Duelo de bombas y cohetes en el sur del Líbano: "Hizbulá se ha restablecido y representa una amenaza para Israel"

Duelo de bombas y cohetes en el sur del Líbano: "Hizbulá se ha restablecido y representa una amenaza para Israel"

Conscientes de que no tienen que enfrentar sistemas de Defensa antiárea en el Líbano, los aviones de la fuerza aérea israelí llevaban horas volando por encima de Tiro. Se les veía trazar surcos de humo en el cielo y atronar la ciudad con sus simulacros de ataques, provocando explosiones sónicas.

Poco después de las 14:00, los aeroplanos bombardearon los suburbios de la localidad. Decenas de los desplazados que se encuentran instalados en cuatro escuelas locales salieron en tropel para apreciar las columnas de humo que dejaron las explosiones.

"¡Han tirado 6 bombas!", clamó uno.

La réplica de Hizbulá no tardó mucho. A las 14:58, los residentes de la zona portuaria de Tiro se vieron sorprendidos por una salva de detonaciones. Media docena. Los militantes habían disparado desde una aldea vecina a Tiro. "¡Cohetes!", señaló el responsable del restaurante Le Phenicien, apuntando hacia el rastro de humo que dejaban los misiles en su camino hacia Israel.

El duelo de bombardeos y cohetes al que se asiste en la ciudad libanesa de Tiro, a 20 kilómetros de la frontera con Israel, es un reflejo de la intensificación de la invasión del ejército israelí, que ha derivado en violentos combates cuerpo a cuerpo en la primera línea de aldeas libanesas, donde se encuentra atascada la acometida israelí, según testigos e informaciones de los medios locales.

Aunque el propio ministro de Defensa, Israel Katz, afirmó el martes que su país piensa ocupar todo el territorio al sur del río Litani para crear una "franja defensiva" -lo que supondría más de un 10% de todo el país-, y los uniformados argumentaron que han matado a cerca de 330 combatientes libaneses, lo cierto es que sus militares no han podido superar la primera línea de poblaciones situadas junto a la frontera, mientras que Hizbulá sigue golpeando con cohetes y drones las localidades israelíes norteñas, donde ya han causado al menos tres muertos y varios heridos.

La última víctima mortal se registró este jueves en la ciudad de Nayariha, donde otra oleada de cohetes, dejó varios coches ardiendo en el centro de esa metrópoli. Los proyectiles llegaron también a la localidad de Haifa.

Israel reconoció, asimismo, la muerte de un soldado de las unidades de élite Golani, el tercero desde que comenzó la invasión, en una emboscada de los militantes chiíes. Otros resultaron heridos.

Los militares de Tel Aviv calculan que Hizbulá sigue disparando una media de 150 cohetes al día. El Canal 15 de la TV israelí estimó que sólo en las 24 horas del miércoles al jueves había lanzado cerca de 600 misiles y drones.

Hizbulá difundió un comunicado en el que dijo que este miércoles había frenado un asalto israelí contra la población de Qantara, donde destruyó varios vehículos blindados. El grupo armado dijo que el martes había inmovilizado varios tanques Merkavas en la localidad de Taybeh.

Los insurgentes mostraron vídeos de varios blindados siendo golpeados por sus drones.

Israel ha comenzado a justificar la inesperada resistencia de Hizbulá en la zona fronteriza acusando al ejército libanés. Un oficial citado por el diario Maariv afirmó que sus homólogos libaneses "mintieron" al decir que habían desmantelado las estructuras del movimiento armado al sur del río Litani.

"Hemos comprendido que no hicieron nada. Hizbulá se ha restablecido y representa una amenaza para Israel", manifestó el representante del ejército de Tel Aviv en ese periódico.

La estrategia israelí

El propio Netanyahu se había vanagloriado en noviembre del 2024 de haber hecho que el potencial de la agrupación liderada por Naim Qassem hubiese "retrocedido décadas atrás", una manifestación que ahora cuestionan los propios analistas israelíes.

Netanyahu incidió este miércoles que su ejército está "decidido a transformar profundamente la situación en el Líbano" y por tanto pretende "establecer una zona más amplia" en el sur de este país, bajo su control.

Según el Canal 14 de la TV, una de las plataformas mediáticas más extremistas del país -próxima al partido de Netanyahu-, Tel Aviv pretende expandir la ocupación hasta los barrios sureños de Tiro.

Los medios israelíes indican que el Gobierno se plantea aumentar el número de reservistas que tendría que movilizar, cuyo máximo actual ronda los 260.000. El Canal 2 de la televisión israelí dijo que los militares solicitarán que ese contingente se amplíe hasta los 400.000.

El trayecto entre Beirut y Tiro se ha complicado en las últimas jornadas tras los repetidos asaltos aéreos de la fuerza aérea de Israel contra al menos cinco puentes que conectan el sur del país y la capital libanesa.

La principal construcción de este tipo en la zona, la de Qasmiyieh, ha quedado impracticable. Los cuatro proyectiles israelíes han abierto una enorme grieta en el viaducto, dejando a la vista las decenas de varillas de metal que -junto al cemento- conformaban su estructura.

Los cascos azules y los soldados del ejército libanés que se encontraban desplegados en sus inmediaciones han evacuado esas posiciones.

El repliegue de los militares libaneses es una constante desde hace días. Se les ve moviendo sobre grandes camiones con plataformas móviles, los contados vehículos blindados de los que dispone, sacándolos del sur del país.

Pese a la retórica incendiaria de Israel, la historia recuerda que el estado vecino ha recurrido en el pasado a esta misma táctica -la voladura de puentes- en numerosas ocasiones. "Israel ha implementado este plan cinco veces, desde la invasión de 1978. La más reciente fue la guerra del 2006", escribió el columnista del diario An Nahar, Ibrahim Perm.

La pugna de 2006

De hecho, hasta ahora las acciones de Israel en esta guerra, distan mucho de los descomunales estragos que generaron en las infraestructuras libanesas durante la pugna de 2006. En aquella ocasión, Tel Aviv destrozó más de 70 puentes en las jornadas iniciales de la contienda, bombardeó el aeropuerto de Beirut, los depósitos de combustible -creando una marea negra en el Mediterráneo-, y las plantas de producción de electricidad.

"Ya estamos acostumbrados. Yo voy todos los días a Sidón a vender en el mercado. En el 2006 pasó lo mismo y encontrabas un camino para pasar el río", relató Walid Zalsweid, un agricultor que vive no lejos del pontón destruido.

El libanés, de 50 años, habla con el periodista mirando al cielo, preocupado por el sobrevuelo del dron israelí que parece interesado en la congregación de residentes locales e informadores.

"Tengan cuidado. Hay muchos aviones (israelíes) dando vueltas por la zona", comenta otro vecino del área.

Para el analista militar y ex general Fadi Daoud, los bombardeos contra esta serie de puentes forman parte de una estrategia israelí, repetida una y otra vez. "Están intentando aislar zonas entre sí para debilitar la capacidad de combate de Hizbulá, interrumpiendo la conectividad geográfica entre los puntos de confrontación".

Los aeroplanos han empezado a arrasar también gasolineras sureñas que Israel vincula a Hizbulá. Una de ellas aparece reducida a despojos no lejos de Tiro. El misil israelí dejó un gran socavón junto al surtidor, que todavía exhibe una bandera del movimiento shía, izada en un poste de luz.

Las calles de Tiro están casi desiertas. El silencio de una población ausente -sólo quedan unas 20.000 personas en un enclave donde solían vivir más de 100.000- ha sido sustituido por el eco de los aviones y los altavoces que anuncian los últimos funerales.

"Este martes mataron a cinco jóvenes y dejaron heridos a más de 20", precisa Mahmoud, un vecino de la villa.

Atrapada en ese círculo vicioso que no parece tener fin, la metrópoli no sólo ha recuperado la estética bélica del 2006 sino los mismos comportamientos. Por eso, las autoridades locales han reabierto la fosa común que se usó en aquel año cuando el camión frigorífico habilitado para tan macabro uso quedó repleto de despojos humanos.

Las excavadoras han horadado una larga zanja en el mismo lugar, al costado de una base del ejército, donde ya se cuentan nueve sepulturas, incluida la del "paramédico" -así se lee bajo la foto del difunto- Hussein Mahmud Sultan.

"La usamos de forma provisional. Son muertos de aldeas del sur a las que no se les puede llevar para enterrarlos. Es lo que hicimos en el 2006", relata Hassan Malak, máximo responsable municipal de Beit Leif, un villorrio del área fronteriza, del que tuvo que huir a principios de mes junto a sus 4.000 habitantes.

"Ayer, los aviones atacaron Beit Leif en 17 ocasiones", apostilla.

Malak señala una única diferencia con la confrontación del 2006. En aquellas fechas, como pudo comprobar este periodista, los israelíes disparaban de forma indiscriminada, sin avisos. Este corresponsal fue testigo de cómo varios coches con civiles eran alcanzados por los misiles, quemando vivos a sus pasajeros.

"Ahora, a veces avisan y destruyen un edificio vacío, y a veces matan sin avisar. Llevamos así toda la vida. Unas veces nos atacan porque hay palestinos, otras porque hay Hizbulá", argumenta, sentado en el aula escolar de Tiro que ahora es su "domicilio".

La existencia de Malak lleva décadas marcada por los sucesivos choques bélicos con Israel, desde que se fundó este país en 1948. Tuvo que huir a Beirut, cuando era un niño, tras la primera gran invasión isrelí en 1978. Regresó a Beit Leif en 1982. Esta vez escapando del acoso israelí contra la capital libanesa. Volvió a salir corriendo dos años después, cuando se agudizaron los enfrentaminentos en ese villorrio, ocupado por los soldados de Tel Aviv y sólo pudo volver en el 2000, cuando Israel dejó el sur del Líbano. Su particular "rutina" se reactivó durante las guerras de 2006 y 2004, cuando tuvo que abandonar la población en dirección al norte.

"Estamos cansados de tantas guerras, pero nuestra lucha contra Israel no tendrá fin", sentencia.