Un año después de los incendios en Los Ángeles: sueños de reconstrucción entre demandas millonarias
Es difícil encontrar una casa en Altadena, un barrio al noreste de Los Ángeles, que estuviera más pegada al origen del incendio Eaton que la de Morgan Whirledge y Ana María Medina. Esa tarde del 7 de enero, hace justo un año, vieron tan cerca las llamas que no dudaron en sacar a sus dos niños pequeños de la cama, meter en el coche unos cuantos objetos de valor y salir huyendo de la zona. Horas después, su vivienda quedó calcinada junto con el resto del vecindario, en una de las catástrofes más devastadoras de la historia de Los Ángeles y de Estados Unidos. El saldo: 30 muertos, 6.746 estructuras destruidas y miles de millones de dólares en pérdidas.
La magnitud de la catástrofe superó cualquier precedente reciente en la segunda ciudad de Estados Unidos. Los incendios de enero de 2025 -con el de Pacific Palisades, al oeste, y el Eaton Fire, al este, como epicentros- arrasaron más de 15.000 hectáreas, un área equivalente a más de 20.000 campos de fútbol o casi dos veces la extensión de Manhattan. Las rachas de viento de hasta 160 kilómetros por hora propiciaron que el fuego avanzara a gran velocidad y que los bomberos no pudieran hacer nada para evitar semejante destrucción. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Actores como Anthony Hopkins, Billy Crystal, Miles Teller, Ryan O'Neal o Julia Louis-Dreyfus perdieron sus casas.
Un año más tarde, los Whirledge representan a la nutrida parte de la comunidad que se resiste a tirar la toalla. Quieren reconstruir en el lugar idílico donde hace casi cuatro años compraron una casa de 1948, al pie de las montañas, y donde los vecinos se mandaban mensajes para alertar de la presencia de osos. "Sabemos del riesgo que supone volver, pero estamos dispuestos a asumirlo", dice Medina, una pintora de 38 años de origen colombiano, caminando por el lote donde antes estaba su residencia. "Vamos a reconstruir con unos estándares mucho más seguros y confiamos en que nuestros vecinos hagan lo mismo".
Los restos de una casa destruida por los incendios de enero de 2025, en Altadena.
En un año han pasado por las mismas vicisitudes que miles de vecinos afectados por el Eaton Fire: la batalla con el seguro para cobrar la póliza que les cubra una parte del coste de la reconstrucción, la búsqueda de ayudas financieras y préstamos del Gobierno para completar el resto, y la contratación de un abogado confiable para demandar al responsable del incendio en Altadena: Southern California Edison.
La compañía eléctrica, una de las más grandes del país, con unos ingresos anuales de unos 17.000 millones de dólares, ha reconocido en documentos e investigaciones internas que su negligencia causó el incendio el 7 de enero de 2025. La empresa no retiró una torre que estaba inactiva desde 1971 y que pudo haberse energizado por inducción desde líneas activas. El viento y la maleza en la base de la torre hicieron el resto, un incidente del que hay decenas de pruebas a través de vídeos grabados por vecinos y cámaras de seguridad de comercios.
Edison ha ofrecido un programa de compensación voluntaria para las víctimas del incendio, con pagos directos y rápidos para frenar la lluvia de demandas que se le ha venido encima. Casi 3.000 personas -según Edison- ya han sometido sus reclamaciones, aunque se espera que la disputa en tribunales vaya para largo. No sólo están las demandas presentadas por propietarios y negocios, sino también las del condado de Los Ángeles, el Departamento de Justicia y las ciudades de Pasadena y Sierra Madre.
Hay más lotes baldíos que casas en construcción tras la catástrofe.
Whirledge, compositor de música para películas y series de televisión, dice que está "furioso" con Southern California Edison. "Es muy decepcionante entender su forma de operar y la devastación que han causado", afirma. "Tenían décadas para poder hacer algo sobre sus torres sin usar, limpiar la maleza al menos, y seguramente no lo hicieron para ahorrarse dinero. Me enfurece sólo de pensarlo".
Preguntada por lo más doloroso de tanta pérdida, Medina responde que "los años que estamos perdiendo de poder disfrutar este sitio con mis hijos, las Navidades y los Halloween que se van a perder. Las memorias que se pierden en la comunidad es el mayor problema para mí".
John Dyson no cree que Altadena vuelva a ser lo que era antes, pero está "muy agradecido por todo el apoyo recibido". Es, junto a su esposa Darlena, su hermana, Deborah y su sobrina Debbie, la primera familia en recibir el permiso de ocupación para volver a su nueva vivienda tras los incendios. "Tengo una casa nueva, un trabajo, una mujer que me quiere, una comunidad que me apoya. ¿Qué más puedo pedir?", dice este ejecutivo de Hewlett Packard, con 25 años de trayectoria en la compañía. "No me duele mirar al pasado, pero vivimos en el presente y en el futuro".
En su calle, la avenida Grandeur, se escucha a lo lejos la música regional mexicana de los obreros que trabajan en una de las casas vecinas. Uno de ellos, Alex Martínez, dice que el ambiente se ha ido normalizando tras la oleada de redadas del Gobierno de Trump que se llevó por delante a muchos de sus compañeros. "Ya no hay tanta persecución", explica a EL MUNDO.
John y Darlena Dyson, en el porche de su nueva casa.
La nueva residencia de los Dyson es casi la única en su lado de la manzana que queda en pie. También es la más llamativa: pintada de azul y con una puerta amarilla que ofrece un poderoso contraste. "Eso fue cosa mía", reconoce Darlena con orgullo y una sonrisa. "Me tocó convencer a mi marido, pero al final lo conseguí". Añade, "aunque suene raro", que para ellos "esto ha sido una bendición. Tenemos una mejor casa que antes y un garaje convertido en vivienda", donde vive ahora su cuñada con su hija. "Estamos bien".
No son muchos, sin embargo, los que han corrido una suerte tan favorable y a semejante velocidad. Tan sólo siete familias, incluyendo a los Dyson, han recibido ya el permiso de ocupación. De las 6.000 casas que se perdieron, tan sólo 535 están en proceso de reconstrucción un año después, con 2.678 aplicaciones recibidas en proceso de recibir luz verde para comenzar las obras. En muchos casos, el dinero es el problema principal, especialmente en una parte del mundo tan cara como el sur de California.
Kathryn Barger, la supervisora del condado de Los Ángeles que ha liderado gran parte de los esfuerzos de recuperación de Altadena, es consciente de que es un proceso más lento del que muchos anticipaban, pero sostiene que ver cómo se otorgan permisos de reconstrucción a diario le da esperanza. "Quiero que la comunidad se agarre a eso", dice a EL MUNDO la republicana, en el cargo desde 2016. "Queremos ayudar a los que quieran volver, con pasos como eliminar las tasas administrativas para reconstruir, que ha sido clave para mucha gente".
En las casi cuatro décadas que Barger lleva dedicada al servicio público, nunca se había enfrentado a tal grado de destrucción. "Cuando ves a la gente perderlo todo, gente que ha estado aquí por generaciones, te cambia la forma de ver tu propia vida", analiza. "Tengo amigos que han perdido su casa y para mí es una misión ayudarlos a reconstruir. Haré todo lo que esté en mi mano".
La rápida operación de remoción de escombros, sumada a las fuertes lluvias de las últimas semanas, ha ayudado a desterrar casi por completo la imagen de desolación que reinó durante meses en el vecindario. Hay lotes verdes hasta donde alcanza la vista, salpicados por unos pocos esqueletos de madera de viviendas en construcción. Whirledge y su mujer han dibujado ellos mismos los planos de "la casa de sus sueños" y esperan comenzar pronto con las obras. "Quizá podamos volver para las Navidades", suspira Whirledge. "Quién sabe".


