Pemex no está en crisis. Pemex es la crisis

Pemex no está en crisis. Pemex es la crisis

En Venezuela, durante años, PDVSA fue el argumento más poderoso del gobierno: la empresa más grande del continente, las mayores reservas probadas del mundo, el orgullo nacional hecho petróleo. Nadie se atrevía a decir en voz alta que se estaba cayendo a pedazos. El que lo decía era un traidor, un agente del imperio, un enemigo del pueblo. Mientras tanto, los ingenieros huían, los pozos se apagaban uno por uno y la deuda crecía en silencio detrás del discurso. Cuando el colapso fue imposible de ocultar, era demasiado tarde. Venezuela ya había condenado a una generación entera a la miseria.

Hoy vivo en México. Y lo que veo me quita el sueño.

Los números de Pemex en el primer trimestre de 2026 no son una mala racha. No son un bache. Son la radiografía de una empresa que se está muriendo mientras el gobierno cambia el tema. Reportan una pérdida neta de 45 mil 993 millones de pesos en un solo trimestre. Deuda total de 100 mil millones de dólares. Es la empresa petrolera estatal más endeudada del mundo. Léalo otra vez. La más endeudada del mundo.

Pero el dato que debería helarle la sangre es este: en ese mismo trimestre, el gobierno le cobró a Pemex 47 mil 701 millones de pesos por el llamado Derecho Petrolero del Bienestar. La utilidad operativa de Pemex en ese periodo fue de apenas 39 mil 506 millones. El Estado le arranca a la empresa más dinero del que la empresa es capaz de generar. Pemex no puede pagar su deuda, no puede reparar sus ductos, no puede perforar nuevos pozos porque cada peso que produce se lo lleva el gobierno antes de que pueda reinvertirlo. Eso no es una política energética. Es una sentencia de muerte firmada con sello oficial.

En Venezuela lo llamaban “sembrar el petróleo”. Sembraron tan profundo que arrancaron las raíces y hoy no queda ni la tierra.

PDVSA producía 3.4 millones de barriles diarios. Hoy, sentada sobre las mayores reservas probadas del planeta, produce menos de un millón. No fue una guerra. No fue un embargo fulminante. Fue exactamente esto que usted está leyendo: un gobierno que convirtió su empresa petrolera en caja chica, la asfixió de impuestos, la vació de talento técnico y la dejó pudrirse desde adentro. Pemex produce hoy 1.6 millones de barriles. En 2004 producía más del doble. La dirección del camino no tiene ninguna ambigüedad.

Y aquí viene la parte que más preocupa: el colapso de una petrolera estatal no se queda en los estados financieros. Cuando revienta, revienta en la vida de la gente. Se lleva el presupuesto de salud, las carreteras, las escuelas. Todo lo que el Estado prometió financiar con el petróleo se hunde junto con la producción. En Venezuela no fue gradual. Fue un precipicio. Un día había gasolina y al siguiente había filas de tres días para llenar el tanque.

México todavía está a tiempo. Pero el reloj no está detenido.

Pregúntenle a Venezuela cómo termina esta historia. Yo ya la viví. Y le aseguro que el final no es bueno.

POR NINA ANDRADE
PERIODISTA DE AZTECA NOTICIAS
IG: NINA_ANDRADE26
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