Repensar lo mexicano más allá de la frontera
El “Mexica Falcon after Dewey Tafoya” (2024), de Rafa Esparza, una escultura en adobe que fusiona la Piedra del Sol con el Halcón Milenario de Star Wars, sintetiza el espíritu de ”AztLÁn. Túnel del tiempo”, primera muestra de arte chicano en el Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA), que propone un cruce entre lo ancestral y lo futurista para reflexionar sobre la identidad mexicana más allá de la memoria histórica y las formas contemporáneas de resistencia cultural.
En un contexto marcado por tensiones migratorias, debates sobre pertenencia y el Mundial 2026, Joshua Sánchez, curador en jefe del recinto y cocurador de la exhibición que permanece abierta hasta agosto, explica que se trata de “un gesto político, estético y simbólico que propone repensar lo mexicano más allá de sus fronteras”.
“La exposición está pensada para la Ciudad de México, para el público mexicano. No es una muestra que simplemente llegue desde Estados Unidos, sino un proyecto construido en diálogo con el museo”, subraya.

Curada también por el artista y profesor Rubén Ortiz Torres y el cineasta e investigador Jesse Lerner, la muestra, explica, reúne el trabajo de más de 30 artistas y colectivos para abrir una conversación más amplia sobre lo mexicano, sin caer en estereotipos ni en visiones folclorizantes.
“En la exhibición, el concepto de Aztlán (lugar mítico de origen mexica) se resignifica en la cultura chicana como un referente que articula tanto una memoria ancestral como los territorios del suroeste de Estados Unidos que pertenecieron a México antes del Tratado de Guadalupe Hidalgo”, comparte.
“La reapropiación constituye un acto de resistencia frente al racismo, la discriminación y el despojo, así como una forma de reafirmar vínculos culturales e identitarios, porque no hay una sola forma de ser artista chicano”, afirma Ortiz Torre.
Y agrega: “Cada artista te va a dar una respuesta distinta: algunos se identifican con el movimiento chicano, otros desde lo indígena, otros desde una perspectiva más global”.
El recorrido se articula en cuatro núcleos curatoriales: Eastside Stories, Varrio, Desmuralismos y Transtemporalidades, los cuales proponen un diálogo constante entre pasado, presente y futuro.

Sobre estos ejes, los curadores explican que Eastside Stories abre con reflexiones sobre identidad, archivo y representación, donde el cuerpo, la vestimenta y el performance se convierten en herramientas de afirmación; mientras que Varrio, el paisaje urbano adquiere centralidad: “No siempre se ve lo que está pasando. Hay fábricas invisibles, trabajos precarizados, realidades que no están a simple vista, pero que los artistas documentan”.
Por otra parte, Desmuralismos retoma el muralismo mexicano desde una mirada crítica, transformando los muros en espacios de arte público; y Transtemporalidades expande el recorrido con obras que entrelazan lo ancestral y lo futurista, combinando cosmologías mesoamericanas con cultura popular y tecnología contemporánea.
“Los artistas están reconstruyendo su propia historia. Muchas veces son ellos quienes recuperan lo que no ha sido contado”, apunta Lerner, para quien ese cruce de tiempos y lenguajes se vuelve tangible en piezas que transitan del origen mexica a las luchas chicanas contemporáneas, pasando por la memoria comunitaria y la resistencia cotidiana.
“El arte también es acción. Salir a la calle, hacer performance, provocar una reacción mediática, eso también es parte de la obra”, añade el cineasta.
Asimismo, destaca la revisión del muralismo chicano, entendido como un campo plural, donde no todo esta reducido a la historia oficial.

“En el muralismo chicano hay muchas estéticas, incluso preocupaciones ambientales que ya estaban presentes desde los años setenta”, afirma Sandra de la Loza, para quien el arte también implica intervenir la historia.
“Como artista, creo que la historia está viva y que podemos reescribirla desde el presente”, remarca.
AztLÁn, añade Sánchez, remite no sólo a un territorio, sino a una idea vigente que dialoga con Los Ángeles, hoy la ciudad con mayor población mexicana después de la capital del país.
“En este cruce de geografías y temporalidades, la muestra adquiere una resonancia particular. Es un momento de tensiones fuertes: se demoniza a la diáspora, se vulneran derechos. Esta exposición también es una forma de revalorar esas raíces”, reconoce.
“Lejos de una narrativa cerrada, la exposición se concibe como un espacio abierto a la interpretación. Nuestro deseo es que el público genere sus propias reflexiones. Las obras están acompañadas, pero no dictan una sola lectura”, concluye Sánchez.
ELEMENTOS
- Se incluyen obras de colectivos como Asco y 3B Collective.
- Participan más de 30 artistas como Ricardo Valverde, Ruben Ochoa, Sandra de la Loza, Joseph Santarromana, Shizu Saldamando, Sunshine Maria, Victor Estrada, entre otros.
Por Azaneth Cruz
EEZ