¿Tu hermano mayor te decía que eras adoptado sin serlo? La explicación a su mentira, según la Neurociencia

¿Tu hermano mayor te decía que eras adoptado sin serlo? La explicación a su mentira, según la Neurociencia

Si tu hermano mayor no te decía que eras adoptado sin que de verdad lo fueras, no has tenido infancia. No se hablaba de ello en los recreos ni en la mayoría de pandillas o grupos infantiles, pero la cuestión es que era algo muy generalizado, ocurría en muchas familias. ¿Por qué? Se lo hemos preguntado a Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja, quien nos da la explicación de la Neurociencia a esta mentira tan común entre hermanos. ¿Qué podía hacer que a tantos hermanos mayores se les ocurriera la misma idea descabellada? ¿Por qué seguían haciéndolo, aún queriendo a sus hermanos pequeños, si sabían que a esos les dolía? Diana Jiménez da las claves al respecto.

Te recomendamos

Muchos hermanos mayores (al menos entre los millennial) decían a los pequeños que eran adoptados siendo mentira. ¿Por qué es algo tan común?

Los millennial, la generación de los 80 los 90, e incluso en mi época, tenemos que tener en cuenta el contexto, en el que los niños estaban solos mucho más tiempo entre hermanos, con menos supervisora adulta. Teníamos más libertad en ese sentido, con lo cual podríamos decir que era el caldo perfecto para la creatividad infantil, que a veces era muy buena, y otras veces hacía que los niños fueran un poquito más crueles, había menos filtros.

Era habitual porque éramos menores de edad y hoy sabemos, gracias a la neurociencia, que la corteza prefrontal -que es la responsable de la empatía del control de impulsos- no termina de madurar hasta los 25 años-, con lo cual un niño de 8 o de 10 años lo que tiene más desarrollado es su sistema emocional, es el que está en pleno rendimiento, mientras que su corteza prefrontal está en obras. ¿Qué es lo que ocurre? Que no es que hagan daño conscientemente, sino que no tienen las herramientas suficientes para calcular hasta dónde llega el impacto emocional de sus palabras.

Alfred Adler decía que los seres humanos, sobre todo los niños, buscan dos cosas fundamentales: por un lado, sentir que pertenecen (sentido de pertenencia) y, por otro lado, que pueden contribuir (el sentido de valor). Así, cuando llega un hermano pequeño, el mayor suele sentir de golpe que su trono, ese espacio que él tenía, se tabalea; ya no es el único, ya no acapara la atención de los papás. En ese contexto, el decir "eres adoptado, a ti te encontraron en la basura", en realidad, es una manera, un intento un poco torpe de recuperar ese estatus dentro del sistema familiar. No hay conciencia de estar haciendo algo malo o de que haya un impacto emocional tan fuerte en sus palabras, y era muy habitual en esa época.

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja© Diana Jiménez
Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja

¿Qué puede motivar a un niño decirle algo así a su hermano pequeño?

Esto va muy en la línea lo que hemos dicho antes. Lo decía también Alfred Adler y su discípulo Rudolf Dreikurs, y es que toda conducta va encaminada a un fin; es decir, cuando nosotros vemos una mala conducta en un niño, lo que tenemos que identificar es cuál es el objetivo que hay detrás de ese comportamiento, que muchas veces no es consciente. Nosotros vemos la punta del Iceberg, vemos la conducta, y lo que no vemos es lo que Dreikurs identificó como metas erróneas hacia las que se dirigen los niños: su manera de conseguir atención, poder, venganza o sentir que son capaces. En el caso de aquellos niños que dicen a sus hermanos pequeños “eres adoptado”, lo que les suele motivar es, por un lado, esa búsqueda de poder; "si puedo hacerte creer algo que yo sé y tú no, yo soy más que tú". No significa que el mayor busque herir al pequeño, sino que, de alguna manera, al decirlo, siente que está por encima.

Por otro lado, la búsqueda de atención, porque cuando consiguen esa reacción del pequeño, que llore, aunque sea negativa, podemos decir que, entre el dolor y la nada, prefiero el dolor; uno prefiere ser el villano de la historia a ser invisible.

En otros casos puede ser como venganza. Cuando el mayor, por ejemplo, se puede sentir destronado, puede sentir que ha recibido un trato injusto o que los padres se han puesto de lado del pequeño; aquí, es "te quiero hacer sentir el daño que yo estoy sintiendo".. Todo esto no es con voluntad consciente del niño, que se plantee hacer daño a su hermano, sino que es una meta natural hacia la que se dirige por ese sentimiento de pérdida de valor, de no ser visto, pero no hay malicia calculada; lo que está intentando es encontrar su lugar en el mundo con las herramientas que tiene.

Y, como decimos, con 8, con 9 o con 10 años, no hay esa experiencia de vida que puede tener un adulto. Muchas veces pensamos que los celos se dan solo cuando los niños son pequeños, pero resulta que los celos pueden aparecer en un pequeño de dos años y en otro que ya tiene 4 ó 5; y vemos que si eso no se ha trabajado de pequeños, se extrapola la vida adulta y todavía nos encontramos muchos adultos haciendo bromitas de "tú eres el mimado", "a ti siempre te lo dieron todo", "es que tu opinión no cuenta porque tú no tienes ni idea"… Como que se siguen haciendo daño, entre comillas, y parece que esa parte de la infancia, la terminaron de sanar.

Los niños  no tienen las herramientas suficientes para calcular hasta dónde llega el impacto emocional de sus palabras. 

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja

¿Cómo puede sentirse un niño al que su hermano mayor le dice que es adoptado, sabiendo que no es así?

Si nos vamos al contexto de hace años, cuando era más habitual que los mayores dijeran al pequeño "a ti te han encontrado en la basura", "tú eres adoptado, eres hijo del panadero"... Era algo que, en cierto modo, se asumía. Hoy día, lo que lo que vemos es que, aunque en el fondo uno no se lo crea del todo (porque los niños al final dicen "sí, claro, yo no soy adoptado"), su sistema de alerta de apego, de vínculos, se activa de manera inmediata. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el vínculo, la relación con los padres, es la base del desarrollo emocional, es lo único que tiene el niño que le pertenece, de modo que, ante cualquier amenaza de ese vínculo, le puede poner en situación de alerta, aunque sea una broma.

En este sentido, lo que puede sentir un niño puede ser desde confusión ("¿es posible?", "no lo entiendo", "tengo miedo de si esto es así de verdad") porque crea que, si es adoptado, “a lo mejor me devuelven”, “no me van a querer igual que a los demás”... a inseguridad dentro de su familia: "¿quién soy yo?", "¿pertenezco de verdad?". Como señalamos antes, la pertenencia es una necesidad básica, una necesidad primaria, y cuando la pones en duda duele, aunque sea mentira.

Media Image© Getty Images

¿Por qué algunos niños dicen cosas a sus hermanos que saben que les puede hacer daño, aunque los quieran mucho?

Podríamos ver dos cosas fundamentales. Por un lado, tiene una explicación desde la neurociencia; hablando de cómo funciona el cerebro, decíamos antes que el cerebro infantil no tiene todavía desarrollada la capacidad de predecir el impacto que van a tener las palabras que digan hacia otra persona, en este caso, hacia su hermano. Un niño puede saber que eso es mentira, que no debería decirlo, pero no siente del mismo modo el dolor que puede generar; no es que sean malos, no es falta de amor, simplemente hay todavía una inmadurez de la corteza prefrontal.

Y, por otro lado, también hay que decir que es relacional. Esto es importante recalcarlo porque muchas veces los padres, cuando tienen más de un hijo, se imaginan una relación maravillosa y sana entre los hermanos, pero se nos olvida que para ellos es un laboratorio social, donde van aprender a negociar, a compartir, a competir, a ceder, a reparar... Es lo que pasa en los laboratorios, que hay muchas cosas que salen mal, y aquí lo hacen con una red de seguridad, pero invisible, que es la familia. En cierta manera, el niño sabe que ese vínculo va a estar ahí, que está en un lugar a salvo. Es paradójico, pero es algo que a lo mejor no harían con el amigo, a él no le dicen “tú eres adoptado”, pero a su hermano sí. En el fondo sienten que hay una red invisible, pero segura.

Adler decía algo así como que, para los que más queremos, guardamos lo peor porque con los demás no nos sentimos lo suficientemente seguros como para para ser imperfectos.

Los padres suelen reaccionar solo a la conducta sin entender el mensaje que hay detrás.

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja

Cuando los padres se enteran, lo habitual es que expliquen al mayor que no está bien que le diga eso a su hermano, y al pequeño, que es falsa la afirmación, pero luego se sigue repitiendo en muchas ocasiones la misma situación. ¿Cómo gestionarla, qué hacer para “convencer” al hijo mayor de que no debe hacer ese tipo de comentarios?

Aquí no se trata de buscar culpables ni hacer sentir mal a los padres porque errar es humano, pero esto es uno de los errores más comunes porque los padres suelen reaccionar solo a la conducta sin entender el mensaje que hay detrás. Como decía antes, esa frase es una punta del iceberg.

Cuando un padre le dice al mayor "no debes decirle eso a tu hermano, eso es mentira", está actuando desde la punta del iceberg, desde el síntoma, pero no desde la raíz, no desde una necesidad no cubierta, que es lo que motivó esa conducta. Mientras no se trabaje lo que hay debajo, eso va a seguir saliendo.

En psicología positiva hay un principio que habla de la conexión antes que la corrección, y es buenísimo porque de lo que habla es precisamente de que, cuando conectas con tu hijo y entiendes qué puede estar necesitando, te das cuenta de que esa conducta lo que viene a mostrar es que está buscando eso que necesita, pero de manera no adecuada.

¿Qué podemos hacer? Sin el hermano delante, trabajar con el mayor y decirle "oye, veo que últimamente le dices esto a tu hermano; ¿qué sientes?", y pensar cómo le podría ayudar nombrar la emoción que está sintiendo porque a veces realmente no le estamos prestando atención. Decirle "¿sientes que a lo mejor mamá y papá te hacemos menos caso?" y darles reconocimiento: ser el mayor no significa que lo tenga que hacer todo perfecto, sino que puede enseñarle cosas a su hermano que solo él sabe; darle el poder, pero de manera adecuada.

Y luego, en la medida de lo posible, poner consecuencias (no castigos, sino consecuencias lógicas); es decir, hablarlo y que el niño sepa que, si esto sigue ocurriendo, tendremos que poner una consecuencia para que el hermano tampoco lo pase mal. ¿Y eso cómo lo hacemos? Explicándole el porqué, sin hacerle sentir mal, sin humillación.

Te puede interesar

¿Qué decirle al pequeño para que no sufra por la broma del mayor?

Una de las cosas que tenemos que tener en cuenta es que, como los niños van buscando su sitio, muchas veces, al volcarnos en el pequeño, le hacemos víctima sin querer, y desde ahí no le vamos a ayudar porque lo que hace es encontrar su manera de pertenecer, siendo la víctima. Lo más urgente es validar la emoción antes de desmentir lo que está pasando, el contenido; normalmente le solemos decir "no, eso es mentira, no te preocupes", "claro que eres nuestro hijo"... Y eso está bien, pero antes tenemos que reconocer qué es lo que estás sintiendo. Habrá niños a que les da igual y te digan “yo sé que es mentira, mamá”; pues no le damos más importancia, e incluso le podemos decir “para tu hermano no es fácil, lo está pasando mal”.

En caso de que el niño que lo está recibiendo realmente lo está pasando mal, pues es mejor decirle "veo que esto te ha asustado", "veo que lo que te ha dicho tu hermano te ha hecho sentir mal", "es normal que te haya afectado y ahora quiero que sepas algo muy importante: tú eres nuestro hijo y tu hermano ha dicho algo que no es correcto y hablaremos con él”. La cuestión es transmitir esa seguridad y esa confianza de que papá y mamá están están ahí y son los que van a actuar también.

Lo ideal es que le expliquemos que, cuando su hermano te diga algo que no le guste, se lo puede hacer saber: "eso que estás diciendo no me gusta, me hace daño y sé que es mentira". Y luego, utilizar la inteligencia emocional, hacerle desarrollar la empatía; por ejemplo, "sabes que tu hermano a veces lo hace por llamar la atención” y que, si se lo dice, darle herramientas para capacitar a cualquiera de los dos hijos a relacionarse. También es importante trabajar muchísimo más el vínculo, porque si no a veces la manera en la que intervenimos hace que haya más distancia entre ellos en lugar de de acercar posturas: Por eso, debemos trabajar mucho más la cooperación entre hermanos y no la rivalidad.