María Aguirre, psicóloga, sobre el vínculo de Pedro Porro con su abuelo: "Los valores no se heredan porque alguien los explique, sino porque se viven una y otra vez delante de nosotros"
Detrás del éxito deportivo y los grandes hitos en lo profesional, a menudo se esconden historias de raíces, gratitud y aprendizaje vital. Así lo ha demostrado recientemente el futbolista Pedro Porro, quien, tras coronarse campeón del mundo con la Selección Española, quiso cumplir una promesa muy especial: viajar a su hogar en Don Benito para entregarle la medalla de campeón a su abuelo Antonio. Con sus emotivas palabras dedicadas a quien considera su mayor pilar, agradeciéndole haberle enseñado "con el ejemplo el valor del esfuerzo, la humildad y la familia", el deportista dejó claro que los triunfos más importantes son siempre compartidos.
Este vínculo tan auténtico entre abuelos y nietos plantea una valiosa reflexión desde la psicología: ¿por qué la figura de los abuelos deja una huella tan profunda y distinta a la de los padres? ¿Cómo ayuda su historia a mantener "los pies en la tierra" a jóvenes que alcanzan el éxito temprano? Para profundizar en este impacto emocional, la resiliencia y el valor de las raíces familiares, hablamos con María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria, experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana.
Desde la psicología, ¿por qué el modelo de conducta de un abuelo, que a menudo ha vivido etapas de mayor esfuerzo o dificultad, cala de forma tan distinta o profunda en un nieto que el de los propios padres?
Porque los abuelos suelen representar una figura de referencia diferente. Los padres educan, ponen límites y toman decisiones cotidianas; los abuelos, en cambio, tienen más espacio para compartir experiencias sin la presión de corregir o exigir. Eso hace que sus historias se escuchen con menos resistencia.
Además, transmiten algo muy valioso: una perspectiva temporal. Su propia vida demuestra que las dificultades pueden superarse, que los errores no son el final del camino y que el esfuerzo sostenido acaba teniendo sentido. Para un niño o un adolescente, ver esa coherencia entre lo que alguien dice y lo que ha vivido convierte esos aprendizajes en mucho más creíbles.
Vivimos en una sociedad dominada por la inmediatez. ¿Cómo ayuda a los niños y jóvenes conocer la historia de esfuerzo de sus abuelos a la hora de desarrollar tolerancia a la frustración y resiliencia?
La resiliencia no se enseña únicamente diciendo “hay que ser fuerte”, sino ofreciendo modelos reales de personas que han afrontado dificultades y han seguido adelante.
Cuando un niño conoce las renuncias, el trabajo o los obstáculos que atravesaron sus abuelos, entiende que las cosas importantes rara vez llegan de forma inmediata. Descubre que la frustración forma parte del camino y no significa que uno esté fracasando.
Estas historias ayudan a cambiar la perspectiva: del “lo quiero ahora” al “merece la pena esperar y esforzarse”. En un contexto donde la recompensa suele ser instantánea, ese aprendizaje tiene un enorme valor psicológico.
La propia vida de los abuelos demuestra que las dificultades pueden superarse, que los errores no son el final del camino y que el esfuerzo sostenido acaba teniendo sentido
¿De qué manera la figura de los abuelos ayuda a mantener "los pies en la tierra" a jóvenes que alcanzan el éxito temprano (deportistas, profesionales, etc.) o que crecen en entornos con muchos estímulos y facilidades?
Los abuelos suelen recordar quién eres antes que lo que consigues. Mientras el entorno puede centrarse en los resultados, ellos acostumbran a valorar aspectos como el esfuerzo, la educación, la humildad o la manera de tratar a los demás. Eso protege especialmente a quienes alcanzan el éxito muy pronto. Ayuda a que la identidad no dependa únicamente del rendimiento o del reconocimiento externo, sino de valores más estables.
En psicología sabemos que construir la autoestima sobre quién eres, y no solo sobre lo que logras, hace a las personas mucho más resistentes cuando llegan los momentos difíciles.
Hablar de raíces es hablar de origen. ¿Qué impacto psicológico tiene en la autoestima de un niño o adolescente sentirse parte de una historia familiar que va más allá de su núcleo directo?:
Sentirse parte de una historia más amplia aporta identidad y sentido de pertenencia. Los niños necesitan responder, aunque sea de forma inconsciente, a preguntas como: “¿Quién soy?” o “¿De dónde vengo?”. Cuando conocen la historia de su familia entienden que forman parte de algo que empezó mucho antes de ellos. Eso fortalece la sensación de continuidad y seguridad. La autoestima no nace solo de sentirse capaz, sino también de sentirse conectado. Saber que perteneces a una familia con valores, aprendizajes y experiencias compartidas actúa como un ancla emocional especialmente importante en la adolescencia.
¿Por qué la relación con los abuelos suele percibirse con menos juicio o exigencia que la relación con los padres? ¿Cómo favorece esta libertad la transmisión espontánea de valores?
Porque el vínculo cumple funciones diferentes. Los padres tienen la responsabilidad de educar y eso implica corregir, poner normas y gestionar conflictos. Los abuelos, generalmente, pueden relacionarse desde un lugar más relajado y afectivo. Cuando una persona no siente que está siendo evaluada, baja sus defensas y escucha con más apertura. Por eso muchos valores se transmiten sin necesidad de grandes discursos: aparecen mientras cocinan juntos, pasean, juegan o conversan. La educación más profunda muchas veces ocurre precisamente cuando nadie siente que le están intentando educar.
Cuando un adulto dice "todo lo que soy lleva una parte de ti", en relación a sus abuelos, ¿a qué tipo de huella psicológica o memoria afectiva se refiere? ¿Cómo influye ese legado en la forma en que el nieto construirá sus propias relaciones en el futuro?
Se refiere a una memoria afectiva que va mucho más allá de los recuerdos concretos. Son formas de mirar la vida, de afrontar los problemas, de cuidar a los demás o de relacionarse con uno mismo que se han ido interiorizando con los años. Muchas veces no recordamos una conversación exacta, pero sí la sensación de seguridad que nos transmitía esa persona, la calma con la que resolvía los conflictos o la forma en la que demostraba cariño. Esas experiencias repetidas acaban formando parte de nuestros propios modelos internos de relación y condicionan cómo construiremos vínculos con nuestros hijos, nuestra pareja o las personas que nos rodean.
Los valores se transmiten mucho mejor mientras se cocina una receta familiar, se mira un álbum de fotos, se arregla algo en casa, se da un paseo o se escucha una historia que surge de manera natural
En el día a día actual, marcado por las prisas y la tecnología, ¿cómo pueden los padres facilitar que se transmitan estos valores de abuelos a nietos sin que suene a "batallita" o sermón?
La clave es crear experiencias compartidas, no solo conversaciones. Los valores se transmiten mucho mejor mientras se cocina una receta familiar, se mira un álbum de fotos, se arregla algo en casa, se da un paseo o se escucha una historia que surge de manera natural. Los padres también pueden despertar la curiosidad haciendo preguntas sencillas a los abuelos delante de los niños: “¿Cómo era tu primer trabajo?”, “¿Qué hacías cuando tenías mi edad?”, “¿Cuál fue el momento más difícil que viviste?”.
Cuando la historia nace de la curiosidad y no de la obligación, deja de ser un sermón y se convierte en un legado.
Si tuvieras que dar un consejo a los padres de hoy sobre cómo facilitar que este mensaje transmitidos por los abuelos de esfuerzo, humildad y familia, pase de los abuelos a los nietos sin forzarlo, ¿cuál sería el primer paso?
Les diría que protejan el tiempo compartido. No hace falta organizar grandes actividades ni convertir cada encuentro en una lección de vida. Basta con permitir que abuelos y nietos convivan, hablen, se aburran juntos y compartan momentos cotidianos. Los valores no suelen heredarse porque alguien los explique perfectamente, sino porque se viven una y otra vez delante de nosotros. Los niños aprenden observando cómo sus abuelos tratan a los demás, cómo afrontan las dificultades, cómo hablan de la familia o cómo encuentran satisfacción en las cosas sencillas.

