La ruta australiana que explica el fenómeno Jacob Elordi (y su magnetismo)
La película Cumbres borrascosas ha terminado por convertir a Jacob Elordi en uno de los hombres del momento. Es el chico de moda. Tiene al mundo fascinado con su estilo, su altura, su carisma y a los españoles con sus raíces vascas. Todo lo que dice, todo lo que hace se analiza y gusta. El actor, que se hizo popular por la trilogía Mi primer beso, luego se ganó el corazón del público gracias a Euphoria, y es conocido también por su historial amoroso, desde Zendaya o la modelo Kaia Gerber a la más reciente, la influencer Olivia Jade, vive un momento dulce. Lo refuerza su primera nominación a los Oscar como Mejor Actor de Reparto por su papel en Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro, además de las 8 estatuillas a las que opta la película que protagoniza junto a Margot Robbie.
Jacob Elordi no ha sido elegido para protagonizar la versión cinematográfica de la novela de Emily Brontë por casualidad. Hay en él una oscuridad contenida, una belleza indómita y un magnetismo que no se explican solo desde la actuación, sino desde el lugar del que viene. Para entender por qué el actor que da vida al melancólico Heathcliff de Cumbres borrascosas, resulta tan convincente, hay que mirar un mapa y seguir sus pasos haciendo la ruta australiana que va de Brisbane a Byron Bay y conecta, a miles de kilómetros, con el norte de España.
Elordi nació y creció en Brisbane, la soleada capital de Queensland y tercera ciudad más grande de Australia, detrás de Sidney y Melbourne. A orillas del río del mismo nombre, Brisbane es una mezcla de modernidad cosmopolita y naturaleza exuberante. No tiene playa, pero sus habitantes no se han resignado y han creado la artificial de South Bank. En el lugar más vibrante de la ciudad, con jardines y senderos a lo largo del río, las famosas letras de la ciudad, museos imprescindibles como la Galería de Arte Moderno y el Museo de Queensland y una noria para ver la ciudad desde las alturas.
En el barrio de Kangaroo Point se localiza uno de los iconos de Brisbane, es el Story Bridge, el puente que une la zona norte y sur de la ciudad y se puede cruzar caminando, en bicicleta, en barco con el City Hopper —un servicio gratuito municipal— ¡y hasta escalarlo!
Si hay algo que no falta en Brisbane son mercados: de artesanía, de fruta y verdura, gastronómicos… El imprescindible es el Eat Street North Shore, el food market más grande de la ciudad, donde sus más de 180 puestos de comida se montan cada viernes con vistas al río.
El shopping tiene su sitio en The Queen Street Mall, la calle peatonal donde se concentran las boutiques más selectas de la ciudad. No solo hay tiendas, también un sinfín de bares y mucho ambiente a cualquier hora del día. En sus alrededores, está el edificio del ayuntamiento (Town Hall) así como la estación central de tren y uno de los dos jardines botánicos de Brisbane. El segundo, casi el doble de grande, es el del monte Coot-tha, al que los locales van a hacer deporte, disfrutar de la naturaleza o asomarse a su mirador, porque tiene una de las mejores vistas panorámicas.
Dos cosas más que no hay que perderse en Brisbane es ver Lone Pine Koala Sanctuary, la reserva de koalas más antigua y grande del mundo, y cruzar a La Perouse, una pequeña isla fortificada. Conectada por un puente, tiene una historia increíble y es un lugar ideal para explorar, ver el atardecer en el oceáno o bucear, porque sus aguas están llenas de vida marina.
BYRON BAY, SU REFUGIO
El galán de Cumbres Borrascosas, que defiende no tener redes sociales, vive en Los Ángeles, pero está unido a otro destino australiano de ritmo más tranquilo: Byron Bay, en el que hace unos años adquirió una propiedad de 2,3 hectáreas rodeada de bosque, con una residencia principal y una casa de invitados independiente.
La finca lo coloca en un vecindario de lo más exclusivo, donde también reside otra estrella australiana, Chris Hemsworth, junto a Elsa Pataky y su familia. Un lugar que atrae a las celebridades por su esencia relajada y por la posibilidad de llevar una vida alejada del foco mediático.
A algo menos de dos horas de Brisbane, Byron Bay es un destino costero muy popular en el estado de Nueva Gales del Sur, al este de Australia, famoso por sus hermosas playas, sus impresionantes paisajes y su espectacular naturaleza. Nada tiene que ver con el bullicio de las grandes ciudades.
El icono de Byron Bay no es un puente, como en la ciudad natal de Jacob Elordi, sino un faro, el de Cape Byron. Situado en el punto más oriental de Australia, es el primer lugar donde el sol sale cada mañana en el continente. Se inauguró en 1901 como guía de navegación y hoy atrae a los visitantes por sus impresionantes vistas del océano Pacífico y, entre mayo y noviembre, por la posibilidad de avistar delfines y ballenas en migración. El acceso al faro se realiza por un sendero de casi 4 kilómetros que permite disfrutar del paisaje, las playas y miradores como Wategos Beach. En la cima, un pequeño centro de visitantes relata la historia del lugar.
Pero Byron Bay es conocido, sobre todo, por sus playas, cada una con su encanto: Main Beach, céntrica y concurrida, ofrece ambiente con restaurantes, cafés y surfistas; Wategos Beach es más tranquila y se ubica al pie del cabo. Tallow Beach, menos turística, se extiende dentro del Parque Nacional de la Costa de Byron; y Clarkes Beach es popular entre surfistas y sirve como inicio del sendero hacia el faro. El surf es una actividad central en la cultura local, con tiendas, eventos y competiciones, pero aquí también se hace esnórquel, kayak, paddle surf y rutas en barco.
Ese estilo de vida y esa creatividad se reflejan también en sus galerías de arte, como The Byron Bay Gallery, y en sus mercados locales. Destaca el Byron Bay Farmers Market con productos frescos, arte y alimentos orgánicos, mientras que otros están dedicados a la artesanía o la gastronomía internacional, como el Byron Bay Night Market, en el Civic Centro.
Y hay dos lugares imprescindibles en Byron Bay que reflejan su enfoque en bienestar y sostenibilidad: The Farm, una granja orgánica que combina producción local, restaurante y actividades agrícolas; y The Balcony Bar & Oyster Co (balcony.com.au), donde se pueden disfrutar ostras frescas servidas de múltiples formas y estilos.
ONDARROA, LAS RAÍCES VASCAS DE JACOB ELORDI
La ruta del intérprete australiano llega hasta España, concretamente al rincón vasco donde están sus raíces. Porque en Ondarroa nació Joaquín Elordi, su abuelo paterno, y creció su padre. Y él presume de ello, tanto que ha desvelado que su objetivo es actuar en español, aunque no conoce muy bien el idioma.
En el límite de Vizcaya con Guipúzcoa, que marca el río Artibai, Ondarroa es una villa ajetreada gracias a su puerto, uno de los más importantes de Europa en pesca de altura. Conserva bien el casco antiguo, muy marinero y con callejas tan empinadas que se ha instalado un ascensor para salvar sus desniveles. Si buena parte del encanto de esta zona lo acapara la iglesia gótica de Andra Mari, en una de esas calles está la torre Likona, donde nació la madre de Ignacio de Loyola.
Ondarroa tiene una ballena en el escudo y dos playas, la urbana de Arrigorri y la salvaje de Saturraran. En realidad, esta última pertenece al vecino municipio de Mutriku, pero está más cerca de Ondarroa y mejor comunicada con ella gracias a un paseo. Además, presume de puentes, tres de ellos bien llamativos: el Viejo, el de la Playa, que antiguamente era de peaje y, por eso mismo, se le conocía como el del Perrotxiko; y el más moderno de Itsasaurre, obra inconfundible de Santiago Calatrava, que recuerda el esqueleto de una ballena.









