Starship, el cohete de Elon Musk para llegar a Marte y la Luna, enfrenta su examen más importante

Starship, el cohete de Elon Musk para llegar a Marte y la Luna, enfrenta su examen más importante

Con 123 metros de altura, Starship es el cohete más grande y potente construido hasta ahora. Constituye la pieza central de los planes de SpaceX para reducir drásticamente el costo de acceder al espacio, más allá de la órbita terrestre baja. La apuesta consiste en lanzar cargas mucho mayores, con menos viajes y sin tener que construir un cohete nuevo para cada misión.

Para lograrlo, SpaceX diseñó el primer sistema de lanzamiento completamente reutilizable. A diferencia de los cohetes actuales, que descartan parte de su estructura tras cada despegue, Starship pretende recuperar tanto el propulsor Super Heavy como la propia nave para volver a utilizarlos. Si ese modelo funciona, el costo de cada lanzamiento de "cohete pesado" podría reducirse de forma considerable y permitir misiones mucho más ambiciosas que las actuales.

La primera misión útil

Para esta misión, conocida como Flight 13, SpaceX planea desplegar por primera vez 20 satélites Starlink V3 funcionales. Representa el primer intento de utilizar el vehículo para una misión con un propósito operativo. Los satélites no permanecerán en órbita. Reingresarán a la atmósfera tras completar la demostración tecnológica.

Por ahora, el objetivo es validar el mecanismo de liberación de carga y comprobar que los satélites pueden desplegar sus paneles solares, activar sus sistemas de comunicación y establecer enlaces con la constelación Starlink. Hasta ahora, los vuelos de Starship transportaron únicamente simuladores de carga.

Si supera la prueba, Starship estará más cerca de convertirse en el nuevo caballo de batalla de SpaceX y comenzar el relevo del Falcon 9, el cohete reutilizable que hoy sostiene prácticamente todas las operaciones de la compañía, desde el despliegue de satélites Starlink hasta el transporte de astronautas y carga para la NASA.

La agencia espacial estadounidense también tiene planes para Starship. Seleccionó una versión modificada del vehículo como el módulo que llevará a los astronautas del programa Artemis desde la órbita lunar hasta la superficie de la Luna. Antes de que eso ocurra, sin embargo, el cohete debe demostrar que puede completar misiones de forma segura y transportar carga útil sin que se registren errores o daños mayores.

La misión llega después del accidentado Flight 12, en el que la Starship completó con éxito su recorrido suborbital y sobrevivió al reingreso, mientras que el propulsor Super Heavy no logró encender correctamente varios de sus motores durante las maniobras de retorno. Como consecuencia, no pudo completar el boostback burn y posteriormente realizó un amerizaje forzoso (hard splashdown) en el golfo de México, donde fue destruido. Tras una investigación supervisada por la Administración Federal de Aviación (FAA), SpaceX introdujo modificaciones en el sistema de propulsión y recibió autorización para volver a volar.