La fascinación por los cristales une a humanos y chimpancés

La fascinación por los cristales une a humanos y chimpancés

Hace cientos de miles de años, los homininos —nuestros antepasados bípedos— ya recolectaban cristales. Los hallazgos arqueológicos muestran que estos primates los tomaban y los guardaban, aunque no los utilizaban como herramientas ni armas. Entonces, ¿qué los atraía?

Una nueva investigación publicada este miércoles (04.03.2026) en la revista Frontiers in Psychology intentó responder a esta pregunta observando el comportamiento de dos grupos de chimpancés (Pan troglodytes), la especie actual más cercana genéticamente al ser humano.

Experimentos con cristales y chimpancés

En un primer ensayo, los científicos del Donostia International Physics Center (DIPC), con sede en España, colocaron un cristal grande sobre una plataforma –un monolito– junto a una roca común de tamaño similar. Ambos objetos llamaron inicialmente la atención de los chimpancés, pero pronto mostraron una clara preferencia por el cristal.

Los primates lo inspeccionaron detenidamente, girándolo e inclinándolo para observarlo desde distintos ángulos. Uno de ellos incluso lo tomó y se lo llevó a otra parte.

Pérdida de interés con el tiempo

El interés era intenso al principio y disminuía lentamente con el paso del tiempo, un patrón similar al que ocurre en humanos cuando desaparece la novedad de un objeto.

Cuando los cuidadores intentaron recuperar el cristal, los chimpancés se resistieron a entregarlo. Solo accedieron a intercambiarlo por sus aperitivos favoritos: plátanos y yogur.

Gran habilidad para diferenciar piedras de cristales

El segundo experimento reforzó los hallazgos. Los primates fueron capaces de identificar cristales de cuarzo pequeños —similares a los que podrían haber recogido los homininos— entre una pila de 20 guijarros redondeados con distintos colores y texturas.

Incluso, tras añadir piezas de pirita y calcita con formas diferentes, continuaron seleccionando las de tipo cristalino y dedicaron horas a examinarlas con atención.

Cristales en una mano.
Cristales como estos fueron hallados en yacimientos arqueológicos, junto a los restos de nuestros antepasados.Imagen: García-Ruiz et al

Con estos experimentos "demostramos que los chimpancés endoculturados (no salvajes) pueden distinguir los cristales de otras piedras", señala el autor principal Juan Manuel García-Ruiz, en un comunicado del DIPC.

"Nos sorprendió su capacidad para distinguirlos, separarlos del resto de piedras y ordenarlos según su forma, agrupando aquellos que eran poliédricos de los que no lo eran", cuenta el experto.

Los objetos podrían llamar la atención por su forma

Tanto la transparencia como la geometría podrían ser propiedades atractivas para los primates; incluso "puede que fueran estas mismas cualidades las que despertaban el interés de los primeros humanos por estas rocas", propone el autor.

El DIPC recuerda que el entorno natural en el que evolucionaron nuestros antepasados —nubes, árboles, montañas, animales y ríos— se caracteriza por formas curvas y ramificadas. Las líneas rectas y superficies planas son poco frecuentes.

"Los cristales son los únicos poliedros naturales. Es decir, los únicos sólidos naturales que cuentan con varias superficies planas. Cuando los primeros seres humanos intentaban comprender su entorno, sus procesos cognitivos podrían haberse visto atraídos por patrones (como estos) que eran diferentes a lo que conocían", destaca el instituto.

Ilustración artística de un hominino levantando un cristal.
Varios restos de los homininos han sido encontrados con cristales.Imagen: García-Ruiz et al, 2026

El amor por los cristales podría tener "profundas raíces evolutivas"

La investigación no evaluó si algunos chimpancés mostraban mayor interés que otros ni si existían comportamientos de apropiación entre individuos.

El equipo propone que futuros trabajos consideren la personalidad de cada ejemplar y se realicen también con poblaciones salvajes.

Para García-Ruiz, fue una "grata sorpresa descubrir lo fuerte y aparentemente natural que era la atracción de los chimpancés por los cristales, lo que sugiere que la sensibilidad hacia este tipo de objetos puede tener profundas raíces evolutivas".

"Ahora sabemos que los cristales han estado en nuestras mentes durante al menos seis millones de años", concluye García-Ruiz.