Starmer 'rescata' al ex primer ministro Gordon Brown como enviado para finanzas globales tras la derrota histórica del laborismo en las urnas
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Gordon Brown vuelve. El que fuera ministro de Finanzas del Reino Unido desde 1997 hasta 2006, y primer ministro desde 2007 hasta 2010, ha sido nombrado enviado especial para finanzas globales por el primer ministro, Keir Starmer, que acaba de sufrir una tremenda derrota electoral en las elecciones locales celebradas el jueves.
El movimiento ha sido interpretado como un esfuerzo de Starmer por recuperar la iniciativa política tras los comicios, que han sido un triunfo sin parangón del ultranacionalista y eurófobo Reform UK, un partido cofundado y dirigido por Nigel Farage, un acérrimo enemigo de la UE. Brown fue el último primer ministro laborista antes de Starmer, y muchos asocian su imagen a la prosperidad de los años de Tony Blair, de quien fue el máximo responsable de política económica y con quien tuvo una relación de trabajo marcada por la rivalidad.
Brown, de 75 años, es un tecnócrata de centroizquierda, defensor de la integración europea y de la globalización, y un claro partidario del rigor fiscal y de la prudencia en la gestión pública - él dio al Banco de Inglaterra independencia del Gobierno -, todo lo cual le pone directamente en el punto de mira de los populistas de Nigel Farage y, también, de la izquierda laborista y de los verdes. Sin embargo, su puesto es ambiguo, y no es posible saber en qué va a consistir, máxime en un momento en el que las instituciones multilaterales en las que Brown se movía como pez en el agua están en riesgo de colapso por la presión combinada de Estados Unidos y China.
Pero recurrir a viejas glorias también puede ser una señal de debilidad. El reclutamiento de Brown trae a la memoria el del ex primer ministro conservador, David Cameron, que fue rescatado de las tinieblas exteriores de la política por uno de sus sucesores, Rishi Sunak, para ser ministro de Exteriores en 2023. La llegada de Cameron -un europeísta cuyo mandato concluyó abruptamente con la victoria del sí en el referéndum del Brexit de 2016- no evitó que los conservadores sufrieran una catastrófica derrota en 2024 que puso a Starmer en Downing Street.
Con el nombramiento, Starmer parece querer indicar que mantiene su capacidad de maniobra política. Aunque el primer ministro ha salido muy debilitado de las elecciones, ninguna figura relevante del laborismo ha pedido su dimisión todavía, acaso porque el rechazo de los electores al partido ha sido generalizado, y ha afectado tanto al primer ministro como a sus rivales.
