La psicología dice que las personas tristes no siempre están deprimidas, puede ser señal de una vida mental sana
Hay días en los que todo parece costar un poco más. Cuesta concentrarse en el trabajo, apetece menos quedar con amigos y hasta las actividades que normalmente disfrutamos pierden parte de su atractivo. Puede ocurrir después de una decepción, una discusión, una pérdida o simplemente durante una etapa complicada. En esos momentos, muchas personas se hacen la misma pregunta: si me siento así, ¿significa que algo no va bien?
Los especialistas llevan años intentando desmontar esa idea. Sentir tristeza de vez en cuando no solo es compatible con una buena salud mental, sino que forma parte de ella. La tristeza no siempre es una señal de alarma. En muchas ocasiones, es la forma que tiene nuestra mente de adaptarse a lo que está viviendo.
Así lo recuerda la Dra. Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, que recientemente participó en un encuentro sobre salud cerebral celebrado en Sitges y auspiciado por Lundbeck. La especialista insiste en la importancia de distinguir entre un trastorno mental y lo que denomina "el malestar de la vida cotidiana", una diferencia que, según advierte, cada vez nos cuesta más reconocer.
¿Por qué creemos que deberíamos estar bien todo el tiempo?
Si preguntáramos a cien personas qué significa tener una buena salud mental, probablemente muchas responderían que consiste en sentirse feliz, tranquilo y satisfecho la mayor parte del tiempo. Es una idea que parece lógica, pero que está bastante alejada de cómo entienden los expertos el bienestar psicológico.
Y es que vivimos rodeados de mensajes que asocian la felicidad con el éxito personal. Las redes sociales muestran vidas aparentemente perfectas y, poco a poco, puede instalarse la sensación de que sentirse mal es algo que debería evitarse a toda costa. Sin embargo, la realidad no es así.
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como la capacidad para afrontar las tensiones normales de la vida, desarrollar las propias habilidades, trabajar de forma productiva y contribuir a la comunidad. La definición nos recuerda así que las tensiones normales de la vida forman parte de la experiencia humana.
En este sentido, Díaz Marsá recuerda vivir implica atravesar momentos difíciles, afrontar pérdidas, gestionar incertidumbres y adaptarse a situaciones que no siempre elegimos. Y cuando eso ocurre, es lógico que aparezcan emociones desagradables.
De hecho, los especialistas coinciden en que la ausencia total de tristeza no sería una señal de salud mental, sino algo prácticamente imposible. El cerebro humano está diseñado para reaccionar emocionalmente ante lo que sucede a nuestro alrededor. Y la tristeza es necesaria.
¿Para qué sirve realmente la tristeza?
Estar tristes no nos gusta. Pero es necesario. La razón tiene que ver con la evolución y con la capacidad que tiene el cerebro para ayudarnos a adaptarnos a los cambios.
Es más, la tristeza cumple una función importante. Cuando atravesamos una situación difícil, ayuda a reducir el ritmo, favorece la reflexión y permite reorganizar recursos emocionales para afrontar una nueva realidad. De alguna manera, nos invita a detenernos y prestar atención a aquello que necesita ser procesado.
Por eso, añade la psiquiatra, el objetivo no debería ser eliminar cualquier emoción desagradable, sino aprender a comprender qué nos está indicando. Ahora bien, hay momentos en los que esa tristeza sí puede convertirse en algo más.
¿Cómo distinguir la tristeza normal de un problema de salud mental?
Como decíamos, perder a un ser querido, vivir una ruptura sentimental, quedarse sin trabajo o recibir una mala noticia son experiencias que generan dolor emocional. Sería extraño que no lo hicieran. Lo esperable es que aparezcan tristeza, preocupación o desánimo durante un tiempo.
La especialista puntualiza que este malestar suele ser proporcional a lo ocurrido, tiene una duración limitada y permite que la persona continúe desarrollando su vida, aunque con más esfuerzo del habitual.
Por tanto, sentirse triste después de una pérdida importante no significa que el cerebro esté funcionando mal. En muchas ocasiones, significa exactamente lo contrario: que está reaccionando de forma coherente ante una situación dolorosa.
¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?
Aceptar que la tristeza forma parte de una vida mental sana no significa restar importancia al sufrimiento emocional. Hay situaciones en las que resulta recomendable consultar con un profesional.
Los especialistas recuerdan que la diferencia entre una emoción normal y un trastorno psicológico no suele estar en la emoción en sí misma, sino en su intensidad, duración e impacto sobre la vida cotidiana.
Cuando la tristeza se prolonga durante semanas o meses, se vuelve incapacitante, provoca aislamiento social, altera significativamente el sueño o hace perder el interés por actividades que antes resultaban placenteras, conviene pedir cita en el médico, puesto que lo que antes era solo una emoción, podría tratarse de ahora de una depresión.
Aun así, la psiquiatra recuerda que no debemos banalizar el sufrimiento psicológico, pero tampoco convertir cualquier emoción desagradable en un diagnóstico. Encontrar ese equilibrio es fundamental para cuidar la salud mental sin medicalizar la vida cotidiana.
¿Estamos convirtiendo emociones normales en enfermedades?
Cada vez más expertos alertan sobre una tendencia creciente a patologizar experiencias humanas normales. Es decir, a interpretar emociones propias de la vida como si fueran necesariamente síntomas de una enfermedad.
Por tanto, la presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría advierte de que es importante diferenciar entre el sufrimiento inherente a la existencia y los trastornos mentales que requieren atención especializada. Porque la tristeza, la frustración o la incertidumbre forman parte de la experiencia humana.
¿Por qué la tristeza también puede ayudarnos a seguir adelante?
Quizá una de las conclusiones más interesantes que deja esta reflexión es que hemos aprendido a desconfiar de emociones que forman parte de nuestra naturaleza. La tristeza tiene mala fama, pero no siempre es una señal de que algo va mal.
En muchas ocasiones aparece porque algo importante necesita ser atendido. Otras veces señala una pérdida que debemos elaborar o un cambio al que necesitamos adaptarnos. Y precisamente por eso puede convertirse en una herramienta que nos ayuda a seguir adelante.
Como recuerda Díaz Marsá, la salud mental no consiste en evitar cualquier forma de sufrimiento. Consiste en desarrollar recursos para afrontar las tensiones normales de la vida. Al fin y al cabo, una vida mental sana no es aquella en la que nunca aparece la tristeza, sino aquella en la que somos capaces de atravesarla, aprender de ella y continuar avanzando.






