Entre etapas: la vida de una mujer

Entre etapas: la vida de una mujer

De acuerdo con el INEGI, desde 1895 la población mexicana ha tenido más mujeres que hombres, aunque durante décadas esa mayoría no se tradujo en una mayor presencia socioeconómica, política o cultural. Sin embargo, las mujeres estuvimos ahí, sosteniendo, educando e impulsando a nuestras familias, pero muchas veces nuestras historias no eran contadas porque no se consideraban importantes.

Quizá por ello aún son pocos los textos que analizan la vida de las mujeres como un proceso integral y no como etapas aisladas.

La infancia, la juventud, la adultez y la vejez femenina, marcadas por desigualdades y exigencias sociales, suelen analizarse por separado, lo que dificulta comprender nuestra experiencia de vida en la sociedad.

La niñez representa el primer contacto con los roles sociales. Desde la edad temprana, las niñas aprenden comportamientos que son exclusivos para ellas, es decir, qué prendas y colores deben vestir o qué profesiones deben escoger. En cambio, a los niños se les inculca la idea de que cualquier sueño es alcanzable.

Estas sutiles, pero importantes diferencias comienzan a moldear la identidad de las niñas, influyendo en la manera en que se perciben a sí mismas y en cómo se relacionarán con la sociedad a lo largo de su vida.

La adolescencia, me parece, es una etapa de transición en la que las jóvenes comienzan a construir con mayor conciencia su identidad y a cuestionar las expectativas impuestas desde la infancia. Al tiempo de que experimentan cambios físicos, emocionales y sociales que, sin duda, determinarán la forma en que se relacionan con su entorno y consigo mismas.

Aunque persisten las normas y presiones sobre el comportamiento y la imagen, la adolescencia es una etapa en la que se abren nuevos espacios para la expresión personal, la amistad y la búsqueda de independencia.

La adultez, suele considerarse como una etapa de estabilidad, pero más bien es un período en el que se balancean las responsabilidades laborales, sociales y familiares.

Es aquí donde muchas mujeres desarrollan trayectorias propias, toman decisiones y ejercen plenamente su autonomía. La vejez, por su parte, no es un cierre, más bien un período de continuidad en el que muchas mujeres, debido a la reconfiguración de los roles familiares y el cambio en el ritmo de la vida cotidiana, reflexionan sobre su historia y resignifican su camino recorrido.

POR MTRA. MARÍA ELENA ORANTES

Cónsul general de México en Houston, empresaria y presidenta y fundadora de 50+1 Internacional

@NENAORANTES

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