Donald Trump confirma la muerte de Ali Jamenei
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Al término de una jornada que marca un antes y un después en Oriente Próximo, el presidente de EEUU, Donald Trump, confirmó la muerte del líder supremo de Irán, Ali Jamenei. «Una de las personas más malvadas de la Historia», afirmó en sus redes. «Esto no solo es justicia para el pueblo iraní, sino para todos los grandes estadounidenses y las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios. No pudo evadir nuestra Inteligencia ni nuestros sofisticados sistemas de rastreo (en estrecha colaboración con Israel). Ni él ni los demás líderes que murieron junto con él pudieron hacer nada», añadió y señaló que ahora se abre la mayor oportunidad en generaciones «para que el pueblo iraní recupere su país». Horas antes, Israel ya daba por segura la desaparición de uno de sus grandes enemigos y de millones de iraníes en uno de los primeros ataques en la amplia y conjunta operación con EEUU.
Pasadas las ocho de la mañana de ayer, una sirena potente se activó en Israel. No era el aviso de misiles balísticos, proyectiles o drones contra su territorio sino el inicio de una ofensiva israelí-estadounidense a gran escala con un objetivo tan rotundo como las bombas lanzadas en Teherán: acabar con el régimen.
La posibilidad de la muerte de quien ejerce el poder absoluto en Irán desde 1989 en el bombardeo contra su fortificada sede en Teherán marcó unas horas dramáticas en una acción militar aplaudida por opositores iraníes dentro y fuera de su país y condenada por las milicias proiraníes sin sumarse a la represalia de misiles de Irán que mató a una mujer en Tel Aviv. «Se multiplican las señales de que el dictador (Jamenei) ya no está», decía el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mientras fuentes de seguridad también daban por muerto al alma del régimen que promete la destrucción de Israel. Un alto funcionario israelí afirmó que su cuerpo había sido hallado. Irán no lo confirma y horas antes, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi, negaba lo ya innegable. Ya de madrugada, la televisión estatal de Irán confirmó la muerte del líder supremo Alí Jamenei.
Si en la Guerra de los 12 días de junio el arsenal de misiles balísticos y el programa nuclear sufrieron un golpe sin precedentes, ahora lo que está en juego es el propio sistema de la República Islámica, creada por Jomeini hace 47 años. En otro dramático movimiento en el tablero regional agitado desde el 7 -O, cazas y UAV israelíes y estadounidenses bombardearon centenares de objetivos. «Se atacaron simultáneamente tres lugares donde se estaban celebrando reuniones del régimen iraní y se eliminó a varias figuras importantes esenciales para la gestión de la campaña y el gobierno del régimen», afirmó una fuente militar sobre la mayor operación en la historia de su Fuerza Aérea con el uso de unos 200 cazas de combate.
La primera oleada de ataques, la única con el factor sorpresa, apuntó a altos mandos militares y de la Guardia Revolucionaria. Según tres fuentes citadas por Reuters, el ministro de Defensa, Amir Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, murieron. Ali Shamkhani, asesor del guía supremo iraní, y algunos familiares de Jamenei también estarían entre los muertos. Israel confirmó la muerte de todos los cabecillas citados. La segunda oleada fue contra las defensas antiaéreas y las dos posteriores contra todo el arsenal de misiles balísticos empezando por sus lanzaderas. «No se debe permitir que este régimen terrorista asesino se arme con armas nucleares que le permitan amenazar a toda la humanidad», añadió Netanyahu, que agradeció a Trump por «su liderazgo histórico».
«Durante 47 años, el régimen de los ayatolás ha exigido Muerte a Israel y Muerte a Estados Unidos. Ha derramado nuestra sangre, asesinado a muchos estadounidenses y masacrado a su propio pueblo», denunció Netanyahu. «Nuestra acción conjunta creará las condiciones para que el valiente pueblo iraní tome las riendas de su destino. Ha llegado el momento de que todos los sectores del pueblo iraní -los persas, los kurdos, los azeríes, los baluchis y los ahwazis- se liberen del yugo de la tiranía y construyan un Irán libre y pacífico», añadió. Trump incidió en ese mensaje en el vídeo que publicó: «Ahora es el momento de tomar las riendas de su destino y de desatar el futuro próspero y glorioso que está a su alcance. Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar».
A la espera del colapso negociador, el ejército israelí estaba en máxima alerta. Sus cazas esperaban órdenes mientras engrasaba su escudo defensivo y el jefe de Inteligencia, Shlomi Binder, acompañó al jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, en su reciente visita al Pentágono. «Se trata de un proceso de planificación operativa conjunta profundo y exhaustivo. Esto refleja una cooperación sin precedentes entre las Fuerzas de Defensa de Israel y el Ejército de Estados Unidos», afirmó Zamir. EEUU envió cazas de combate F-22 a la base aérea de Uvda (sur), aviones-cisterna al aeropuerto Ben Gurión (centro) y el portaaviones Gerald R. Ford a las costas de Haifa (norte). La cantidad y calidad de los recursos indicaban que la coordinación sería para fines defensivos y ofensivos.
Dos horas después del arranque de lo que Israel llamó Rugido de León y EEUU bautizó como Furia Épica, empezó lo que Irán anunció como Promesa de Verdad 4 en una jornada de ataques que según el balance iraní causó 201 muertos. Las sirenas fueron una constante en el norte, centro y sur del territorio israelí ante misiles balísticos. «En respuesta al ataque del enemigo criminal y hostil contra la República Islámica de Irán, comenzó la primera oleada de misiles hacia los territorios ocupados», anunció la Guardia Revolucionaria, fiel al régimen del desaparecido Jamenei. La inmensa mayoría de los más de 100 misiles fueron interceptados por el escudo defensivo israelí pero uno impactó en el centro de Tel Aviv matando a una mujer e hiriendo a 20 personas.
En la guerra en junio, Israel interceptó el 86% de los misiles balísticos y el 99% de los drones. En esta ocasión, el régimen iraní se enfrenta a una fuerza ofensiva y defensiva superior y,aún sin confirmación por parte de Irán, sin su máximo dirigente en las últimas décadas.