María García, psicóloga y maestra de Educación Infantil, sobre el narcisismo en niños: "No suele ser un exceso de autoestima, sino una forma de compensar una autoestima vulnerable"

María García, psicóloga y maestra de Educación Infantil, sobre el narcisismo en niños: "No suele ser un exceso de autoestima, sino una forma de compensar una autoestima vulnerable"

Aunque no es extraño oír hablar de niños narcisistas, no es una terminología adecuada al referirnos a menores de edad, tal y como nos indica María García, psicóloga general sanitaria, experta en terapia familiar, psicopedagoga, maestra de Educación Infantil y directora del Centro de Evaluación e Intervención Corat de Grupo Aprender. Se trataría, en estos casos, de niños que presentan rasgos narcisistas, los cuales son el reflejo de otras situaciones que hacen daño al pequeño de una manera u otra. ¿Cuáles son esas causas? Y, sobre todo, ¿cómo reeducar al niño para que logre dejar de lado esos rasgos, ese narcisismo? La directora del Centro de Evaluación e Intervención Corat da las claves, que pasan por educar con respeto y fomentando la empatía en los hijos.

¿Cómo podríamos definir a un niño narcisista?

Más que hablar de "niños narcisistas" en sentido estricto, es más adecuado referirnos a rasgos narcisistas en la infancia. El narcisismo, como tal, es un constructo de personalidad complejo que no se consolida hasta etapas más avanzadas del desarrollo, y es en la vida adulta cuando podemos hablar de psicopatología de la personalidad.

En la infancia, podemos observar ciertos indicadores como una necesidad excesiva de admiración, dificultades para tolerar la frustración, tendencia a colocarse en el centro de todo o una limitada capacidad para reconocer las necesidades y emociones de los demás. Son niños muy centrados en sí mismos, a los que les cuesta ver al otro. Su necesidad de satisfacer sus propios deseos puede ser tan intensa que les resulta difícil atender al impacto que eso tiene en los demás.

En cualquier caso, es fundamental compartir estas inquietudes con profesionales de la psicología infantil, ya que estos rasgos deben interpretarse siempre dentro del momento evolutivo del niño. Cuando en Corat realizamos una evaluación ante una demanda de este tipo, nunca se trata de "etiquetar", sino de comprender qué necesidades emocionales hay detrás del comportamiento.

Más que afirmar que hay más niños narcisistas, podríamos decir que ciertos rasgos narcisistas son hoy más visibles e incluso reforzados socialmente.

María García, psicóloga general sanitaria, experta en terapia familiar, psicopedagoga, maestra de Educación Infantil y directora del Centro de Evaluación e Intervención Corat de Grupo Aprender

¿Por qué algunos niños desarrollan una personalidad narcisista?

El desarrollo de rasgos narcisistas es multifactorial. Por eso, en Corat resulta clave analizar el contexto familiar y la historia del niño antes de intervenir. No hay una única causa, sino una combinación de variables:

· Estilos de crianza: tanto la sobrevaloración excesiva (“eres mejor que todos”) como la falta de validación emocional pueden contribuir. En ambos casos, el niño puede construir una imagen inflada o frágil de sí mismo como forma de protección.

· Dificultades en el apego: cuando no hay una base segura, el niño puede desarrollar estrategias defensivas centradas en la autoexaltación o el control.

· Experiencias de inseguridad o herida emocional: el narcisismo no suele ser un exceso de autoestima, sino una forma de compensar una autoestima vulnerable.

· Factores temperamentales: mayor sensibilidad a la valoración externa o menor tolerancia a la frustración.

· Dificultades en los límites o sobreprotección.

En Corat entendemos estos rasgos no como un problema en sí mismo, sino como una adaptación psicológica que en su origen tuvo una función protectora. Esta mirada nos permite intervenir de forma preventiva y favorecer un desarrollo más saludable a largo plazo.

¿Cómo de importante es fomentar la empatía en los niños para evitar que acaben siendo unos pequeños narcisistas?

La empatía es un pilar central en el desarrollo emocional y social. Permite al niño reconocer al otro como alguien con emociones, necesidades y límites propios, y salir progresivamente de una posición centrada exclusivamente en sí mismo.

Ahora bien, la empatía no se enseña desde la imposición, sino desde la experiencia. Los niños desarrollan empatía cuando han sido tratados con empatía. Por tanto, más que "evitar que sean narcisistas", el foco debería estar en favorecer un desarrollo equilibrado del self, donde el niño pueda sentirse valioso sin necesidad de situarse por encima de los demás y pueda reconocer al otro como un sujeto diferenciado y digno de consideración.

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¿Cómo educarlos con empatía? ¿Hay algunas claves que las familias puedan seguir en casa?

Educar con empatía implica un equilibrio entre validación emocional y establecimiento de límites. Algunas claves prácticas que en Corat recomendamos son:

· Validar sin idealizar: reconocer lo que el niño siente (“entiendo que estés enfadado”) sin convertirlo en alguien excepcional por sistema.

· Poner límites claros y consistentes: la empatía no excluye la norma; los límites ayudan al niño a reconocer la existencia del otro.

· Nombrar emociones propias y ajenas: facilitar que el niño identifique cómo se siente y cómo pueden sentirse los demás.

· Fomentar la responsabilidad emocional: ayudarle a entender el impacto de sus conductas.

· Modelar: los adultos son el principal referente; la forma en que se relacionan es el mayor aprendizaje.

En definitiva, se trata de criar desde un lugar donde el niño se sienta visto, pero no sobredimensionado; acompañado, pero no centrado exclusivamente en sí mismo. Leído puede parecer sencillo, pero en la práctica es complejo. Por eso, en Corat acompañamos no solo a los niños, sino también a las familias, integrando el trabajo con padres en las intervenciones terapéuticas y educativas.

Niña con rasgos narcisistas© Getty Images
Niña con rasgos narcisistas

¿Son todos los niños narcisistas en algún momento, en alguna etapa de su vida?

En cierto sentido, sí. El egocentrismo forma parte del desarrollo normal, especialmente en las primeras etapas. El niño, por su propio nivel madurativo, percibe el mundo desde sí mismo. En los primeros meses de vida, incluso, su vivencia psíquica está profundamente fusionada con la figura materna. La progresiva introducción de un tercero y la relación con el entorno van permitiendo salir de esa vivencia de centralidad.

Este egocentrismo evolutivo no es patológico, sino necesario. A medida que el desarrollo avanza, el niño va incorporando la capacidad de descentrarse, empatizar y considerar otras perspectivas. El foco no está en que estos rasgos existan, sino en observar si se mantienen sin evolucionar o empiezan a generar dificultades en su día a día.

El egocentrismo forma parte del desarrollo normal, especialmente en las primeras etapas.

María García, psicóloga general sanitaria, experta en terapia familiar, psicopedagoga, maestra de Educación Infantil y directora del Centro de Evaluación e Intervención Corat de Grupo Aprender

¿Cómo reconocer que nuestro hijo tiene rasgos narcisista?

A través de nuestras evaluaciones integrales diferenciamos entre comportamientos evolutivos esperables y patrones de funcionamiento que se repiten en el tiempo y en distintos contextos y que requieren intervención. Algunas señales que pueden alertar son:

· Necesidad constante de ser el centro de atención o de recibir admiración.

· Baja tolerancia a la frustración, con reacciones intensas cuando no obtiene lo que desea.

· Dificultades para reconocer errores o asumir responsabilidad.

· Escasa consideración por los sentimientos o necesidades de los demás.

Por eso en Corat damos especial importancia a las intervenciones grupales, como Aprendizaje 4C, porque es en el contexto relacional donde estos patrones aparecen con mayor claridad. Al formar parte de un sistema, el niño muestra de manera más natural su forma de vincularse, lo que permite una intervención más ajustada y eficaz.

¿Cómo diferenciar, en un niño, la personalidad narcisista de una sana autoestima?

La diferencia clave está en la base sobre la que se construye el valor personal. En una sana autoestima, el niño se siente valioso por quien es. Puede reconocer fortalezas y límites, tolerar el error sin que su identidad se vea amenazada y conectar con los demás, incluso alegrándose por sus logros.

En los rasgos narcisistas, el valor personal suele ser más frágil y dependiente de la validación externa. El niño necesita destacar o ser reconocido para sentirse bien. Es una autoestima aparentemente elevada, pero vulnerable, con dificultades para gestionar la crítica, la frustración o la igualdad con otros. En otras palabras, la autoestima sana es estable y flexible; el narcisismo es defensivo y dependiente. Por eso, en Corat trabajamos para que el niño pueda reconocerse sin necesitar constantemente la aprobación externa, y acompañamos a las familias en ese proceso.

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¿Qué hacer para ayudarle una vez que claramente su personalidad parece ser narcisista? ¿Se puede cambiar?

Sí, se puede trabajar. En la infancia, la personalidad está en pleno desarrollo, lo que ofrece una gran oportunidad de intervención. Algunas líneas clave son:

· Revisar el estilo educativo, ajustando dinámicas de sobrevaloración o falta de validación.

· Favorecer experiencias de realidad, ayudando al niño a tolerar no ser siempre el mejor sin descalificarle ni sobrerreparar.

· Trabajar la empatía desde la experiencia, conectando con el impacto real de sus acciones.

· Acompañar la frustración, sin eliminar sistemáticamente aquello que le confronta.

El objetivo no es "quitar el narcisismo", sino fortalecer un sentido del self más seguro, realista y conectado con los demás.

A veces parece que ahora hay más niños narcisistas que antes. ¿Es así?

Más que afirmar que hay más niños narcisistas, podríamos decir que ciertos rasgos narcisistas son hoy más visibles e incluso reforzados socialmente. Influyen factores como la exposición temprana a redes sociales, la cultura de la comparación, la búsqueda de validación inmediata o la sobrevaloración del éxito y la imagen. A esto se suman cambios en los modelos educativos: el paso hacia estilos más centrados en el niño ha sido positivo, pero en algunos casos ha derivado en dificultades para sostener límites claros.

En este contexto, nuestro reto en Corat no es volver atrás, sino integrar lo mejor de ambos modelos: una crianza que valide, pero que también limite; que acompañe, pero que no gire exclusivamente en torno al niño.