Tres meses de vacaciones
El Doctor Patán celebra que el compañero Mario, jefísimo de los destinos educativos del movimiento, haya decretado, perdón: propuesto –la presidenta ya lo aclaró– un mes y medio extra de vacaciones para nuestros plebes. Ojalá no se lo echen para atrás. La Cuarta cuida a sus infancias (recuerden que ya no existe la infancia, en singular: solo “las infancias”), y con los calorones que seguro se vienen la cosa se pone peligrosísima.
Ahora bien: la 4T, con su infinito sentido de lo social y su anclaje en el humanismo mexicano, tiene que ofrecer a los peques opciones de entretenimiento para que permitan a sus padres, perdón: madres y padres, trabajar, ver aunque sea un capitulito de la serie de Netflix pa-ra-adul-tos (el Doctor recuerda con dolor vivo aquellas sesiones de Barney el Dinosaurio con sus nenes) o estar cinco minutos a solas en el baño, en silencio. En fin, para que tengan una pequeña vida al margen de las infancias, que, se los digo como experto en salud mental y padre de dos –y miren que mis bendiciones fueron dos criaturas encantadoras, dóciles y sin turbulencias mentales–, pueden conducir incluso a pensamientos suicidas.
Me adelanto a su pregunta: no estoy seguro de qué puede hacer la 4T por los paterfamilias mexas, perdón: paterfamilias y materfamilias (en caso de que así deba decirse). No soy experto en asuntos de la infancia, perdón: las infancias, y mis hijos hace ya varios años que dejaron de serlo para convertirse en adultos productivos, libres e indiferentes a cualquier cosa que tenga que ver con su padre.
Aun así, en la Cuarta estamos rodeados de personas sensibles e imaginativas que pueden ayudarnos en estas tareas, así que podríamos, digamos, formar a nuevas generaciones de lectores para los libros gratuitos del Fondo de Cultura Económica si el doctor Monreal, erudito donde los haya, extiende sus talleres de lectura a los volúmenes para niños. ¿Se imaginan, por ejemplo, una interpretación de “El principito” o “Matilda” con la marca de Fresnillo?
Otras posibilidades: clínicas de futbol y/o pádel con el Cuau (nadie dudaría en encargarle a sus hijos, estaremos de acuerdo) o, ya en un plan más ambicioso, aprovechar las instalaciones de Pemex para organizar una especie de Kidzania con su Banco del Bienestar, su consultorio con vacunas Patria, su Tren Interoceánico y su Dos Bocas, todo –se entiende– en versión infantil, con la calma que da que la petrolera del pueblo no haya tenido incendios, perdón: eventos térmicos no deseados, en la última semana y media.
Imagino su pregunta, lectoras, lectores: ¿y usted, Doctor Patán, cómo podría colaborar? Respondo sin titubeos: salvo con sesiones de Barney, con lo que haga falta, tan pronto se desahogue mi agenda, tupidísima por la cantidad de gente que se forma a la entrada de mi consultorio. Les aviso.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
MAAZ