El 'caso Epstein' también persigue al rey Carlos III en el tradicional oficio real de Jueves Santo, que por segunda vez en 800 años se celebra en Gales
El norte de Gales vive una jornada histórica ya que, por primera vez en 800 años, la región acoge el servicio del Jueves Santo Real. Se trata del evento de carácter litúrgico protagonizado en este caso por el rey Carlos III -quien además de jefe de Estado del Reino Unido es, no se olvide, cabeza de la Iglesia anglicana-, como vienen haciendo casi ininterrumpidamente sus predecesores en el Trono de Londres al menos desde el reinado de Juan I, conocido como Juan Sin Tierra, quien inició esta tradición en 1210. El llamado Royal Maundy es una ceremonia cristiana que tiene lugar el jueves antes de Pascua, en la que el monarca distribuye monedas especiales a un número de fieles en reconocimiento a sus servicios comunitarios. La tradición conmemora la Última Cena y el lavado de pies de Jesús a sus discípulos. A lo largo de los siglos, prácticamente siempre se ha llevado a cabo en Inglaterra, y en concreto en Londres, aunque en ocasiones excepcionales los soberanos británicos han decidido viajar fuera en un día tan señalado en el calendario cristiano. Esta vez es, de hecho, la segunda que el Royal Maundy se celebra en Gales. La anterior fue en 1982, con Isabel II en el Trono, cuando se reunió con los fieles de la capital galesa, Cardiff, en la Catedral de San David.
Carlos III, acompañado por su esposa, la reina Camila, han sido recibidos esta mañana en la catedral de la localidad galesa de St. Asaph, en el condado de Denbighshire, donde sus vecinos llevaban semanas de preparativos ante un acontecimiento tan señalado.
Los reyes, en el interior de la catedral, durante el servicio religioso.AFP
Pero no sólo los fieles anglicanos y los entusiastas de la Monarquía aguardaban la llegada de los Monarcas al pequeño municipio. Y es que activistas del Movimiento Republic -un grupo no muy grande- también han arengado a los suyos a concentrarse en las inmediaciones del templo al grito de ¿Qué sabían?, que es la campaña que persigue a los Windsor allá donde van desde hace meses, en relación al escándalo de la implicación del ya ex príncipe Andrés en el caso Epstein. Los simpatizantes de Republic creen que no basta con que el hijo favorito de Isabel II haya sido despojado de todos sus honores y dignidades, y apartado de la familia real. Creen que Buckingham no ha actuado en el asunto con la suficiente contundencia y transparencia, y señalan a los miembros en activo de la dinastía por haber tapado durante demasiado tiempo las tropelías del príncipe ahora caído en desgracia. "No podemos permitir que la realeza eluda su responsabilidad; les seguiremos a todas partes, asegurándonos de que esa pregunta se repita una y otra vez", se podía leer en la convocatoria de Republic para protestar este jueves en St. Asaph.
El día amaneció, de hecho, con un grafiti con la inscripción "No es nuestro rey" en la catedral local, borrado pocas horas antes de que el soberano llegara para la misa de Pascua. El mensaje fue pintado con aerosol rojo.
El año pasado, el Royal Maundy Thursday fue especialmente emotivo, ya que volvió a contar con Carlos III tras un año de ausencia, obligado como estuvo en 2024 por el tratamiento contra el cáncer que se le acababa de diagnosticar, y del que todavía sigue recuperándose. En la cita de su ausencia, fue la reina Camila en solitario quien acudió a la Catedral de Worcester para protagonizar el tradicional reparto de regalos.
Homenaje a ciudadanos por su labor comunitaria
Y es que en este día el monarca británico hace entrega a una serie de feligreses escogidos de donativos que en la actualidad no representan una ayuda económica a personas en situación de dificultad sino todo un homenaje de la Monarquía a ciudadanos destacados por su labor comunitaria o por hechos excepcionales de toda índole. En este caso, son 154 vecinos -77 hombres y 77 mujeres, el mismo número de su edad- de St. Asaph los agraciados, de quienes se destaca su servicio a la comunidad en base a su fe cristiana. Carlos III les entrega dos bolsitas, como siempre. Una, el monedero blanco, contiene un juego de monedas de plata de 77 peniques -de nuevo, la edad del rey- acuñadas especialmente para este Jueves Santo. Y otra, el monedero rojo, contiene una moneda especial de cinco libras que conmemora el centenario del nacimiento de la inolvidada Isabel II este abril, y otra moneda de 50 peniques que destaca el 50º aniversario de The King's Trust, la organización benéfica fundada en 1976 por Carlos, entonces Príncipe de Gales, para ayudar a jóvenes vulnerables a encauzar sus vidas.
Carlos III, durante el reparto de monedas.AP
En sus 70 años de reinado, Isabel II sólo se perdió la cita en cinco ocasiones, todas por circunstancias de verdadero peso. Y es que para la añorada soberana británica el servicio religioso del Royal Maundy era un acontecimiento al que daba especial importancia, tanto por su gran simbolismo en el terreno de la fe como por el alto valor que la titular de la Corona otorgaba a las tradiciones que convierten a la Monarquía en un vehículo inigualable que liga el pasado con el presente de la sociedad a la que sirve.
La ceremonia de carácter tan excepcional en St. Asaph cuenta con música encargada especialmente para la ocasión a compositores y músicos galeses. Y, además, en la misma se utiliza la Cruz Procesional de Gales, un obsequio del mismo Carlos III a los galeses. Se trata de la cruz que encabezó la procesión en la Abadía de Westminster para su coronación en 2023, que contiene lo que se cree son dos fragmentos de la Vera Cruz, la misma en la que Jesús fue crucificado, un regalo que le hizo el Papa Francisco en abril de 2023 al soberano británico.
Carlos III es una persona de profunda espiritualidad, que tanto como Heredero de la Corona como ya en el Trono se está destacando tanto por su empeño en el diálogo interreligioso como por su vocación ecuménica. En este sentido, el rey hizo historia el pasado octubre en el Vaticano, cuando protagonizó el primer rezo conjunto con un Papa, León XIV, casi 500 años después de que el cisma anglicano separara a la Iglesia católica de la Iglesia de Inglaterra.

