Claves para conservar tu mantilla tras la boda si eres la novia o la madrina: "Al regresar a casa nunca la guardes directamente"

Claves para conservar tu mantilla tras la boda si eres la novia o la madrina: "Al regresar a casa nunca la guardes directamente"

En la lista de accesorios a los que pueden recurrir madrinas y novias por igual, más allá de las joyas, hay una pieza, artesanal e histórica, que pasa de generación en generación. Nos referimos a la mantilla, un complemento que se luce con peina, en el caso de la madre del novio o en sustitución al velo o para el rito de la velación, en lo que se refiere a la protagonista del día, pero que siempre resulta un acierto.

Existe un protocolo para incorporar esta obra de artesanía a los looks de dos figuras tan destacadas de la boda, pero el reto no es solo llevarla, sino conservarla. Saber guardar y cuidar esta creación de gran valor es el primer paso para poder dejarla en herencia y convertirla en objeto de culto. Hablamos con dos expertas para que nos descubran las claves para conservarla como merece.

Consejos guardar mantilla de novia tras la boda© L'Arca Barcelona

“La mantilla es mucho más que un accesorio: es una obra de arte, un tesoro artesanal y, en muchas ocasiones, un legado familiar lleno de recuerdos. Para que mantenga su belleza, su caída y no sufra el paso del tiempo, es fundamental cuidarla correctamente después de cada uso”, introducen desde la casa sevillana Juan Foronda.

Consejos guardar mantilla de madrina tras la boda© @mantonesforonda

Los primeros momentos son clave

El consejo principal de estos expertos pasa por tener presente qué hacer cuando hemos terminado de usarla, porque los primeros instantes también cuentan. “Al regresar a casa, nunca la guardes directamente. Cuélgala en una percha acolchada para que se airee y revisa que no tenga enganches ni restos de maquillaje”, recomiendan. Necesitamos tiempo para detectar qué necesita ser limpiado.

Madrina de boda de Alejandro de Miguel con mantilla© Hafner Studio

Una puesta a punto profesional

Nos dicen desde la firma andaluza que si la pieza en cuestión requiere de una limpieza, no es buena idea intentarlo en casa. Debe llevarse “siempre a una tintorería especializada en tejidos delicados y encajes”, apuntan. Aunque pueden adquirirse nuevas en firmas especializadas, es habitual que las mantillas sean elementos de colección, creaciones que han pasado de madres o abuelas a hijas y nietas o diseños adquiridos en anticuarios, por lo que su correcto tratamiento no es el de cualquier tejido convencional.

Consejos guardar mantilla de novia© @cuentatrasparatuboda. Foto: @plata.forma_

Cómo guardar la mantilla

Para guardar esta joya artesanal, lo más oportuno es hacerlo de forma enrollada, dicen desde Foronda. Debe colocarse “de manera holgada en un tubo de cartón rígido (como los que tienen en las tiendas de tela) y forrarlo antes con papel de seda”. Puede suceder que la madrina o novia en cuestión no disponga de espacio para el tubo, por lo que entonces lo mejor será, “guardarla doblada. Debe hacerse de forma muy suave, colocando papel de seda entre los pliegues para amortiguar el peso”, indican.

Novias con mantilla andaluzas© Couché Studio

Los materiales más apropiados y la rutina anual 

Por último, la firma sevillana asegura que las mantillas necesitan unos materiales aliados muy concretos para mantenerse en perfecto estado, no pueden empaquetarse como la ropa. Lo procedente es “envolverla en una sábana limpia de hilo o algodón blanco, o en papel de seda, pues permitirá que el tejido ‘respire’", añaden. No conviene usar una funda de plástico, advierten, dado que “puede amarillear el encaje” y para que no se estropee, “una vez al año al menos, hay que sacarla para airearla”.

Rito de la velación nupcial boda© Meteorito Azul

Qué hacer cuando se ha deteriorado

Desde la casa barcelonesa L’Arca Barcelona recuerdan que las mantillas son piezas delicadas, por su encaje y que pueden, literalmente, pasarse, por la oxidación de la fibra. En muchas ocasiones este deterioro no se debe a la forma en la que se ha almacenado el accesorio. “El encaje es una material muy delicado y su peor enemigo es la humedad. Cuando una mantilla está ‘pasada’, es decir, el tul de encaje se desgarra con facilidad, no hay otra solución para recuperarla que reentolarla, o sea, traspasar el dibujo o los motivos del encaje en otro tul nuevo, parecido al antiguo, que pueda resistir años”, explican. Entre la amplia lista de opciones, comparten, las mantillas negras suelen ser las más frágiles: “las antiguas, de encaje Chantilly, son las más delicadas porque el hilo es de seda y se suele picar, ya que todo el tul o el fondo está hecho a mano”.

Madrina con mantilla antigua y perlas© Javier Sancho

El caso de las mantillas blancas

¿Qué sucede entonces con las que utilizan las novias y las madrinas que escogen un encaje de tono claro? Nos dicen que son piezas algo más resistentes, aunque existe una excepción. “Las mantillas de blonda blancas (las reconocerán por su tono rubio), ya que también tienen todo el tul hecho a mano en seda”. Es diferente a “la aplicación de Bruselas o el encaje a bolillo aplicado sobre tul, que es menos delicado, porque el tul de base es mecánico (en el siglo XIX ya existían los telares de tul mecánico). Sin embargo, el encaje a la aguja es mucho más delicado y se recomienda no lavarlo”, desvelan desde L’Arca.

Novia con mantilla antigua© Alejandra Salido

Qué hacer si la mantilla se pone amarilla

Como sucede con muchos otros textiles históricos, nos cuentan desde la casa catalana, el amarilleamiento de las mantillas es habitual. “Se debe a la oxidación de la fibra, pero muchos de los tratamientos pueden dañar irreversiblemente fibras como la seda”, puntualizan. Entre sus clientas es común la petición de blanquear una mantilla para que case mejor, por ejemplo, con un vestido de novia. “Antes de intentar blanquear, primero evaluamos si el amarilleamiento forma parte del envejecimiento natural de la seda o si procede de suciedad. No es recomandable si es muy antigua, lavarla en casa y hay que llevarlo a establecimientos expertos”, concluyen. De estos, apostillan, “quedan pocos”.