Trump y Teherán pierden la llave del candado de Ormuz

Trump y Teherán pierden la llave del candado de Ormuz

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Irán mantiene el candado sobre el Estrecho de Ormuz, que dura ya dos meses, y a ese cierre se superpone el de Trump. Ahora, entre los ayatolás y la Marina de Estados Unidos, tratan de comprobar cuál es el que antes se rendirá tras estrangular la arteria aorta de la economía mundial. En este choque de gallos, de momento nadie da un paso atrás mientras la situación se degrada cada día.

¿Qué es lo que pretende cada uno de los bandos? El presidente estadounidense ha impuesto una política de asedio para ablandar a Irán y que acepte negociar bajo sus condiciones previas, que incluyen entregar su uranio enriquecido, dejar de alimentar a milicias afines en la región, como Hizbulá o Hamas, y detener su programa de misiles balísticos. Pero en esta situación de parálisis, Trump podría optar por aceptar la apertura del Estrecho de Ormuz y venderlo como una victoria. El problema es que perdería su posibilidad de hacer presión para terminar con el programa atómico de Teherán. Además, nadie en Estados Unidos consideraría que retirarse así es ganar ninguna guerra.

Por el contrario, también podría actuar militarmente utilizando la gran fuerza presente en la región para obligar a Irán a abrir el Estrecho de Ormuz, lo que podría llevar a una escalada peligrosa y, además, incluso si se toman algunas islas, la ofensiva podría no garantizar su apertura.

¿Qué es lo que busca Irán? Teherán ha seguido minando el Estrecho este fin de semana con sus lanchas rápidas, a pesar de las amenazas explícitas de Trump, mientras que algunos petroleros vinculados a Teherán siguen intentando romper el bloqueo estadounidense. No tiene pinta que pretendan lograr una resolución rápida del conflicto. Sólo algunos petroleros, pegados a la costa iraní, han conseguido salir en las últimas horas. Decenas de ellos, advertidos desde las radios de los destructores americanos, han dado la vuelta.

Los ayatolás no tienen ninguna intención de reabrir el Estrecho hasta que Washington no acepte, a su vez, las condiciones leoninas que quiere imponerle Teherán, dispuesto de momento a hacer concesiones menores. Irán ha enviado en las últimas horas una nueva propuesta a Estados Unidos: reabrir Ormuz, pero sólo si Washington firma el fin de la guerra y con garantías de que no se reanudará. Cualquier asunto sobre los misiles balísticos y el programa nuclear se negociaría después. Estas condiciones supondrían una humillación para la Casa Blanca.

Trump desea un acuerdo rápido y salir del caótico laberinto de Irán para cambiar el paso cuanto antes. Es justo lo que Teherán quiere negarle. Por eso los tiempos se alargan mientras el precio del crudo se eleva un poco más cada día y el ánimo de los analistas se vuelve más catastrofista. Eso supone más presión para la Casa Blanca, mientras que a la Guardia Revolucionaria le basta con sobrevivir.

La situación del Estrecho, por tanto, continúa siendo de alta tensión. Aviones y drones estadounidenses patrullan los cielos mientras las lanchas rápidas iraníes hacen lo mismo en el mar. Las fuerzas estadounidenses hicieron regresar ayer a seis petroleros que transportaban aproximadamente 10.5 millones de barriles de petróleo iraní, mientras que otros cuatro millones de barriles aún lograron pasar sortear el bloqueo navegando muy cerca de la costa de Irán.

Además, la posición GPS de los barcos en aguas internacionales frente a los Emiratos Árabes Unidos y Omán están apareciendo repentinamente dentro del Estrecho o incluso en territorio omaní, mientras que los datos muestran embarcaciones en el puerto de Fujairah como si estuvieran en tierra firme, lo que da una idea del caos de guerra electrónica que se vive en uno de los corredores energéticos más críticos del mundo.

Nico Lange, analista alemán de Defensa, asegura que, en la actual fase del conflicto, "Estados Unidos e Irán están jugando con la paciencia del otro. Washington apuesta ahora a que el bloqueo de los puertos iraníes conducirá con el tiempo a dificultades financieras, problemas de almacenamiento para el petróleo producido y, finalmente, a una amenaza de paralización de la producción petrolera. Irán negocia con estoicismo y tenacidad, en la esperanza de que la presión global, la espiral de precios en el petróleo y los productos petrolíferos, y el debate sobre los altos costos de vida en Estados Unidos puedan empujar a Trump a suavizar sus posiciones".

Raz Zimmit, director del Instituto para los Estudios de Seguridad Nacional (INSS, por sus siglas en inglés), afirma que "cada una de las partes cree -no necesariamente con razón- que su capacidad de resistencia supera a la del otro lado; y ambas partes estiman que aún disponen de escalones de escalada efectivos adicionales [ataques estadounidenses contra infraestructuras y centrales eléctricas; cierre del Estrecho de Bab el Mandeb y ataques iraníes contra infraestructuras energéticas en el Golfo]".