Ser mamá y pediatra en la experiencia de la Dra. Mar López Sureda: "Lo que me sale de primeras, siempre, es hacer de madre. Y cuando es necesario, hago de pediatra"
La Dra. Mar López Sureda es madre y pediatra. En su perfil de Instagram (@marlopez_pediatra) reúne a más de 630.000 seguidores que siguen sus consejos sobre salud infantil y crianza. Autora de varios cuentos y libros divulgativos, ha creado también una plataforma de salud con cursos para orientar a las familias. En su día a día en las redes se muestra cercana en aspectos que pueden preocupar a los padres.
Pero ¿cómo es detrás de la pantalla? ¿Cómo influye en una profesional de la Pediatría vigilar la salud de su hija? ¿De qué manera resuelve sus dudas y sus inquietudes? Sobre todas estas cuestiones, hemos charlado con ella.
Si mi hija se da un golpe, primero la abrazo para que llore y luego miro lo que se ha hecho
¿Cómo ha cambiado tu maternidad el modo en que desarrollas tu profesión como pediatra?
Yo siempre he sido una persona muy sensible y empática, de hecho soy PAS, persona altamente sensible. Y pensaba que era capaz de ponerme en la piel de la madre que venía a consulta. Pero cuando tuve a mi hija me di cuenta de que hay una diferencia enorme entre imaginar cómo sería sentirlo y sentirlo de verdad. Al tercer día de vida de mi peque, en el alta del hospital, estuvimos pendientes de si le daban el alta a ella o no porque la bilirrubina estaba en el límite. Yo he ingresado a muchísimos bebés por hiperbilirrubinemia pensando que no era un ingreso muy importante o grave, que los padres lo entendían cuando ingresaba al bebé y que en unos días con la lámpara en Cuidados Medios ya estaba.
Pero cuando fui yo la madre a la que le podían decir que su hija se quedaba ingresada y ella se iba a casa... fue como un jarro de agua fría. Yo solo me imaginaba todo el día en el sofá a su lado y pensar que tendría que irme a casa y separarme de ella era un mundo. Ya el tercer dia de vida de mi hija me di cuenta de cómo cambiaba al ser yo la mamá. Y luego hay cosas más del día a día que también han cambiado. Antes recetaba un antibiótico y punto. Ahora pienso: ¿tu hijo se lo toma bien o mal? ¿Qué sabores le gustan? ¿Cada 8 horas o cada 12? Porque cada 8 son tres tomas al día, y a lo mejor una te coincide con la siesta, etc. Soy consciente de muchísimas más cosas que antes simplemente no podía llegar a imaginar.
¿Cómo logras no ser una madre excesivamente protectora?
Creo que ser pediatra tiene pros y contras. Me ayuda en algunas cosas y en otras me perjudica. Y a veces alucino, porque en cosas sencillas me puedo preocupar más que otras madres, y en cosas que a la gente le suelen preocupar mucho, yo no me preocupo nada. Por ejemplo, con las infecciones del día a día estoy muy tranquila. Mi hija llegó una noche con un pico de fiebre de 41,3 y lo pasamos en casa. Sabía lo que iban a hacer en urgencias, que era básicamente lo mismo que podía hacer yo, así que me encargué yo en casa (siempre con mucha atención por si realmente tengo que consultar).
Pero hace dos años tuvo fiebre durante dos semanas, cada día. Y eso sí que lo pasé fatal, porque yo ya me estaba imaginando lo peor. También he visto cosas muy graves que han empezado con una tontería, y cuando a mi hija le pasa esa tontería, se me activa una alarma; esto lo he comentado con algunas compañeras y me cuentan que les pasa algo parecido; supongo que es normal: hay casos que no se te olvidan. Incluso hay veces que he llamado a una amiga pediatra y le he dicho: "oye, ya sé que mi hija está bien y no tiene nada, pero necesito que me lo digas tú". Porque quiero pensar solo como madre, no como pediatra.
¿Cómo compatibilizas tu comunidad online con tu vida profesional y la intimidad de tu familia?
A veces la gente no se imagina todo lo que hay detrás de una cuenta así. Crear contenido no es solo hacer el guion de los vídeos o buscar la información, estar atenta a actualizaciones, ajustar la información “para que se entienda y también para que se vea” (porque si no, el trabajo que haces no se ve después), sino también escribir artículos, la newsletter, libros, cuentos, crear nuevos cursos, llevar mi plataforma de salud... Es muchísimo. Y además es un trabajo que, si quieres, no termina nunca.
Algo que sí tengo muy claro desde el principio es que las tardes son para mi hija. No te digo que no haya tenido que trabajar alguna tarde, pero no quiero que el trabajo se coma ese espacio, y a veces tengo que ponerme límites muy rotundos, incluso a mí misma, para no aprovechar "un ratito" en un momento que es para la familia, aunque crezca más despacio, aunque algún día no salga lo que tenía previsto publicar. También intento no llevar el móvil encima todo el día, lo dejo en un sitio concreto de casa. Hay épocas en que me doy cuenta de que llevo días con él en la mano casi siempre, y eso me avisa de que tengo que reajustar. En vacaciones no me pasa, y en el día a día suelo conseguir ese equilibrio, pero tengo que estar pendiente.
Y luego está el tema de mi peque y su intimidad. Tenemos muy claro no compartir cierta información sobre ella: los lugares a los que vamos con frecuencia, el colegio, su cara... Cuento cosas que se pueden contar. Sobre mí decido yo, pero sobre ella prefiero que sea ella misma quien decida el día de mañana.
Has compartido aspectos dolorosos como una pérdida gestacional. ¿Sientes que esa vertiente más humana te acerca a tus seguidores?
Tuve dos abortos, uno en noviembre de 2023 y otro en abril de 2024. Después del segundo avisé a mis seguidores de que no estaría en redes, pero en ese momento no conté por qué. Era algo que quería decidir cuando lo tuviera de verdad curado. No quiero contar algo que todavía sangra, porque a veces encuentras comentarios desagradables, y no quería exponerme a sufrir más de alguna manera. El primero lo llevé mejor porque estaba de poco tiempo. El segundo lo pasé bastante mal, ya estaba de ocho semanas y además tuve una complicación. Pero tenía claro que lo quería sanar bien.
Recuerdo una conversación con Quique, mi marido en la que nos organizamos para que yo pudiera dedicarme literalmente a llorar el tiempo que necesitara. Estuve un mes en el sofá llorando todo lo que necesité, me permití sentirlo, y conecté mucho conmigo misma, con cómo estaba, con qué sentía, qué quería, qué necesitaba. Me despedí, escribí, dibujé y lo trabajé en terapia. Gracias a todo eso me di cuenta de que estaba sosteniendo muchas más cosas de las que creía, y que quería hacer algunos cambios. Desde entonces hemos ido caminando Quique y yo hacia ese cambio. El aborto me hizo parar para escucharme más. Y entendí que todos los hijos, incluso los que no llegan a nacer, nos enseñan algo. Cuando decidí contarlo, no lo hice para acercarme a mis seguidores, sino para visibilizar algo que mucha gente vive en silencio porque les duele y les es difícil de contar. Y lo primero que me empezó a decir la gente cuando lo compartí fue "a mí también me pasó." Me dejó impresionada la cantidad de personas que han vivido esto. Algo que también me ayuda es pensar que yo he tenido tres hijos, pero solo una ha nacido.
Hay muchas cuentas de maternidad en redes. ¿Qué intentas ofrecer tú para que las familias confíen en ti?
Desde el primer día lo que he intentado es ser la pediatra de consulta. Siempre he hablado a cámara como si estuviera hablando a una mamá en consulta, de hecho a veces me imagino a alguna mamá concreta y así hablo a cámara. Pero además intento que me conozcan un poco como soy, cercana y clara. Me gusta mucho ser capaz de explicar algo que quizás ya les han explicado y no han entendido del todo, con palabras o metáforas que realmente les ayuden, que se les queden, para que se acuerden cuando les pase. Y le doy un toque divertido porque al final soy así, y me gusta transmitir como soy y que me conozcan de verdad.
¿Tienes problemas para separar tu faceta profesional de tu desconexión personal? ¿La gente te pregunta por la calle?
Ahora la verdad es que es bastante habitual que me paren, sobre todo si voy a alguna zona donde hay niños Hay una parte que me gusta mucho. Cuando alguien me pregunta si soy "Mar, la pediatra" de verdad siento que estoy hablando con una amiga, me siento muy acogida, muy bien recibida, me dan mucho cariño. Eso me encanta.
Hay otra parte que me pone más tensa, el "qué pensarán", porque, claro, nunca me han visto en persona. A veces me dicen que me imaginaban más alta, o menos divertida, o "no te imaginaba así", y me quedo con la duda. Pero sé que eso es algo mío. La mamá que me para no está pensando en si cumplo sus expectativas, solo me saluda y punto. Es algo que me trabajo yo. Y luego está lo otro, que el día que decido hacer una excepción y mi peque lleva chanclas o yo me como un plato poco saludable, ahí seguro que me encuentro a alguien. Pero, bueno, siempre intento transmitir que en el equilibrio está la salud, así que tampoco me preocupa demasiado.
Cuando tu hija está enferma, ¿la tratas tú o prefieres el apoyo de otro profesional?
Cuando es una infección “normal” la trato yo. Su primer año de escolarización fue potente, tuvo 1-2 infecciones a la semana, y recuerdo estar cada semana auscultándola, mirándole los oídos y con laringitis noche sí, noche también. He consultado cuando he creído que había que hacer alguna prueba. Una vez tuvo una neumonía, otra una escarlatina que necesitaba un frotis... esas veces sí consultamos. Pero el resto, casi siempre lo he manejado yo (excepto las revisiones que le tocan, etc.). Pero hay algo que siempre tengo presente y es que yo soy su madre, no su pediatra, así que las veces que he sentido que necesitaba “hacer de madre y que lo piense otro”, también he consultado tranquila.
Muchas madres se sienten presionadas por los consejos de crianza en internet. ¿Qué es lo esencial para ti?
Entiendo esa presión, porque imagínate: entras en mi perfil y te hablo de signos de alarma, de sueño, de fiebre, de crianza... luego entras en otro y te hablan de lengua de signos para bebés, luego en otro de juegos para hacer en casa para los que necesitas ir a comprar material que no tienes ni sabes cuándo vas a poder ir a comprarlo. Y no se acaba nunca la lista de cosas que podrías estar haciendo mejor. Y, claro, como tus hijos son de lo más importante de tu vida, quieres hacerlo bien.
Pero yo siempre les digo a las mamás que una madre que está preocupada por si lo hace bien, seguro que lo hace bien (¿y qué es “bien”? "Bien” es algo que te marcas tu a ti misma, dentro de unos límites por supuesto de buen trato). Solo con plantearse si hay alguna forma distinta de hacer las cosas que ves que no están funcionando, ya es muchísimo. Lo primero que tengo claro es que si no te cuidas tú, no puedes cuidar a otro. Sé que es una frase que puede sonar manida, pero es que es verdad. No solo porque si tú no estás bien no puedes “dar más de ti”, sino porque además estás dando un ejemplo a tu hijo (para que el día de mañana también se cuide a sí misma/o). Y hay veces que eso motiva más que cualquier otra cosa.
La parte exigente la entiendo, porque yo también me he exigido mucho, sobre todo en la maternidad, porque quiero ser la mejor mamá posible para mi hija. Pero, si te fijas, seguro que en el día a día tu hijo ya te dice que eres la mejor mamá del mundo. Igual que nosotras queremos a nuestros hijos tal y como son, con más o menos carácter o más o menos energía o sensibilidad, sin cambiarlos por ningún otro, ellos también nos quieren a nosotras con nuestros fallos (que al final hay que ver como aprendizajes). Y no nos cambiarían por ninguna otra. Así que la exigencia la entiendo, pero he aprendido que el equilibrio es lo que nos hace felices a todos. Llega un momento en que dices: doy lo mejor de mí hasta cierto punto, y a partir de ahí me dejo llevar y disfruto (y si me sale una frase menos acertada, pues le explico y no le doy tanto peso). Porque esto también va mucho de disfrutar del camino.
¿Cómo gestionas emocionalmente la alta exposición en redes? ¿Eres capaz de blindarte ante los comentarios negativos o las críticas?
Cuando vino el coronavirus sí que hubo mensajes más heavys, del tipo "eres una asesina" y cosas así. Llegué incluso a hablar con la policía, aunque al final no hice la denuncia, bloqueé y punto. Estuve hablando con otros compañeros divulgadores sanitarios que tenían problemas similares con frecuencia, y todos me recomendaron lo mismo: bloquear. Y la verdad es que llegó un momento en que ni me lo pensaba. Si sentía que algo no era adecuado o saludable para mí, bloqueaba.
Al principio, en los primeros años, sí que me enganchaba con algún comentario o mensaje. Ha habido gente que ha cogido un vídeo mío, le ha quitado la voz y ha empezado a insultar por encima. Cosas así. Pero con el tiempo ya no me afecta de la misma manera. Eso sí, tengo que reconocer que tampoco tengo demasiado hate. Así que tampoco puedo hablar desde una experiencia muy extrema.
¿Cómo has integrado las facetas de madre, pediatra y divulgadora? ¿Hay alguna con más peso?
La verdad es que no las vivo como facetas separadas, me siento yo misma en las tres. Hay veces que me he dado cuenta de cosas como: mi hija se ha dado un golpe y yo, en lugar de ponerme a mirar cómo tiene la piel o el hueso, lo que he hecho es abrazarla para que llore. Lo que me sale de primeras, siempre, es hacer de madre. Y cuando es necesario, hago de pediatra.
La faceta de divulgadora en casa es simplemente un trabajo que quizás cuesta un poco más explicar a los niños. Ella poco a poco lo va entendiendo, adaptado a su edad. Le digo que hago vídeos para mamás y papás, a veces me ha visto en la tele, otras que alguien me para por la calle y ella me pregunta quién es y le digo que es una mamá que ha visto mis vídeos y me pregunta por qué me ha dicho esto o lo otro o me dice que si saco una foto de ella que tiene que salir la cara y le digo que no y a veces se enfada o si hago una foto me ha preguntado si era para nosotros o para mi trabajo. Ella lo vive de forma natural.
Pero, por supuesto, la faceta que más peso tiene, de lejos, es la de madre. Ser mamá ha sido el mayor regalo de mi vida. El amor más bonito, la conexión más pura, y también el mayor crecimiento personal que he vivido nunca. Mi hija me ha enseñado a encontrar el equilibrio, a poner límites, a gestionar mi propio enfado. Aprendiendo a gestionar el suyo, aprendí a gestionar el mío (tuve mucho trabajo que hacer con mi rabia para permitirme expresarla). Me enseña cada día cosas que, gracias a verlas en ella, me doy cuenta de que yo también las hago, o de cómo me hablo a mí misma, si soy muy perfeccionista, si me estoy tratando bien, me enseña a conectar más con el presente y a ser más libre (a veces le digo que me tiene que enseñar más de eso). Antes de ser mamá pensaba que yo iba a ser la guía para mi hija. Pero me di cuenta de que los pequeños también nos enseñan muchísimo, igual que nosotros a ellos. Son muy sabios, unos maestros de vida.








