Garantía
Cuando el mundo se sacude, como lo ha hecho desde el pasado fin de semana, uno de los primeros temores de la gente es cómo ello repercutirá en su día a día. Hoy, el conflicto en Oriente Medio vuelve a tensar los mercados y pone en alerta a las economías.
El cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor del 20 por ciento del petróleo mundial— encendió las alarmas. El precio del barril subió en cuestión de días y el nerviosismo se regó como pólvora.
En México, sin embargo, hay garantía. Y es que la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara: el precio de la gasolina se mantendrá estable. Se trata de una decisión política respaldada por un mecanismo que protege a las familias.
Durante el periodo neoliberal, con la llamada reforma energética, los precios quedaron sujetos a la libre flotación internacional: si el barril subía, en México también; si bajaba, aquí bajaba. Así de simple y así de llano. El problema es que esa “libertad” la pagaba la gente cada vez que llenaba su tanque.
Con la llegada de los gobiernos de la Cuarta Transformación, se recuperó una herramienta fundamental: el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Dicho instrumento funciona como amortiguador. Si el precio internacional se dispara, el Gobierno reduce el impuesto; si baja, se ajusta. El objetivo es uno: evitar los temibles gasolinazos.
Hoy vemos su eficacia. Antes de la reciente escalada, la mezcla mexicana se vendía en 61.72 dólares por barril; días después alcanzó 66.63, es decir, un incremento cercano al 8 por ciento. En otro momento de nuestra historia eso habría significado filas en las estaciones y aumentos inmediatos, pero no ahora.
El esquema actual permite absorber parte o incluso la totalidad del IEPS, para que las y los consumidores no carguen con el golpe. Se trata de una política responsable que, además, ayuda a contener la inflación, ya que el precio de los combustibles impacta el transporte, los alimentos y los servicios. De ahí que proteger la gasolina signifique salvaguardar la economía de las familias.
Claro que nadie está aislado de la realidad global. La diferencia radica en cómo se responde a eso. La visión de la presidenta Sheinbaum representa la continuidad de un modelo que prioriza el bienestar sobre la especulación. En tiempos de conflictos y volatilidad, garantizar estabilidad en algo tan básico como la gasolina envía un mensaje claro: primero que todo, el pueblo.
La verdadera garantía es que el precio de la gasolina no suba abruptamente y que México tiene un gobierno atento, con herramientas, con visión y con voluntad para usarlas en beneficio de la gente. Y en medio del ruido internacional, eso también cuenta, y mucho.
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