El pueblo de Guadalajara que cobra vida en la última serie de Rodolfo Sancho
Atienza es uno de esos lugares a los que el cine y la televisión vuelven una y otra vez. Sus calles empedradas, su castillo, los restos de murallas que se conservan en pie y su arquitectura medieval la han convertido en un plató natural habitual, perfecto para recrear otras épocas sin apenas intervención. Por eso, pasear hoy por esta villa castellanomanchega es recorrer un escenario vivo que quizá ya has visto muchas veces en pantalla.
Es lo que ocurre con Entre tierras, la ficción de Atresplayer ambientada en la España rural de mediados del siglo XX, que ha estrenado su segunda temporada y tiene en este pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara una de sus principales localizaciones; la otra es la pedanía almeriense de La Almadraba de Monteleva, en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar detenido en el tiempo.
Megan Montaner y Rodolfo Sancho son los protagonistas de este drama que combina secretos familiares y luchas personales —cuenta también en el elenco con otros reconocidos actores, como Silvia Abascal y Ginés García Millán— y que a lo largo de los 10 nuevos capítulos da un salto de 20 años en el tiempo.
Ese salto temporal marca un punto de inflexión en la historia: los conflictos del pasado resurgen con nuevas formas, pero con la misma intensidad. Los personajes han cambiado, han madurado —o se han endurecido—, y las decisiones que tomaron dos décadas atrás comienzan a pasarles factura. La aparente calma de la vida rural se quiebra poco a poco, dejando al descubierto tensiones familiares que nunca llegaron a resolverse del todo. La llegada de nuevos personajes y el regreso de viejos conocidos aportan capas adicionales a una trama que se vuelve más compleja y, al mismo tiempo, más íntima.
Mucho antes de convertirse en escenario televisivo, Atienza ya destacaba por su silueta imponente. Situada sobre un escarpado peñón a 200 metros de altura, su perfil recuerda a la proa de un barco que domina el paisaje. Rodrigo Díaz de Vivar la llamó “peña muy fuerte”, reflejando su importancia estratégica. En la Edad Media, la villa llegó a contar con más de 10.000 habitantes, 15 parroquias, varios conventos y ermitas y tenía una intensa vida comercial y religiosa.
El corazón de Atienza late en sus dos plazas principales, separadas por el Arco de Arrebatacapas. La plaza de España acoge el ayuntamiento, una fuente barroca y casonas blasonadas, mientras que la del Trigo conserva su sabor castellano, con soportales de madera, balcones y rincones a los que prestar atención. Desde aquí comienza un paseo que sube hacia el castillo y recorre parte de la muralla. Una vez arriba, la torre del homenaje ofrece unas vistas tan espectaculares de la comarca que compensa el esfuerzo.
La riqueza patrimonial de Atienza no acaba aquí, sino que continúa en sus iglesias. Santa María del Rey es la más antigua y deslumbra con su portada esculpida con más de un centenar de figuras, mientras que la Trinidad conserva su ábside románico y alberga el Museo de la Caballada. Esta celebración, que se mantiene viva desde hace más de 850 años, rememora la liberación del joven rey Alfonso VIII en 1162 frente a Fernando II de León. Cada Pentecostés —en 2026, el 24 de mayo—, la villa revive el episodio con una romería hasta la ermita de la Estrella donde los cofrades van vestidos a la antigua usanza.
Atienza también sorprende con museos en iglesias como San Gil y San Bartolomé, que conservan arte sacro, colecciones de fósiles y esculturas góticas, además de un entramado de calles, casonas hidalgas y ermitas que hacen del paseo por el casco histórico un viaje pausado y lleno de descubrimientos.
Por Atienza también pasan peregrinos, no muchos, claro, en estas tierras de la España vacía. Son los que recorren el llamado Camino de la Lana de Santiago, aquel por el que transitaban mercaderes y rebaños en los siglos XV a XVII desde tierras conquenses para llevar su lana hasta Burgos y luego proseguir su viaje hacia los puertos del norte e Inglaterra. La etapa que pasa por esta localidad llega procedente de Sigüenza y se dirige a Retortillo de Soria. Historias del pasado que, como las que se cuentan en Entre tierras, siguen vivas en este pueblo que regresa a la pantalla para dar vida a otras de ficción, como las que se cuentan en Entre tierras.







