Los estudiantes venezolanos vuelven a la calle y desafían al chavismo reciclado de Delcy

Los estudiantes venezolanos vuelven a la calle y desafían al chavismo reciclado de Delcy

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Fue un día histórico, de los de verdad. Los estudiantes desafiaron este martes al chavismo reciclado, liderado por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, cuando se cumplía un mes del día que todo cambió: la madrugada en la que un comando de los Delta Force bajó desde los cielos oscuros de Caracas para llevarse por la fuerza al tirano Nicolás Maduro. Se trataba de la primera manifestación política 13 meses después de la protesta que acabó con la detención de María Corina Machado.

El terrorismo de Estado impuesto desde entonces imposibilitó cualquier ejercicio democrático, de ahí la trascendencia de lo ocurrido este martes: otra vez en las calles, aunque fuera dentro del propio recinto universitario. "Pensaron que el miedo iba a ser eterno", argumentó uno de los dirigentes universitarios, encaramado a un pequeño estrado, como en los viejos tiempos. Varios cientos de universitarios, apoyados por dirigentes gremiales y madres de presos, engordaron la concentración que reclamaba la libertad de todos los prisioneros políticos. Fueron casi mil y, entre ellos, escondidos entre la gente, varios espías del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), dispuestos a medir las emociones.

Los agentes, los mismos que han perseguido al pueblo venezolano desde hace años, comprobaron en primera persona cuáles son las consecuencias de sus desmanes. Fanny Lozada, una de las madres, subió al pequeño escenario para pedir ayuda. Desde que los represores se llevaran a su hija, Ariannys Araujo Lozada, en agosto pasado, nada sabe de ella. Por eso se ha instalado desde hace días a las puertas de Zona Siete, uno de los centros de la Contrainteligencia Militar, para pedir una fe de vida.

Fanny conoce de primera mano cómo se las gasta la dictadura para sembrar terror. Se los llevaron a todos, a su familia, incluidos sus nietos pequeños. Al chico de 15 años le torturaron. "Le amarraron la cabeza con bolsas, le metieron corriente [eléctrica]. Un bebé que está empezando la vida, cuarto año de Bachillerato. No ha querido seguir estudiando... Necesito me que ayuden por favor", explicó la abuela con tanto desgarro que se desmayó al instante, chocando fuertemente contra el suelo.

El presidente de la Federación de Centros Universitarios, Miguelangel Suárez, sostiene a Fanny Lozada tras desmayarse.

El presidente de la Federación de Centros Universitarios, Miguelangel Suárez, sostiene a Fanny Lozada tras desmayarse.EFE

No es para menos. El propio Diosdado Cabello se había mofado de su hija tras ser detenida por un pequeño ejército y dos tanquetas, acusada de participar en una falsa conspiración con un explosivo en la céntrica Plaza Venezuela. Para dotar de más suspense al relato imposible, el chavismo aseguró que el mote guerrero de Ariannys era La negra, apodo cariñoso de miles y miles de mujeres en Venezuela.

La realidad es que el chavismo ha modernizado los viejos sistemas inventados por los nazis, la tan temida técnica del Sippenhaft, que provoca el dolor ejemplarizante a los seres más queridos, sobre todo en las familias de los militares sospechosos.

Las atenciones a la abuela héroe no fueron suficientes y necesitó ser trasladada hasta el Hospital Universitario, otra muestra más de las heridas provocadas por la dictadura y su obsesión por el poder. En los días previos han fallecido dos madres; sus corazones reventaron. Una de ellas, la madre del periodista Ramón Centeno, pocas horas después de que este recuperara la libertad, atado a una silla de ruedas.

"Hoy desperté y no te encontré. Quiero que me la devuelvan, por favor, a más tardar mañana. Me hace falta, extraño su valentía y su ejemplo. Permíteme soñar con ella. Papá Dios, dile que seguirá esperando a Mayra. Mamá, ven pronto", recitó Centeno antes de que su ataúd quedara sellado para siempre.

"Alzamos la voz por los que no pueden. Esto se tiene que acabar. Basta de dolor, basta de sufrimiento. No podemos permitir que este sistema siga destruyendo a los venezolanos y a este país. Los queremos a todos de vuelta", clamó Rosa Cucunuba, vicepresidenta de la Federación de Centros Universitarios (FCU), de la Universidad Central de Venezuela.

La marcha acabó en paz; no podía ser de otra forma. En esta ocasión no hubo ni bombas de gas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) ni balas asesinas de los paramilitares chavistas. Y parte de culpa de la tregua no declarada la tiene la diplomática Laura Dogu, que este martes reabrió la embajada estadounidense en Caracas con un mensaje para el país y para el Gobierno.

"Hola, Venezuela. Mi nombre es Laura Dogu. Nuevo capítulo, manos a la obra", afirmó quien fuera embajadora ante el dictador nicaragüense Daniel Ortega y ante el Gobierno de izquierda radical de Honduras. Dogu se reunió en la víspera con los hermanos Rodríguez en el Palacio de Miraflores y, para dejar claro quién manda, se refirió a ellos por sus nombres, no por los cargos.

La embajadora, como si fuera protagonista de una nueva temporada de la serie La Diplomática, repitió a unos y a otros cuál es la hoja de ruta de Washington para el proceso abierto hace un mes: " (1) Estabilización y recuperación de la seguridad [en el que ahora se encuentra el país], (2) recuperación de la economía para beneficio de todos los venezolanos, y (3) transición para una Venezuela amigable, próspera y democrática".

Dogu sorprendió durante su estancia en Tegucigalpa por su capacidad para encontrar consensos, por su mano izquierda para sobrellevar los excesos tropicales de la izquierda chavista del país y por unos mensajes cargados de intenciones. Basta ver el vídeo con el que anunció la reapertura, tras siete años, de la embajada en Valle Arriba: el nuevo capítulo comenzó con una imagen de la noche caraqueña, con una oscuridad muy similar a la que acompañó la acción militar del 3 de enero, que ya ha cambiado la historia del país caribeño.