Estarás de acuerdo en que el estilo vintage tiene algo que engancha, especialmente cuando se mezcla con interiores actuales. De esa combinación salen casas con alma, con personalidad, con ese punto vivido que las aleja por completo de los espacios demasiado perfectos o de catálogo.
Y en medio de esta fiebre, hay dos palabras que se usan sin parar –y muchas veces mal–: vintage y retro. Porque no, no son lo mismo, aunque a simple vista puedan parecerlo. Lo vintage es auténtico, tiene recorrido, ha vivido otras épocas y llega hasta hoy con ese encanto que solo da el paso del tiempo. Hablamos de piezas originales, con diseño propio de su momento y, casi siempre, con una calidad que ya no es tan fácil de encontrar. Lo retro, en cambio, es una reinterpretación. Es nuevo, recién fabricado, pero inspirado en estilos del pasado. Tiene ese aire nostálgico, sí, pero no tiene historia detrás. Ninguno es mejor que otro, pero juegan en ligas distintas.
Aquí te contamos cómo sumarte a la moda vintage sin que tu casa parezca de otra época. ¡Apunta!
No es la única fórmula, pero sí la más segura, sobre todo si no eres experta en esto de mezclar épocas . Apostar por un fondo neutro y luminoso es, casi siempre, un acierto: te permite introducir piezas vintage sin miedo y conseguir que destaquen sin desentonar.
En un espacio con paredes claras, textiles suaves y muebles contemporáneos, una cómoda de los años 60 o una mesa de madera como la de este comedor, decorado con piezas de la colección Heritage de Luzio, se convertirán automáticamente en el centro de todas las miradas.
Ahora bien, si te apetece dar un paso más, un mueble vintage también puede encajar, y de hecho destacar muchísimo, sobre paredes con color. La clave está en elegir tonos con cierta profundidad, como verdes apagados, azules intensos o la gama de los tierras. Tonos que creen contraste y logren que la pieza gane presencia, que se vea más actual.
Si además conectas ese color con algún detalle del espacio (un cojín, una alfombra, una lámina…) el resultado es redondo. Y para muestra este recibidor, con una consola de Luzio apoyada en una pared casi negra, tono que se repite en la fotografía que decora todo el frente.
No hace falta llenar la casa de muebles vintage. De hecho, es mejor no hacerlo. Un aparador con un diseño potente, una vitrina con personalidad, un sillón con líneas icónicas o el mueble secreter en el que estudiaban tus abuelos son suficientes para darle alma a una estancia. Cuanto más especial sea esa pieza, menos necesitarás añadir alrededor. Así lo hizo la interiorista Aurora Monasterio en este proyecto, una vivienda familiar en el madrileño barrio de Chamberí.
Aquí es donde muchas casas fallan. Cuando descubres el encanto vintage, es fácil entusiasmarse y empezar a acumular. Pero claro, lo que al principio parecía acogedor puede acabar resultando pesado. La clave está en dejar espacio para que las piezas respiren y añadir elementos ligeros. Mira lo ideal que se ve este rincón, con un silloncito tapizado en amarilloen medio de un salón con telas y papeles de Designers Guild.
Pequeños fallos pueden arruinar el resultado sin que te des cuenta. Por ejemplo, comprar sin pensar dónde irá el mueble, no tener en cuenta las medidas o intentar que todo encaje caiga quien caiga son algunos de los más habituales. En cambio, en este dormitorio, decorado con diseños de Casa by JJ, la cómoda queda de maravilla entre las dos camas. También pasa mucho querer restaurarlo todo, como si cualquier pieza mereciera una segunda oportunidad (de eso hablamos unas líneas más abajo).
Parte de la gracia del estilo vintage está en la búsqueda. No es como ir a una tienda y comprar lo primero que ves. Aquí hay un punto de descubrimiento que lo hace especial.
Puedes encontrar piezas increíbles en mercadillos, tiendas especializadas o incluso en casas familiares. Lo importante es aprender a mirar: fijarte en los materiales, en los acabados, en la estructura… Si una pieza ha resistido el paso del tiempo y sigue siendo bonita, probablemente tenga mucho que ofrecer.
Si no sabes por dónde empezar, te aconsejamos que te des una vuelta por Las Nuevas Galerías del Rastro, en el madrileño barrio de La Latina, que reúne a más de 30 comerciantes de artículos únicos. También Rue Vintage 74, en el barrio de Prosperidad, cuenta con auténticas joyas (solo tienes que ver este comedor, compuesto por una mesa y seis sillas, diseño de Warren Platner para Knoll International, de los años 60, que hemos fichado en su web) y clásicos como La Europea, una exquisita tienda donde encontrarás antigüedades de estilo nórdico y provenzal.
Plataformas como Pamono, con piezas de diseño seleccionadas, o tiendas on line como Retrotimes hacen mucho más fácil encontrar ese mueble especial sin moverte de casa. Al final, se trata de disfrutar el proceso. Porque en esto, casi tan importante como el mueble es la historia de cómo lo encontraste.
Restaurar un mueble vintage no significa dejarlo como recién salido de fábrica. De hecho, muchas veces lo interesante es mantener ese aire vivido y darle un giro actual. Un cambio de tiradores, un lacado en un tono neutro o un lijado suave que respete la pátina pueden hacer maravillas. Incluso piezas más delicadas, como una cama infantil de mimbre, pueden actualizarse con un colchón a medida, textiles actuales o un dosel. Lo vemos en esta habitación infantil, con un papel pintado de Annika Red Studio.
Eso sí, antes de meterte en faena, valora si la pieza lo merece. Si la estructura es buena, adelante. Si no, mejor seguir buscando
Prueba a combinar una mesa de otra época con sillas contemporáneas, o colocar una lámpara moderna sobre un mueble antiguo. El secreto está en encontrar algo que los conecte: el color, la proporción, el material o incluso la sensación general del espacio. Este proyecto de Anvana Architects es una inspiración perfecta.
Ten en cuenta que todo lo que rodee a tu mueble vintage influye en cómo se percibe. La iluminación, los textiles, los objetos decorativos… todo suma. Este comedor es otro de nuestros flechazos. Está formado por muebles de los años 70 procedentes de Mercantic, un punto de encuentro único, con más de medio centenar de tiendas de antigüedades, decoración y diseño vintage, enSant Cugat del Vallès (Barcelona).
Un último consejo: una cómoda con historia puede ganar muchísimo si la acompañas con un espejo contemporáneo o una lámpara actual. Porque ese contraste es precisamente lo que hace que el conjunto funcione.