Si naciste entre 1965 y 1998, estás "perdiendo dinero": el dato sobre el Estado del bienestar que te afecta directamente
¿Alguna vez has sentido que, por mucho que trabajes, tu cuenta corriente no crece al ritmo que debería? No es solo una percepción. En parte, es una cuestión matemática.
Un reciente informe elaborado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre pone cifras a una realidad que afecta de lleno a millones de españoles: quienes nacieron entre 1965 y 1998 (es decir, los adultos de entre 28 y 61 años) son hoy el principal soporte del Estado del bienestar… pero también el grupo que más aporta en relación con lo que recibe en esta etapa de la vida.
El dato que lo explica todo
Según este análisis, basado en las Cuentas Nacionales de Transferencia de 2022, las personas en edad laboral reciben, de media, un 18% menos en transferencias públicas de lo que aportan. Dicho de forma más clara: por cada 100 euros que entregan al sistema en impuestos y cotizaciones, el Estado devuelve aproximadamente 82 en forma de prestaciones y servicios públicos.
Este grupo concentra la mayor parte del empleo, de las rentas del trabajo y de la recaudación fiscal. Es, en términos económicos, el gran motor del país y el principal financiador del consumo público, desde la sanidad hasta la educación o las pensiones.
La generación que sostiene el sistema
El patrón es claro. Durante la infancia y la juventud, los ingresos son bajos y el consumo se sostiene gracias al apoyo familiar y al gasto público, especialmente en educación y sanidad.
A partir de la edad adulta, la situación se invierte: entre los 30 y los 54 años se concentra la mayor capacidad de generación de ingresos y de aportación al sistema.
Más adelante, a partir de los 55 años, aumentan las prestaciones, el ahorro acumulado y el consumo financiado en buena parte por pensiones y patrimonio. Es el funcionamiento natural del sistema: redistribuir recursos a lo largo de la vida.
Pero eso tiene una consecuencia directa: hay una etapa (la edad adulta) en la que se aporta más de lo que se recibe.
Por qué sientes que el dinero no te cunde
La sensación de que el dinero rinde menos no se explica solo por los impuestos. También influye que esta generación atraviesa la etapa más cara de la vida: paga alquiler o hipoteca, sostiene a hijos que se emancipan más tarde y, en muchos casos, ayuda a familiares.
Es decir, no solo financia una parte clave del Estado del bienestar, sino también buena parte del equilibrio económico dentro de su propia familia.
De hecho, el propio informe señala que las transferencias internas dentro de los hogares alcanzan los 130.000 millones de euros anuales, con los adultos como principales sostenedores de hijos y otros dependientes.
Más esfuerzo… y más tarde la recompensa
A este esfuerzo se suma otro factor clave: la jubilación cada vez más tardía. La edad legal en España se ha ido retrasando progresivamente y, a partir de 2027, se situará en los 67 años para quienes no alcancen largas carreras de cotización.
Eso significa que muchos de los nacidos entre 1965 y 1998 no solo están aportando más de lo que reciben ahora, sino que además tendrán que trabajar más años antes de empezar a percibir una pensión completa.
Un sistema que depende de todos
El informe también deja claro que no se trata de una desigualdad permanente, sino del funcionamiento propio del sistema. A lo largo de la vida, todos pasamos por etapas en las que recibimos más y otras en las que aportamos más.
Los menores de 28 años y los mayores de 62 son beneficiarios netos del sistema, mientras que los adultos en edad laboral son quienes sostienen el equilibrio.
En paralelo, el envejecimiento de la población y la baja natalidad añaden presión a este modelo, al aumentar el número de personas que reciben prestaciones frente a quienes cotizan.
Por eso, cuando se dice que quienes nacieron entre 1965 y 1998 "están perdiendo dinero", no se alude a una pérdida directa en su cuenta corriente, sino a una realidad más estructural: en esta etapa de la vida aportan más de lo que reciben. De ahí nace una sensación cada vez más extendida: trabajar más, aportar más… y, aun así, sentir que el dinero cunde menos


