Hablemos de creadores, no de artesanos ni de artesanías: Boelsterly

Hablemos de creadores, no de artesanos ni de artesanías: Boelsterly

Con la enorme biodiversidad que existe en México, dice Walter Boelsterly Urrutia, “es increíble que nos hayamos esperado dos mil seis años para generar el primer museo de arte popular”. El promotor cultural y curador no ignora la existencia de las salas etnográficas del Museo Nacional de Antropología, ni tampoco del Museo Nacional de Culturas Populares en Coyoacán, sino que se refiere al ámbito que llegó a cubrir el Museo de Arte Popular (MAP) hace 20 años.

“No había habido ningún museo que atendiera el arte en el arte popular, la estética en el arte popular, la tradición y la conservación de los oficios en el arte popular hasta 2006. La tarea era enorme, no nada más era tratar de dar una pincelada, sino de cubrir dos mil seis años sin atender este aspecto”, considera.

Junto con el museo que ocupa la antigua estación de bomberos, Boelsterly está cumpliendo dos décadas al frente del MAP, espacio que revolucionó la manera de entender los museos en México.

Cuenta la cronista Ángeles González Gamio que la creación del espacio fue idea de cinco mujeres: María Teresa Pomar, Sol Rubín de la Borbolla, Cristina Payán, María Esther Echeverría y Laura Oseguera, a quien se dio en llamar ‘las tequileras’, debido a que solían acompañar con esa bebida sus reuniones. Ellas lograron la donación del inmueble art déco, ubicado en la esquina de Revillagigedo e Independencia, y pensaron en un museo que fuera enteramente para los artesanos.

La alternancia política se estaba consolidando en la Ciudad de México y el MAP surgió, además, con un novedoso esquema de administración: “Por primera vez en la historia museística de México, el patronato tiene la obligación de aportar la tercera parte del gasto operativo, esto es un hito para los museos en México, porque si bien existían museos privados y públicos, nunca había habido una colaboración donde el patronato tuviera que aportar una tercera parte”.

Cobijado por la Sociedad de Amigos —que dirigió por muchos años Marie Thérèse Arango—, por el gobierno federal y el gobierno capitalino, el MAP “empezó a trabajar con lo que era la importancia del arte, del diseño, del respeto a la naturaleza para poder entender lo que es el arte popular”.

Boelsterly lo deja claro: “No nos gusta hablar ni de artesanía ni de artesanos, porque tristemente es una forma despectiva de hablar de muchas personas. Son creadores, tienen un talento impresionante y cuando todo este gremio se ha hecho consciente de la importancia que tienen para el PIB, de la importancia que tienen para la cultura en general en México, para la importancia que tienen en términos del diseño, empezamos a crecer todos juntos”.

El MAP, agrega, ha sido fundamental para transmitir a la sociedad el valor del trabajo artesanal: “Ahora todos los museos, las galerías, muchísimos artistas ya toman en cuenta a este sector de la cultura. Hoy en día tenemos a muchísimos artistas, de muy reconocida trayectoria, trabajando con artistas populares, aprovechando el conocimiento y el talento de ellos para hacer algunas piezas”.

Fotos: Alfredo Pelcastre

AÑO DE FESTEJOS

El Museo de Arte Popular se inauguró el 28 de febrero de 2006, pero todo el año se llevarán a cabo actividades conmemorativas. Las más significativas, adelanta Boelsterly, serán dos exposiciones: la primera se llamará simplemente Gracias y en ella se hablará de “todos los que han participado en el museo desde 2006 hasta nuestros días. Es, sobre todo, para darnos cuenta de lo amplia que puede ser la perspectiva de entender el arte popular”. Ya cerca del fin de año, otra exhibición llevará el título de Numeralia Conceptual, ahí “veremos todo lo que el museo ha hecho y ha aportado hacia la cultura en México, y que, de alguna forma, nos parece justo que lo pongamos en blanco y negro. No nada más de la numeralia en términos literales, sino de numeralia en términos conceptuales”.

Boelsterly se refiere a la estructura que ha levantado el MAP a lo largo de dos décadas. Primero, tres concursos “muy bien establecidos” y que se han vuelto icónicos de la ciudad: el de alebrijes, el de piñatas y el de papalotes. “Este año vamos a hacer una colaboración con la UNAM porque se cumplen 70 años de la creación de la Biblioteca Central, entonces el concurso de papalotes va a versar alrededor de ella, y ahí tenemos otro principio, la máxima de trabajar horizontalmente, interdisciplinariamente con muchísimas otras profesiones e instituciones”.

Por otro lado, “tenemos una serie de actividades extramuros que son, primero que nada, la atención a las cinco poblaciones con discapacidad, comenzamos el proyecto con el Museo del Templo Mayor y que hoy en día tenemos más de 60 museos integrados a la red que nosotros llamamos PCD, Población Con Discapacidad”.

Otra actividad es llevar talleres a diferentes hospitales: “Entendemos que la cultura es un derecho, trabajamos con el Hospital de la Raza, con el 20 de noviembre, trabajamos con Pemex Norte y Sur, trabajamos con el Seguro Social en la Clínica 4 y 8, en el Siglo XXI”.

La tercera parte de la estructura, agrega, “es que hemos logrado una cantidad de casos de éxito impresionantes, donde muchísima gente que ha colaborado con el museo hoy en día vive de buena forma, digna, pero, sobre todo, gracias al trabajo de arte popular que desarrolla”.

“Tenemos a Mauri, quien hizo los cráneos para la película de 007, aquí en el Zócalo, y que a partir de eso se disparó y hoy en día es un rockstar en muchos lugares. Tenemos a Raúl Rosas que no pudo participar en el primer desfile de alebrijes porque no pudo conseguir 15 mil pesos y hoy en día tiene una compañía que tiene contratos con Sudamérica, Estados Unidos, Europa y Oriente Medio, en todas partes del mundo”.

Retos, recortes y ajustes aparte, dice, “esto ha sido gracias a que todo mundo hemos entendido cuál es el papel del arte popular y en parte gracias a este motorcito entre autoridades, iniciativa privada, entre creadores, entre instituciones que, de alguna manera, abrigan todo esto para poder generar un respeto hacia el diseño, hacia el entendimiento que tienen todos estos grupos y etnias en términos de la naturaleza, y cómo han sabido conservar, mostrar y mantener un respeto a la producción natural”.  

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ