Patricia Espinosa, psicóloga, sobre profesores que dicen ‘no llegarás a nada’: “Si él no cree en el alumno, el alumno difícilmente va a creer en sí mismo”
El profesor es un referente para todo niño, especialmente entre los más pequeños. Por eso, sus mensajes, aquello que les dicen, los alumnos lo reciben como verdad absoluta. Aunque, afortunadamente, a día de hoy es muy infrecuente que un profesor se exprese del siguiente modo, ¿cómo afecta a los niños que su profesor les diga que no llegarán a nada? En el caso de de que sean algo más mayores, ya adolescentes, ¿cómo les impacta una afirmación de este tipo? Sobre ello hemos hablado con Patricia Espinosa Ortiz, psicóloga y coach, conocida en redes sociales como Patricia Psicoach (patriciapsicoach.com / @patriciapsicoach).
La especialista quien explica también cómo ayudar en casa a los niños y a los adolescentes que hayan recibido un mensaje tan dañino por parte de su profesor y qué hacer para que vuelvan a creer en sí mismos.
Es un mensaje muy dañino por las connotaciones que tiene de anular las posibilidades de “llegar a ser” cuando está en pleno desarrollo cognitivo, socio-emocional, físico y del lenguaje.
¿Cuáles son las circunstancias que llevan a un profesor a creer algo así y a decírselo a su alumno?
Es todo un conjunto de circunstancias las que pueden derivar a que un profesor diga a un alumno “no llegarás a nada”. Lo primero de todo, sin quitar importancia a esa frase tan desafortunada, habría que analizar y valorar en qué grado del espectro se encuentra situado ese comentario, ya que podría ser desde algo circunstancial y contextualizado (por ejemplo: si sigues así “no llegarás a nada"), hasta una verbalización agresiva y repetida en el tiempo.
Las circunstancias podrían ser:
-Bajo nivel de ilusión ya por la docencia, también debido a multifactores (muchos años de docencia, alta carga administrativa, elevado nivel de cansancio).
-Sesgo cognitivo de disponibilidad: con la información más actual, llamativa, con datos escasos, sin tener en cuenta la estadística más amplia se estima un resultado. Hay que tener en cuenta que los niños y adolescentes están en pleno desarrollo, maduración, por lo que sacar una conclusión tan “tajante” y predeterminada, en sí, está alejada de la realidad de la predicción.
-Falta de gestión emocional: en ocasiones, los docentes no aprenden a auto gestionar sus propias emociones, y ante el mal comportamiento o malos resultados de un alumno, pueden llegar a expresar este tipo de frases sin autocontrol.
-Sensación de malestar, rabia, impotencia, estrés ante los malos resultados del alumnado: el que un alumno no saque los resultados “esperados”, puede generar en el profesor una “sensación subjetiva” de no ser buen profesor, de no ser bueno en su trabajo, de atribuirse los malos resultados del alumno, por lo que puede llegar a expresar este tipo de frases por su propia desesperanza, trasladándola al alumno.
¿Qué efectos emocionales inmediatos puede generar en un niño que una figura de autoridad le diga que no llegará a nada?
Tristeza, frustración e inseguridad, ya que la figura del profesor, en la niñez y la adolescencia, tiene mucha influencia, es un referente que evalúa, refuerza, decide qué consecuencias aplicar a la conducta y que acompaña en la educación escolar, y si no cree en el alumno, el alumno difícilmente va a creer en sí mismo.
¿Y a un adolescente?
A parte de las emociones que se sienten en la niñez: tristeza y miedo, el miedo se hace más grande, convirtiéndose en ansiedad, porque se está acercando el momento de elegir los estudios que enlazan con su profesión futura tras la ESO: elección del tipo de F.P, elección de tipo de Bachillerato, y sobre todo, desesperanza profunda, vergüenza y timidez ante los demás, ya que es un juicio sobre su futuro que lo deja fuera de “pertenecer al grupo”, una de las necesidades más básicas en la adolescencia.
¿Cómo influye este tipo de mensaje en la construcción de la autoestima y la identidad durante la infancia y la adolescencia?
Es un mensaje muy dañino por las connotaciones que tiene de anular las posibilidades de “llegar a ser” cuando está en pleno desarrollo cognitivo, socio-emocional, físico y del lenguaje. Impacta en todos los niveles de construcción de la autoestima, pero especialmente en la autoconciencia, que es la base del desarrollo de la autoestima. Uno de los puntos clave en este nivel son las metas personales (lograr hacer pequeñas y grandes cosas, desde lograr peinarse hasta metas tan multifactoriales como decidir su futuro laboral).
Determina que una persona visualice sus logros, los ponga en marcha generando satisfacción personal y sentido del logro. Es por ello que la frase dicha en un profesor puede tener consecuencias más graves de lo esperables, porque daña directamente en los cimientos de la construcción de una autoestima saludable.
¿Es más dañino que el mensaje provenga de un profesor y no de otra persona?
El profesor, como ya explicaba anteriormente, es la figura que, desde la escuela, acompaña al niño y adolescente en su proceso de aprendizaje, teniendo la capacidad de alentar, reforzar, y en el caso de no seguir las normas, castigar e informar a la familia de su mal comportamiento. Es una figura de autoridad que tiene que generar respeto mutuo, comprensión, empatía y disciplina, y, si el mensaje que da al menor es que no “llegarás a nada”, para el niño va a ser más creíble, más cierto, y, por lo tanto, va a dejar de creer en sí mismo con más facilidad.
En el caso de que sea repetitivo, vaya acompañado de un lenguaje no verbal despectivo y con un tono agresivo o que ridiculiza al alumno, los efectos negativos se amplificarán notablemente.
La frase dicha en un profesor puede tener consecuencias más graves de lo esperables, porque daña directamente en los cimientos de la construcción de una autoestima saludable.
¿Qué señales pueden observar los padres para detectar que su hijo ha recibido este tipo de comentarios despectivos por pare de un profesor?
Los niños y los adolescentes, en función de la edad, pueden tener conductas y emociones observables sin que lleguen a verbalizar específicamente qué les han dicho. Estas conductas son las “señales de alerta” más relacionadas con recibir comentarios despectivos de un profesor, pero en ciertas ocasiones, pueden correlacionar con otro tipo de situaciones de malestar (por ejemplo, que sea muy autoexigente o que algún igual le trate de forma despectiva o irrespetuosa):
-Preguntarnos a nosotros como padres si pensamos qué futuro le vemos.
-Si de pronto, empiezan a verbalizar frases en las que se desvalorizan: “soy malo”, “no valgo nada”, “no voy a llegar a ser nada”, “soy peor que todo”, “no se me da bien nada”, “no tengo nada bueno”.
-Que se muestre desmotivado por hacer las tareas, trabajos de clase o por sacar mejores notas.
-Que exprese pesimismo sobre el futuro, desesperanza y desgana por lograr objetivos.
-Que de repente, cosas por las que antes tenía interés, ya no las quiera hacer.
-Que no quiera ir a clase cuando, con anterioridad, nunca había mostrado su negativa a ir.
¿Cómo ayudar a un niño que ha recibido este tipo de mensajes a recuperar la motivación por estudiar?
-Trabajar con profundidad en el desarrollo de la autoestima, para que sea realista, no basada sólo en lo que el profesor le haya dicho. Ir desde la base que es la autoconciencia, el auto concepto, la autoevaluación, la auto aceptación, el auto respeto, hasta llegar a la cima, la autoestima.
-Empezar con pequeños logros, fácilmente alcanzables e ir subiendo en dificultad de forma muy progresiva.
-Centrarnos en reforzar su esfuerzo, más que los resultados, para que, independientemente de lo que consiga valore el empeño, tiempo y motivación que ha dedicado a la tarea.
-Trabajar con diferentes actividades: para generar más motivación en general, proponer actividades gratificantes que le gusten, en las que pueda disfrutar y sentir emociones positivas. Si logramos que en general se sienta bien, será más fácil que reconecte con otras tareas que, a priori, esté desmotivado.
-Favorecer un estilo de vida saludable: un niño-adolescente que descansa lo suficiente, come bien, se mueve diariamente, está en contacto con la naturaleza, tiene relaciones sociales frecuentes y positivas, y no está excesivamente expuesto a pantallas, es mucho más probable que su motivación vuelva al trabajarla.
¿En el caso de los adolescentes, precisarán de otro tipo de ayuda?
En los adolescentes, como ya la autoestima está más desarrollada, centrarnos en favorecer relaciones saludables con iguales que refuercen su autoconcepto, y que aprendan a autoevaluarse de forma realista, detectando en sí mismos sus fortalezas, sus habilidades, capacidades y valores, así como los puntos débiles para trabajarlos.
Si empiezan a ver “posibilidades” en sí mismos, tanto a través de otros como de ellos mismos, podrán ver esperanza, alegría y motivación por el logro, por estudiar y por su futuro.
¿Puede un alumno que ha llegado a creer algo así convertirse en un buen estudiante o puede darse un efecto Pigmalión y que la profecía se haga realidad? ¿Por qué?
Según la personalidad del niño o del adolescente, de su contexto familiar y social y de su desarrollo psico-emocional, pueden darse ambos casos:
-Un niño con poca motivación extrínseca (que no le afecte mucho el refuerzo de los demás), pero que se auto motive (motivación intrínseca), que sea muy autosuficiente, independiente, que no idealice a los demás, va a ser más posible que se convierta en un buen estudiante y que crea en sí mismo a pesar de que le diga un profesor “no llegarás a nada”.
-Por el contrario, se daría con más probabilidad el efecto Pigmalión, en los casos en que el niño o adolescente sea muy dependiente del refuerzo ajeno, necesita que los demás lo valoren y se lo demuestren con frecuencia, con tendencia a idealizar a los otros y con un auto concepto negativo sobre sí mismo.

