Educación cívica para la “ciberciudadanía”

Educación cívica para la “ciberciudadanía”

He compartido con ustedes lectores que, ante las tecnologías emergentes, no hay que asumir una posición apocalíptica, sino crítica y constructivista. Que en el balance de los “pros” y los “contras” de esta sociedad algocrática debemos reconfigurar nuestro modelo educativo, y parte de la estructura narrativa del libro “Cyber Citizens” de Heidi Boghosian aborda esta preocupación.

Para Boghosian, como consecuencia del maremoto de datos existentes en los dominios digitales, la búsqueda de información veraz es como encontrar una “aguja en el pajar”. Esta “decadencia de la verdad” ha impactado en cómo asumimos nuestros roles personales, sociales, culturales y políticos, y desde luego en cómo actuamos como “ciudadanos”. 

La desinformación habitual, las posiciones radicales, la generación rápida y eficaz de contenido algorítmico han forjado “cacicazgos digitales”, que moldean la forma en que hoy ejercemos nuestro “civismo democrático”.

Para no estamparse en estas paredes desinformativas o para salir de las cámaras de eco de las redes sociales, Boghosian sugiere que se debe mejorar la educación cívica, incorporando “alfabetismo digital”, que brinde mejores herramientas para la participación cívica, el debate informado y el pensamiento crítico y engarzarlo en fuertes habilidades y conocimientos democráticos (en el sentido extenso de la palabra).

La educación cívica es fundamental para forjar ciudadanos comprometidos, y aún más para esos ciudadanos que usan las ágoras y escenarios virtuales. La educación cívica no sólo debe proporcionar conocimientos básicos de la función estadual, debe dar en términos neutros, amplios y consensuados una plena formación “ciudadana” y agregaría “ciberciudadana”.

Si queremos mejorar nuestra democracia, empecemos por su basamento: la educación cívica. Como diría el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento, la democracia es una burla si no existe la condición previa de un pueblo educado para el autogobierno.

Hoy que vemos a personajes, movimientos, colores partidistas asumir la construcción intelectual, por no decir ideológica de la educación, debemos seriamente reflexionar por qué hemos dejado a las hegemonías en turno delinear nuestra formación y usufructuar la educación cívica como proyectos ideológicos de éstos.

Si queremos democracia, debemos democratizar, al menos la educación cívica: que no sea insignia intelectual de unos cuantos, sino ejemplo de construcción plural, dialógica e incluyente, que sirva para los espacios físicos como virtuales de participación ciudadana, que forje ciudadanos críticos, tolerantes, empáticos y conscientes de nuestro Estado de Derecho.

Mientras no democratizemos nuestra formación cívica, seguiremos presa de los vaivenes volitivos de quienes detentan el poder, y seremos espectadores de un monólogo ajeno a los valores y principios de una democracia real, efectiva y participativa. 

POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ

MINISTRO EN RETIRO DE LA SCJN

EEZ