Fenómeno climático vuelve con más poder
Todavía hay ciudades en el mundo que no se han podido recuperar de los efectos del anterior paso del fenómeno meteorológico, conocido como el Niño, un evento cíclico que esperan regrese este mes, pero ahora en su versión de Súper Niño, debido a su intensidad y su capacidad de incrementar los efectos.
Con sus siglas en inglés, ENSO, este fenómeno es una teleconexión entre el océano y la atmósfera con cambios de presión, vientos y temperatura del mar desde Indonesia hasta América a través del Pacífico ecuatorial. Tiene 3 fases: la cálida conocida como El Niño, la fría llamada La Niña y la promedio o Neutral.
Los científicos alertan que está regresando uno de los fenómenos climáticos más destructivos registrados. Uno capaz de alterar lluvias, provocar sequías extremas y desencadenar desastres naturales en cadena.
¿Estamos preparados para un fenómeno que ya no sigue las reglas que conocíamos? Se cuestionan los científicos.
En algunas regiones donde tradicionalmente predominaban las sequías, ahora podrían registrarse lluvias intensas. En otras, el calor del océano Pacífico podría actuar como combustible para tormentas y huracanes más agresivos.
En episodios pasados, como los de 1982 o 2015, provocó inundaciones severas en la costa oeste de Sudamérica, con deslizamientos de tierra que destruyeron comunidades enteras. Al mismo tiempo, regiones como Australia o Indonesia sufrieron sequías prolongadas que alimentaron incendios forestales de gran magnitud.
Aunque su impacto no se limita solo al medio ambiente. La economía también siente el golpe: este ciclo ha dejado a sectores como la agricultura con pérdidas millonarias.
El aumento de temperatura en los océanos altera por completo los ecosistemas marinos y afecta directamente a regiones que dependen de la pesca como fuente de ingresos.
La salud pública queda desestabilizada. Los cambios bruscos de temperatura y humedad favorecen la aparición de enfermedades respiratorias y aumentan enfermedades infecciosas como el dengue o el cólera. El equilibrio se rompe y el caos se multiplica.
A pesar de los avances tecnológicos, predecir con exactitud la intensidad de este fenómeno sigue siendo un desafío. No obstante, sí cuentan con herramientas para prevenir el desastre.
Ahora mismo estamos en una etapa que llaman la “barrera de la primavera”, un momento del año donde los modelos climáticos presentan un mayor margen de incertidumbre.
En algunas regiones donde tradicionalmente predominaban las sequías, ahora podrían registrarse lluvias intensas. En otras, el calor del océano Pacífico podría actuar como combustible para tormentas y huracanes más agresivos.
La NOAA (a través de su Climate Prediction Center) también ve el giro. En su informe del 9 de abril de 2026, señala que las condiciones neutras son las más probables hasta abril a junio, pero da 61% de probabilidad a que El Niño emerja en mayo a julio y continúe, al menos, hasta final de 2026. Es un porcentaje alto para una predicción estacional, aunque no deja de ser probabilidad.
Hay otro dato que ayuda a poner los pies en el suelo. La propia NOAA añade que la posibilidad de un El Niño "muy fuerte" ronda 1 entre 4 y depende de que se mantengan ciertas anomalías de viento del oeste en el Pacífico ecuatorial durante el verano boreal.
EEZ