Los NPC de los "expertos" en Venezuela

Los NPC de los "expertos" en Venezuela

No es fácil ser joven en Venezuela. Estudian en un país que no ofrece muchas perspectivas de futuro, o trabajan en tiendas y en restaurantes por un sueldo que nos les permitirá independizarse de los padres. Tampoco es fácil ser viejo en Venezuela. Muchos viven solos, dependiendo de la compasión de los vecinos, mientras ven crecer a los nietos desde una ventana del teléfono. O les ha tocado criarlos, porque sus padres salieron del país en la búsqueda de la subsistencia.

En general, no es fácil ser venezolano en ninguna edad ni en ningún lugar. Todos, adentro, afuera, sienten que han perdido algo irreparable: un ser querido que murió sin poder despedirlo, las oportunidades que no conocerán, el sosiego. Sin embargo, tratan de no frustrarse ante lo complicado que resulta todo: hacer una gestión ante un organismo público, las filas para echar gasolina, el clima de permanente amenaza. Y, como saben que es poco lo que pueden hacer (lo que resta por hacer, porque lo intentaron todo: votar, abstenerse, marchar, protestar, organizarse), van tirando de la vida lo mejor que pueden.

En Venezuela, las referencias temporales las proporcionan los hitos de esa larga calamidad. Eso fue el año del apagón, dicen para referir un suceso personal. O el de las protestas del 2017. O las del 2014. O la época de las colas. O el año de la hiperinflación.

La pandemia, que fue una tragedia mundial, es apenas uno de los tantos hitos. Y no necesariamente el más rudo.

El kit de supervivencia incluye una inextinguible capacidad de sobreponerse a los reveses. Y a acostumbrarse a que las pequeñas victorias duran poco. Pero siguen insistiendo, tratando de no volverse locos. Eso supone adaptarse a condiciones extremas, porque ya la piel ha hecho cuero.

Y, aunque prácticamente no hay prensa escrita, ni emisoras de radio que no sean progubernamentales o que no se autocensuren, y pocos sean los portales noticiosos independientes que no estén bloqueados, se mantienen informados de todo. El venezolano es adicto a TikTok, Instagram y X (este último prohibido en el país, pero la gente se conecta a través de una VPN). No quisieran tener que vivir hablando de política, pero sienten que de desentrañar las señales en medio del ruido depende su vida.

El que lo mira desde afuera casi no nota lo complicado que es todo. La gente procura minimizar la dificultad para creer que está viviendo la vida casi como en cualquier parte. Y, claro, para no angustiar a los familiares que están afuera.

Es un proceso permanente de sobreponerse y adaptarse a circunstancias complejas y cambios permanentes que exige un constante entrenamiento. Es la palabra resiliencia en su más pura definición.

Ese proceso es un inmenso frente de batalla cotidiano en el marco de una inflación galopante, un dólar (valor referencial de toda transacción, así se pague en bolívares) que "sube" a diario, un permanente estado de ansiedad, vivir sometidos a arbitrariedades de todo tipo y una absoluta ausencia de certeza sobre el porvenir. Y cuestiones de índole doméstico, como que el agua "la ponen" a determinada hora y la gente procura estar ahí, puntual, esperando que llegue para ducharse. O, algo muy común en regiones más alejadas de Caracas, administrando su tiempo para adaptarlo a los cortes programados (o no) de energía.

Y el que no sabe todo esto no lo nota, porque la gente lo ha asimilado tanto que ya no es tema de conversación. Hay en ello, además, una mezcla de pudor con dignidad. Y la tozudez de no permitirse la derrota.

Son vidas que, en su largo camino, han conocido la frustración, el sufrimiento, la desesperanza, la estrechez económica, la ansiedad, el desasosiego, la rabia, el duelo no como accidentes que de tanto en tanto visitan a cualquiera, sino de una forma prolongada, permanente, ubicua. Por eso cuando celebran, celebran. Y aprendieron a reírse de su tragedia, entendiendo que en ello hay algo sabio, instintivo, sagrado: la determinación de no perder la alegría de vivir. Tanto que, con todas las calamidades cotidianas, el que viene a visitar a la familia por unos días siente que llegó al hogar. Esa calidez, esa alegría vital, ese sentido del humor es un combustible que descubre que estaba necesitando.

Vivir así requiere determinación. La que han desarrollado los treinta millones de venezolanos que están dentro, y los ocho millones que están afuera.

En Hardly Working, un ingenioso cortometraje de 2022, cuatro directores usan el videojuego Red Dead Redemption 2 para hacer seguimiento a varios personajes no jugables (NPC, siglas de Non-Player Character), esos que hacen de fondo a los protagonistas y que no tienen nombre, por lo que apenas se les conoce por su rol: la lavandera, el carpintero, la barrendera, el pescador, el jornalero... Son parte del paisaje y son tan irrelevantes que nadie, salvo los geniales creadores del corto, se molesta en reparar en ellos ni en sus vidas.

Luego de 26 largos, complejos e indescriptibles años, las tribunas de pronto se han llenado de expertos sobre Venezuela que disertan con pasión y encono acerca del inexcusable imperialismo y se mortifican por el destino del petróleo venezolano. Los venezolanos, quienes han vivido en primera fila los hechos, han sido reducidos a los NPC de esas discusiones. Nadie les pregunta, nadie tiene una idea de lo que han sido sus vidas. Son figuras irrelevantes que, cuando sus testimonios contradicen el relato de esos discursos, son invisibilizadas. Y si tienen el atrevimiento de manifestar su alegría ante la posibilidad de retornar a un país mejor del que dejaron, son duramente etiquetados con un rol (en el videojuego de los "expertos") que explica todo extravío: Fascistas.

Quienes esgrimen con tanta ligereza ese término deberían recordar a Borges, cuando advirtió que "hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos". Reducir un complejísimo entramado de cosas a un eslogan, y millones de vidas a figuras de utilería, deberían ser síntomas preocupantes.

*Héctor Torres es autor de Caracas muerde (Editorial De Conatus).