Dra. Marjorie Garcerant, especialista en medicina estética: "El ácido hialurónico no desaparece como si fuera un caramelo"

Dra. Marjorie Garcerant, especialista en medicina estética: "El ácido hialurónico no desaparece como si fuera un caramelo"

Hay algo que casi nadie te explica cuando decides hacerte un retoque: no todos los resultados que no convencen son culpa de "malas manos". A veces el problema no es lo que se hizo, sino lo que no se vio. Rellenos antiguos. Productos parcialmente reabsorbidos. Tejidos alterados por múltiples intervenciones. Inflamaciones silenciosas. Capas de historia estética acumulada que siguen ahí aunque el espejo no las delate con claridad.

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En charla con la Dra. Marjorie Garcerant, especialista en Ciencias Radiológicas, Medicina Nuclear y Medicina Estética y directora médica de BexClinic Madrid, la idea se repite con contundencia: "Muchos casos complicados que me llegan no proceden de malas manos, sino de decisiones tomadas con información incompleta". Y ahí está el punto clave: información incompleta.

chica espejo retoques estéticos© Getty Images

Cómo corregir (bien) los errores en medicina estética

Cuando un resultado no gusta o aparece una irregularidad, la solución clásica ha sido muchas veces la misma: hialuronidasa y empezar de cero. Pero ¿qué pasa si no sabemos exactamente qué estamos disolviendo?

"La hialuronidasa no es inocua. Destruye el ácido hialurónico, pero no deja un tejido sano como si hubiéramos borrado solamente lo malo", explica la Dra. Garcerant. Aplicarla a ciegas puede generar vacíos tisulares, alterar la estructura natural y complicar aún más el punto de partida.

Aquí es donde cambia la conversación. Porque antes de volver a pinchar, lo importante es saber qué hay realmente debajo. La ecografía permite identificar qué producto hay, en qué plano está, si es reciente o antiguo, si está parcialmente reabsorbido o si convive con otro material distinto.

"El ácido hialurónico no desaparece como si fuera un caramelo", explica la Dra. Garcerant. Se reabsorbe dejando huella. Y esa huella condiciona cualquier tratamiento posterior. Durante años hemos asumido que, pasado el tiempo, el tejido volvía a su estado original. La ecografía demuestra que no siempre es así. Lo que hubo, importa. Y mucho. "Somos capaces incluso de reconocer marcas por su comportamiento ecográfico", añade.

El enfoque deja de ser reactivo y pasa a ser estratégico. No se trata de inflar más donde ya hay residuo. No se trata de repetir lo que no funcionó. Se trata de elegir qué poner, cuánto poner y dónde hacerlo… o decidir no poner nada.

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La historia biológica de tu rostro también cuenta

Ya no hablamos de retoques aislados, sino de la historia biológica del rostro. Cada infiltración, cada láser, cada bioestimulador deja una huella. Algunas son armónicas. Otras alteran la fisiología del tejido sin que el paciente lo sepa. La ecografía permite diferenciar una huella estética saludable de una huella alterada y decidir cómo devolver la fisiología al tejido. 

"Decidir no tratar también es una decisión médica", insiste la doctora. Y en un sector donde muchas veces la presión es añadir, esa frase redefine el lujo real: criterio. Porque a veces la mejor decisión no es poner más, sino esperar, reparar o redirigir el tratamiento.

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La medicina estética que mira antes de tocar

No todos los problemas son evidentes. Hay pacientes que no recuerdan qué se inyectaron hace años. Otros presentan flacidez que en realidad es acumulación de líquido entre epidermis y dermis. Hay casos en los que un relleno permanente convive con tejido sano suficiente como para trabajar de forma segura, siempre que se sepa exactamente hasta dónde llega.

"La ecografía nos permite ver cuánto tejido sano tenemos por encima de un material permanente y elegir la tecnología adecuada sin comprometerlo", explica la doctora. Esto significa que pacientes que antes eran considerados "intocables" hoy pueden tratarse con seguridad. Y que tú puedes evitar que una corrección mal planteada empeore lo que ya estaba hecho.

También cambia la forma de medir resultados. "Vamos a poder valorar en escala de grises cuánta cantidad de colágeno hemos creado con cada tratamiento y en qué capa lo estamos haciendo", afirma. La elastografía permite analizar la rigidez del tejido y comprobar si realmente estamos regenerando o solo inflamando. Porque no es lo mismo estimular que inflamar. Y no es lo mismo ver un resultado inmediato que entender qué está pasando dentro.

Hilos tensores© toty

El nuevo lujo en medicina estética: saber exactamente qué estás tratando

El cambio es más profundo de lo que parece. Ya no hablamos solo de mejorar un resultado. Hablamos de transformar la manera de decidir.

La ecografía permite seleccionar el láser según la profundidad real de la dermis del paciente. Ajustar la dosis de toxina botulínica midiendo el engrosamiento muscular en contracción. Diseñar técnicas como el lifting vectorial ecoguiado o tratamientos híbridos personalizados basados en datos, no en tendencias. Y también permite detectar cuando un problema no es estético, sino médico. Edemas persistentes, reacciones paradójicas, enfermedades de base no diagnosticadas. "No todo es un error de técnica. A veces hay algo más detrás y solo lo vemos si miramos", señala.

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Incluso en el terreno del biohacking (fitness facial, protocolos cosméticos reparadores) la doctora ha evaluado ecográficamente qué ocurre antes y después. "Biohacking es cualquier estrategia que introduzcamos en nuestros hábitos para mejorar el envejecimiento y reprogramar el tejido", explica. Pero sin datos, es solo tendencia. Con datos, es medicina.

En medicina estética, la diferencia entre improvisar y decidir con criterio es una pantalla en blanco y negro que lo muestra todo. La ecografía no es una moda tecnológica. Es la línea que separa el pasado (cuando se trataba por intuición) del presente, donde corregir errores ya no significa empezar de cero, sino entender exactamente qué ocurrió para no repetirlo.

Y quizás, la próxima vez que alguien te proponga "retocar" algo, la pregunta no debería ser cuánto producto, sino qué hay realmente debajo.