Monstruosa indiferencia
Anna Starobinets (Moscú-1978) es una escritora que, trazo por trazo, ha empezado a ganar adeptos y espacio en las estanterías y lectoras por todo el mundo. Ha colonizado la imaginación de un sinfín de lectoras y lectores, por medio de sus hipnóticas y audaces tintas. Ha sabido condensar en relatos envueltos en una armazón narrativa, que oscila entre la distopía futurista, fantasía y ciencia ficción, las pinceladas precisas que ilustran los complejos y oscuros vericuetos del alma humana.
Por muchos, Anna Starobinets ha sido aclamada como “la reina del terror ruso”, y, sin embargo, su novela “Tienes que mirar”, es la más personal, real e impactante, al narrar el infierno personal que la escritora tuvo que surcar en el sistema sanitario ruso para interrumpir su embarazo.
Sin querer adelantar a las y los amables lectores, los detalles y entretelones propios de la necesaria y recomendada lectura de ese libro de Starobinets, sí puedo comentarles que de la plétora de emociones que esa obra me provocó, fue el no dejar de pensar que la monstruosa indiferencia de los servicios sanitarios, hospitalarios y médicos, son también en México -parafraseando a Starobinets-, la médula vivida de historias y relatos de “[…] la falta de humanidad” de nuestra sociedad.
La “Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares” emitido por el INEGI, reporta que aproximadamente 31.4% de las mujeres entrevistadas, señalaron alguna clase de violencia o maltrato obstétrico. Detrás de la frialdad de la numeraria, hay un sinfín de rostros de mujeres que afrontaron en la deshumanización burocrática, una vívida historia de indiferencia cuando no de terror.
Asociaciones civiles, defensoras de derechos humanos, activistas sociales y abogadas han forjado la dura labor de dar nombre y defensa a las historias de las mujeres, que han pasado por la antesala terrorífica e infernal de la atención hospitalaria en México. Un ejemplo, lo encontramos en el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) cuando nos narran en su sitio de internet: “Seis historias para no olvidar”.
Podemos leer casos ahí como el de Eugenia, que después de acudir al hospital por un aborto espontáneo en evolución, y que al salir del quirófano no encontró empatía, ni cuidado, ni mucho menos algún bálsamo para el dolor, sino únicamente el asedio de los Fiscales del Ministerio Público que lapidariamente esperaban para interrogarla. Ejemplo doloroso de la infinidad de muestras de frialdad e indiferencia con que muchas mujeres se enfrentan en nuestro “ejemplar” sistema sanitario.
Las historias de Lisbeth, Guadalupe, Pilar, Hortensia y Jazmín son también la radiografía de la cruel e insensible monstruosidad que brotan en los infernales vericuetos hospitalarios. Insensibilidad que se combate también con memoria y dignidad. Con la verdad como justicia.
Por eso estas historias nos exigen recordar que detrás de las estadísticas -estén o no al alza en comparación de otros años-, hay pasajes que no deben ser repetidos ni olvidados. Demandan de todos: verdad, memoria y justicia.
Como diría Anna Starobinets: “No se puede recuperar lo perdido. Aquellos que han perdido su apariencia humana no pueden convertirse de nuevo en personas. Pero el sistema se puede corregir y esa es mi esperanza.”
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ
MINISTRO EN RETIRO DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
EEZ