Marco Rubio anuncia una hoja de ruta en tres fases de la transición teledirigida para Venezuela
La transición teledirigida para Venezuela confeccionada por Washington ya tiene hoja de ruta, dividida en tres fases, que el secretario de Estado, Marco Rubio, presentó este miércoles ante el Congreso. Un plan muy ambicioso que de momento contrasta con las primeras decisiones y los primeros gestos de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, que aprovechó el martes una reunión económica para asegurar al país que "el gobierno de Venezuela rige en nuestro país, más nadie. No hay agente externo que gobierne a Venezuela".
Para Rubio, cabeza del triunvirato designado por Donald Trump, "el primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos", insistió el líder cubanoamericano, principal razón para que, pese a su cercanía con María Corina Machado, apostara por la fórmula de los hermanos Rodríguez para regir la primera etapa de la transición.
La principal carta para empujar esta primera fase, al margen de la demostración de hegemonía militar del pasado 3 de enero con la extracción del tirano chavista, es lo que Rubio denomina "cuarentena", el bloqueo naval que ha supuesto un jaque para el petróleo venezolano.
"Estamos a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela", confirmó Rubio lo adelantado por Trump horas antes. En principio, un buen negocio para ambas partes si no fuera porque Washington pretende administrar ese dinero para que no caiga, como hasta ahora, en las garras revolucionarias.
"Tenemos mucha influencia para avanzar en la estabilización", insistió el exsenador, confiado en la fortaleza de sus argumentos.
Si la venta del petróleo se concreta y el dinero comienza a fluir comenzaría la segunda fase, la recuperación, consistente en que "empresas estadounidenses, occidentales y de otros países" tengan acceso al mercado venezolano de forma justa. El oro negro nutriría la maquinaría del Estado, que en paralelo, generaría "un proceso de reconciliación nacional para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil".
La oposición democrática ha enarbolado la bandera de la liberación de los presos políticos como su principal estandarte, algo para lo que no admiten plazos largos. Las expectativas entre presos y familiares se han disparado en las últimas horas, incrementadas además por las palabras de Trump, quien aseguró que una cárcel del centro de Caracas, en referencia al Helicoide, había comenzado su cierre.
"Y la tercera fase, por supuesto, será de transición. Parte de esto se solapará. Se lo he descrito con gran detalle", concluyó Rubio, que eludió hablar de tiempos. En cambio, Trump sí calculó que para recuperar la industria petrolera serían necesarios al menos 18 meses.
El primer interrogante que se abre es cómo encaja la hoja de ruta estadounidense con los intereses del chavismo, que todavía se lame las heridas pero que junto a sus aliados cubanos ya planea cómo atornillar el control del país. Los primeros gestos de Delcy Rodríguez caminan en sentido contrario a lo expuesto por Rubio, pese a que PDVSA anunció ayer que la venta de los 30 millones de barriles se enmarca en el mismo esquema que actualmente rige el acuerdo con la estadounidense Chevron.
Para no complicarse la vida, Delcy ha decidido hablar lo justo: visitó la tumba de Hugo Chávez en el Cuartel de la Montaña, lo mismo que habría hecho Maduro; se puso una camiseta para exigir el regreso de su antiguo jefe político a Caracas y decretó siete días de luto nacional.
Si algo ha aprendido la presidenta encargada, a fuerza de sustos, es que no debe imitar los grotescos bailes del "presidente pueblo" ni cantar nuevas versiones de John Lennon. Además, no es su estilo. Tampoco es experta en discursos, que suelen ser trabados y siempre anodinos. Pero de momento, los hechos acompañan lo que habla por televisión, bajo censura, y donde solo cabe la propaganda: la represión chavista continúa y su primer nombramiento recupera a uno de los ogros de los abusos a los derechos humanos y de los crímenes de lesa humanidad.
Con las policías desplegadas y los paramilitares empeñados en mantener el miedo entre la gente, Delcy ha elegido para que la proteja al general Gustavo González López, antiguo director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), la policía política del régimen, protagonista tóxico de muchos informes de la ONU. También dirigirá la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), que de esta forma arrebata a Diosdado Cabello.
Washington ha trasladado al número dos de la revolución, sobre el que persiste una recompensa de 25 millones de dólares, que no puede entorpecer el proceso transitorio. Las consecuencias ya las conoce.
"La elección de Delcy podría aportar estabilidad dentro del territorio y ayudar a contener a las facciones más radicales del chavismo, evitando que salgan a sabotear oleoductos o el sistema eléctrico. ¿Por qué trabajar en esta fase con agentes del régimen? Bastante sencillo: porque, de lo contrario, EEUU tendría que desplegar tropas sobre el terreno. Y quieren evitarlo", precisa para EL MUNDO el analista Enderson Sequera.
Sobre la segunda fase, el politólogo adelanta que "EEUU quiere tener acceso privilegiado al petróleo venezolano. Es probable que veamos un levantamiento de sanciones sectoriales y una mayor presión de la Casa Blanca para que esta apertura petrolera priorice a empresas occidentales y desplace a Rusia y China".
Y en paralelo, la amnistía y una suerte de liberalización política, que con el tiempo conduciría a las elecciones que no citó Rubio pero que sí barruntó Trump. "Para que estas etapas se cumplan, EEUU tiene que asegurarse de castigar cualquier salida del guión con nuevas extracciones o ataques en Venezuela", concluyó Sequera.