El Mundial 2026 será inolvidable

El Mundial 2026 será inolvidable

Cuando en 1986 se celebró otro Mundial de Futbol en México, vivíamos el momento más crítico de un sexenio devastador: inflación acumulada de 4,030%, devaluación del peso de 1,443%, pérdida del 69% del poder adquisitivo del salario, caída del gasto en salud en un 50%, etc.

Mucha gente salió a protestar, gritando: “¡No queremos goles, queremos frijoles!”. Pero la que acudía a celebrar el futbol también mostraba malestar.

Entonces escribí un artículo en la revista Por Esto! titulado “Sí queremos goles y también frijoles. La protesta sin rumbo”.

En ese texto decía: “No es un puñado de agitadores futboleros. Son millones los que a las calles han salido a afirmar su nacionalidad, su solidaridad, su unidad (...) Pero en este revolotear de gente no todos han salido sólo a gritar... de la efervescencia han emergido mujeres violadas, comercios saqueados, monumentos destruidos, personas heridas (...) Lo que vemos es una inconformidad que crece sin cauces... son los afectados por la crisis; son, por supuesto, los asalariados y los desempleados, pero también son, y significativamente, las capas medias, bajas y altas... Han perdido sus motivos para  mantener la calma, y muchos salen ahora a destruir sin ton ni son lo primero que les irrita. Son la protesta sin rumbo".

Cuarenta años después, el Mundial de Futbol 2026 volvió a colmar las calles. Pero el estado de ánimo era otro. Ya no fue el desmadre destructivo, sino el desmadre festivo. No fue la expresión del malestar, sino de la alegría.

El Zócalo, Reforma, Tasqueña, lugares con quesadillas de cecina y quesillo, todo fue invadido por saluditos, apapachos y besos.
Mexicanas y mexicanos dispensaron tantos besos que el poema “Besos”, de Gabriela Mistral, bien podría tener un adendum: “Hay besos indelebles que se entregan al calor de un Mundial de Futbol”.

Fue la cumbre de la apropiación del espacio público. Millones hicieron suyas las calles con acciones lúdicas.

Fueron días de fiesta y fraternidad universal. México le abrió las puertas a los iraníes, cuando otros se las cerraron. Africanos, europeos, asiáticos, todos encontraron amistad en cada calle de nuestra Patria.

Y en ese marco advertimos el ascenso de los equipos africanos: Marruecos, Congo, Cabo Verde, Ghana, Egipto, Senegal y otros.

Y la presencia afrodescendiente en los equipos de Francia, España, Portugal, Inglaterra, Países Bajos, Alemania, Japón y... México, entre muchos otros, nos recordó al poeta Nicolás Guillén: “Yoruba soy, soy lucumí, mandinga, congo, carabalí”.
En fin, por muchas razones, no olvidaremos el Mundial 2026.

Por Martí Batres Guadarrama 

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