Los independentistas escoceses usan el auge de Farage para tratar de resucitar el independentismo
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El primer ministro de Escocia, John Swinney, ha decidido utilizar el auge imparable del populista Nigel Frage y de su partido Reform UK para lanzar un llamamiento en favor de la independencia del territorio antes de 2029, que es cuando deben celebrarse las próximas elecciones generales británicas.
"Nigel Farage está galopando ahora hacia Downing Street [la residencia del primer ministro británico], y la posibilidad de un Gobierno liderado por Reform es más probable que lo contrario", ha declarado Swinney en su primer discurso tras las elecciones municipales en Inglaterra y regionales en Gales y Escocia del jueves, en las que Reform UK consolidó su posición como partido más votado del Reino Unido, y dio un paso decisivo en la dirección de la toma del poder en Londres, posiblemente con el Partido Conservador como socio minoritario.
El movimiento de Swinney parece un intento de reforzar su liderazgo político por miedo de la estrategia de la crispación contra Farage. Porque éstas han sido unas elecciones en las que los independentistas han quedado por debajo de sus expectativas. No solo no han logrado cumplir su sueño de alcanzar la mayoría absoluta en el Legislativo escocés, sino que han perdido dos escaños y nada menos que un 25% del voto. Swinney seguirá gobernando gracias al apoyo del Partido Verde, que ha aumentado su apoyo en un 50% y logra prácticamente duplicar sus escaños. Los verdes apoyan la independencia escocesa.
El programa de Reform UK está, más o menos en las antípodas del que tiene el Partido Nacional Escocés (SNP) al que pertenece Swinney, lo que incluye el rechazo a la convocatoria de un referéndum en favor de la independencia escocesa como el que se celebró en 2014, con el conservador David Cameron de primer ministro. Así que el primer ministro de Escocia ha dicho que "es vital que nos unamos en Escocia para tener un Parlamento que esté totalmente 'a prueba de Farage'". El SNP es un destacado defensor de la entrada en la Unión Europea, algo que es un absoluto anatema para Farage y que parece que es el elefante en la habitación de la política británica: un monstruo que no puede ignorarse pero del que nadie quiere hablar. Nadie salvo los nacionalistas escoceses. Porque, como dijo Swinney, "el futuro alternativo de Escocia es el de un país independiente, con la gran seguridad y prosperidad que ofrece la Unión Europea, y con nuestra vasta riqueza energética trabajando para la gente de Escocia".
Claro que la idea de un referéndum sobre la autodeterminación es algo que también rechaza el actual primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien ha declarado que la consulta popular "no va a ocurrir" mientras él sea jefe del Ejecutivo. En otras palabras: la demanda del primer ministro escocés va contra los deseos del actual primer ministro y de la persona que tiene más posibilidades de reemplazarle en el cargo.
Swinney recalcó en su discurso sus diferencias con Farage de la forma más exagerada posible. Dijo que Reform UK "quiere privatizar el sistema nacional de sanidad", lo que no es cierto, aunque sí es verdad que ese partido desea introducir más sanidad privada en el sistema. También dijo que el líder populista "se opone al Parlamento escocés", pese a que, a medida que se ha ido acercando al poder, Farage ha ido discretamente abandonando esa posición y ahora ya dice que "la devolución [de poderse a Escocia] ha venido para quedarse".
