Hungría amenaza con cortar el suministro de gas a Ucrania mientras Kiev no reanude el tránsito de crudo ruso
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Viktor Orban ha decidido llevar hasta la tubería más importante del país una campaña que ya había convertido a Kiev en enemigo electoral: "Mientras Ucrania no dé petróleo, no recibirá gas de Hungría", ha dicho este miércoles en Facebook, marcando así su enésima escalada con Kiev. La frase del primer ministro húngaro es, por encima de todo, un mensaje de campaña a menos de tres semanas de las elecciones del 12 de abril, las más difíciles que afronta en años.
Las relaciones entre Budapest y Kiev están en mínimos históricos por una mezcla de dependencias energéticas, cálculos políticos de ambos líderes y una vieja querella bilateral que precede a la invasión rusa pero que la guerra ha radicalizado. En este marco cada vez más polémico, Hungría se dispone a dejar de enviar gradualmente gas natural a Ucrania hasta que se reanude el flujo de crudo a través del oleoducto Druzhba, que irónicamente significa "amistad".
Para Orban es una oportunidad más de presentar el pulso como una defensa de los intereses nacionales frente al "chantaje" ucraniano. Budapest sostiene que Kiev mantiene bloqueado por decisión política el tramo ucraniano del oleoducto, clave para que llegue crudo ruso a Hungría y Eslovaquia. Ucrania responde que la infraestructura fue dañada por un ataque ruso con drones a finales de enero y que la reparación llevará tiempo, aunque ya ha aceptado ayuda técnica y financiación de la UE.
Mientras Orban anunciaba el castigo, el gas seguía entrando en Ucrania desde Hungría: 8,3 millones de metros cúbicos para el día. Pero pronto empezará a descender. No es lo que más preocupa en Budapest. El primer ministro encara el duelo electoral más difícil de sus 16 años, con sondeos que dan ventaja al opositor Péter Magyar y con una economía lastrando su reelección.
"Almacenaremos el gas restante en Hungría", dijo Orban en un vídeo publicado en Facebook. El choque energético coincide con la batería de gestos antiucranianos de las últimas semanas. Orban ya bloqueó en Bruselas el préstamo europeo de 90.000 millones de euros para Ucrania y ha amenazado también con trastocar la electricidad que pasa por territorio húngaro.
La escalada verbal, que ya está desembocando en hechos, tiene precedentes. En 2017 Hungría pidió a la UE revisar sus relaciones con Kiev por la ley educativa ucraniana que restringía la enseñanza en lenguas minoritarias, incluida la húngara. Desde entonces Budapest ha convertido la cuestión de la minoría magiar de Transcarpatia en un ariete constante. En 2019 llegó a bloquear la aproximación de Ucrania a la OTAN por ese motivo.
Kiev también se ha mostrado susceptible: en 2022 Ucrania protestó formalmente por la bufanda de la "Gran Hungría" que lució Orban, con territorio ucraniano incluido en el mapa sentimental del nacionalismo magiar. En 2023 Ucrania convocó al embajador húngaro para exigir el fin de la retórica antiucraniana. En 2025 la relación tocó fondo cuando Kiev anunció la desarticulación de una supuesta red de espionaje húngara y expulsó a dos diplomáticos; Budapest respondió con una expulsión simétrica y habló de propaganda antihúngara.
La maquinaria oficial ha insistido en que Kiev intenta influir en las elecciones húngaras y favorecer a la oposición. Pero Orban no afloja: también advirtió anteriormente que Hungría podría recortar las exportaciones de electricidad a Ucrania si no se reanuda el flujo de petróleo. Hungría y Eslovaquia, cuyos líderes son casos atípicos en la UE por mantener relaciones con Moscú, culpan a Kiev de la interrupción del oleoducto Druzhba , que abastece a sus refinerías con crudo ruso bombeado a través de Ucrania. En marzo Ucrania contrató 180 millones de metros cúbicos de gas a Hungría, lo que representa el 28% de su total, según informó una fuente del sector a Reuters a principios de este mes, una cifra ligeramente inferior a la de febrero. Ahora parte de esos suministros está en el aire.