuidado y paciencia superior a la de sus iguales. Aprenden que el amor no depende de la memoria ni de la lógica, sino de la presencia. Es una lección de vida durísima, pero muy humanizadora.

5. El "Efecto Espejo" o modelado. El niño observará cómo tratas tú al abuelo. Si ve que tú mantienes el cariño a pesar del deterioro, él copiará esa actitud. Si te ve desesperado o distante, él sentirá que debe alejarse también para protegerse o para no molestarte.

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¿Cómo gestionarlo la primera vez que ocurre y que, quizás, pille también por sorpresa a los padres?

Es fundamental que el menor comprenda que los cambios que nota en su abuelo son producto de una enfermedad cerebral y no algo personal contra él. Decirle a un niño que su abuelo tiene Alzheimer requiere un enfoque honesto, sencillo y adaptado a su edad. A modo de guía sencilla, podemos hacer lo siguiente:

· Elegir el momento y lenguaje adecuados siendo directo, usando la palabra "Alzheimer" y explicando que es una enfermedad en el cerebro que dificulta recordar cosas, hablar o pensar con claridad.

· Explicar, de forma sencilla, que el abuelo puede olvidar nombres, repetir preguntas o perder objetos porque su memoria está fallando.

· Enfatizar la falta de culpa recalcando que el abuelo no elige actuar así y que la enfermedad es la responsable de sus enfados o confusiones.

Nieta abraza a su abuela© Getty Images

¿Qué decirle a un niño cuyo abuelo o abuela no siempre le reconoce? 

Es importante aclararles que es la enfermedad la que actúa y no el abuelo. Podemos hacer lo siguiente según la situación:

· Si el niño nota olvidos, podemos explicarle que "El cerebro del abuelo está un poquito enfermo y por eso a veces olvida que ya nos preguntó lo mismo o dónde dejó sus llaves”.

· Si el abuelo no lo reconoce: "Aunque el abuelo a veces no recuerde nuestro nombre, su corazón todavía siente nuestro cariño y nosotros no le olvidaremos a él”.

· Ante conductas extrañas: "A veces el abuelo se siente confundido y se pone triste o enojado, pero es por la enfermedad, no porque esté enfadado contigo". 

Los niños viven el Alzheimer de sus abuelos con una mezcla de sorpresa, confusión y, a menudo, miedo.

Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca

¿Qué errores comunes cometen los adultos al intentar explicarlo?

A veces, con la intención de proteger a los niños, los adultos cometemos errores que generan más confusión o miedo. Estos son los fallos más comunes al explicar el Alzheimer:

· Usar metáforas confusas: decir que el abuelo "se está haciendo niño" o que "está perdiendo la cabeza". Esto puede asustar al niño o hacer que trate al abuelo sin el respeto que merece.

· Ocultar la verdad: evitar decir el nombre de la enfermedad o inventar excusas para los comportamientos extraños. Los niños son expertos en notar que algo va mal; si no tienen una explicación clara, su imaginación suele crear escenarios mucho más aterradores.

· Forzar la interacción: obligar al niño a besar o abrazar al abuelo si este se comporta de forma errática o si el niño tiene miedo. Es mejor permitir que el acercamiento sea gradual y natural.

·No validar sus emociones: decir frases como "no estés triste" o "no pasa nada". Para el niño sí pasa algo: su abuelo está cambiando. Hay que dejar que exprese su frustración o tristeza sin juzgarlo.

·Dar tecnicismos: el niño necesita entender cómo le afecta a él y al abuelo en el día a día, no una lección médica compleja.

· Tomar los olvidos como algo personal frente al niño: si el adulto se enfada porque el abuelo olvidó el nombre del nieto, el niño aprenderá que eso es una ofensa. El adulto debe modelar la paciencia: "El abuelo olvidó tu nombre, pero sabe que eres alguien a quien quiere mucho".

· Ignorar sus preguntas: pensar que es "demasiado pequeño para entender". Si el niño pregunta, es porque ya se dio cuenta de algo y necesita una respuesta para sentirse seguro.

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¿Es recomendable, una vez que ya se sabe del deterioro, anticipar a los niños? ¿Cómo hacerlo de manera adecuada?

Sí, es importante explicarles a los niños la enfermedad y su desarrollo porque saben a lo que atenerse y no les pilla ‘por sorpresa’. Se puede ayudar a los niños explicándoles la enfermedad usando un lenguaje sencillo según su edad, explicando que es una enfermedad del cerebro que afecta a la memoria, sin ocultar información para evitar conclusiones erróneas. Ayuda a una mayor comprensión de la enfermedad y a una evitación de la desconexión emocional el reforzar el afecto asegurándoles que el abuelo les sigue queriendo, aunque a veces no pueda demostrarlo o se comporte de manera diferente. Importante, crear rutinas juntos fomentando actividades seguras y tranquilas, como ver fotos, escuchar música, dibujar o dar paseos y, por supuesto, validar y/p acompañar sus emociones, es decir, permitirles expresar su tristeza, frustración o rabia respondiendo a sus preguntas abiertamente.

Es necesario fomentar la participación y empatía de los niños escuchando sus miedos y animándole a compartir lo que siente. Compartir tus propios temores con él puede fortalecer la unión familiar. Buscar nuevas formas de conectar, es decir, en lugar de hacerle preguntas directas al abuelo (que pueden frustrarlo), sugerirle al niño realizar actividades sensoriales como escuchar música, ver fotos antiguas o simplemente darle la mano.

Es importante mantener la seguridad y el afecto asegurándole al niño que, aunque el abuelo cambie, él siempre estará cuidado y seguro. El niño tiene que saber que puede seguir siendo una fuente de alegría para su abuelo a través de gestos sencillos como un beso o una sonrisa.

Nieto y abuelo© Getty Images/Maskot

Si el deterioro cognitivo está muy avanzado o si los padres saben o ven que va a avanzar muy rápido, ¿es aconsejable espaciar las visitas de los niños? ¿Cuándo conviene espaciar las visitas?

Esta es una de las decisiones más difíciles para los padres porque toca equilibrar el bienestar emocional del niño con el derecho del abuelo a recibir afecto. La clave no es espaciar las visitas, sino adaptar su calidad y duración.

1. Evalúa el impacto en el niño: si el niño sale de las visitas con mucha ansiedad, pesadillas o miedo real, no solo la tristeza natural, es una señal de que el ritmo le supera. En este caso, espaciar las visitas o hacerlas más cortas ayuda a que el impacto sea menor.

2. El factor de la agresividad o agitación: si el deterioro avanzado incluye alucinaciones, gritos o agresividad física, sí es aconsejable proteger al niño. En etapas de mucha agitación, es mejor que el niño no esté presente para evitar que guarde un recuerdo traumático que sustituya a los buenos recuerdos del pasado.

3. "Estar" sin "interactuar": a veces el error es esperar que el niño y el abuelo conversen. Si el abuelo ya no habla o no reconoce, la visita puede ser simplemente estar en la misma habitación haciendo cosas distintas: el niño pintando o leyendo mientras el abuelo descansa. Esto mantiene el vínculo sin la presión de una interacción que ya no es posible.

Si decidimos que las visitas sigan siendo frecuentes, lo más importante es la información previa de la situación: "Hoy el abuelo puede que no hable o que nos mire raro, pero recuerda que su cuerpo está ahí y le gusta sentir que estamos cerca”. Si el cambio es muy rápido, avísale: "El abuelo ha perdido mucho peso o ya no se levanta, no te asustes, es parte de su enfermedad”.

Conviene espaciar las visitas cuando se den alguna de estas situaciones:

· Si el adulto que cuida está tan estresado o desbordado que no puede atender las dudas del niño durante la visita.

· Si el entorno (hospital, residencia) es muy hostil o deprimente para la edad del menor.

· Si el niño expresa claramente que no quiere ir. Forzarle puede generar un rechazo permanente hacia la figura del abuelo.

· Si un día el abuelo está muy mal, es mejor que el niño no entre. Si está tranquilo, aunque no reconozca a nadie, un ratito corto de compañía es beneficioso para ambos.

¿Qué actividades pueden seguir compartiendo, aunque el abuelo no recuerde? ¿Cómo fomentar un vínculo basado en el presente más que en la memoria?

Como citamos anteriormente, creando rutinas juntos fomentando actividades seguras y tranquilas, como ver fotos, escuchar música, dibujar o dar paseos. Los niños no solo son receptores de cuidado; también aportan significativamente al bienestar del abuelo. La presencia de los nietos suele calmar a los pacientes y motivarlos a participar en actividades sociales y juegos, mejorando su calidad de vida. Incluso en etapas avanzadas donde el habla se pierde, el niño puede conectar mediante la música, los besos, los abrazos y el contacto físico. En muchos casos, los nietos asumen el rol de recordarles historias o ayudarles en tareas cotidianas, fortaleciendo un vínculo de ternura y complicidad.

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¿Cómo saber que un niño necesita de un apoyo emocional más intenso o incluso profesional ante la situación vivida con su abuelo?

Es normal que un niño sienta tristeza, rabia o frustración, pero existen señales de alerta que indican que el proceso está superando sus recursos emocionales. La clave es observar si hay un cambio persistente en su conducta que dura más de 2 ó3 semanas.

Los indicadores principales que podría denotar que el menor necesitaría apoyo profesional son los siguientes:

· Regresiones: el niño vuelve a conductas de etapas anteriores, como hacerse pis en la cama (enuresis), hablar como un bebé o mostrar un apego excesivo (no querer separarse de los padres).

· Alteraciones del sueño o apetito: pesadillas recurrentes relacionadas con la enfermedad o la muerte, insomnio o pérdida de ganas de comer.

· Bajo rendimiento escolar: problemas de concentración o falta de interés en actividades que antes le encantaban.

· Irritabilidad o agresividad: estallidos de ira sin motivo aparente o agresividad hacia sus iguales o adultos.

· Apatía profunda: se muestra "desconectado", no expresa alegría ni tristeza, o evita hablar por completo del abuelo.

· Culpa persistente: cree que el abuelo está enfermo porque él se portó mal o porque hizo algo que le molestó.

· Dolores de barriga o de cabeza frecuentes que no tienen una causa médica clara, especialmente antes de ir a visitar al abuelo o cuando se habla del tema.

· Un miedo irracional a que los padres o él mismo desarrollen la enfermedad. Si el niño empieza a preguntar obsesivamente "si tú también te vas a olvidar de mí", la ansiedad está siendo muy alta.

Por otro lado, a veces el error es creer que "lo lleva muy bien" porque se comporta de forma extremadamente madura, intentando cuidar a sus padres o al abuelo y anulando sus propias necesidades de juego y distracción. Este exceso de responsabilidad también requiere atención ya que es el rol del niño cuidador o demasiado maduro.