Versos que se alimentan de melancolía

Versos que se alimentan de melancolía

Dulce María Sardiñas Izaguirre (Veracruz, 1969) siempre ha pensado que es una mujer melancólica. “Quizá fue el hecho de tener tanto tiempo para mí misma, siendo hija única. Leía mucho de chica, siempre buscaba textos, buscaba qué leer. Pero no siento peso de decir que soy melancólica, al contrario, me encanta una tarde de lluvia”, dice.

La naturaleza y sus fenómenos fueron su compañía: “No es una melancolía negativa ni es una tristeza que me abrume, simplemente es una personalidad”. Con ese estado de emoción, encontró en la poesía un espacio natural: “Tenía aproximadamente unos 18 años cuando empecé a escribir, eso me fue emocionando, me fue encantando transmitir y desbordar las emociones a través de la pluma y el papel”.

Así, fue acumulando libretas que funcionaban como diarios, pero también versos que hablaban del momento que vivía. Su primer libro, “Azares de vuelta” (Bonilla Artiga Ediciones, 2025), va desde los primeros poemas escritos hasta los surgidos en los últimos años. “Desde muy joven encontré la poesía como una forma de transmitir emociones y este libro empieza en 1987 y no ve la luz hasta 2026”.

Ella lo compara con una olla express que se mantuvo sobre la flama: “Finalmente, después de tantos años pudo soltar toda esa presión de emociones contenidas”. El poemario de Sardiñas avanza con el tiempo, con los meses o las estaciones del año, pero también con los sentimientos que invaden a la autora en determinadas circunstancias.

Cualquier situación puede ser un motivo. “Me gusta mucho hablar del tiempo, encuentro muchas imágenes que me remiten a historias, a momentos de la vida, pero también a través de objetos, de objetos tan cotidianos como puede ser un reloj, un calendario, un baúl de recuerdos”, cuenta.

Sardiñas dice que sus poemas crecen libremente, sin ceñirse a una métrica específica porque también así nacen. “Pero me gusta que siempre tengan una resonancia, una melodía que se pueda guardar en el corazón de alguna manera, y me gusta dejar, dejarle al lector la posibilidad abierta de qué pudo suceder, qué es esa memoria, dejar en el lector curiosidad y una imagen abierta, un poco la esencia, la esencia de las cosas, lo que se va quedando”.

Créditos: (Especial)

Apasionada de la poesía española, las voces a las que siempre regresa incluyen a Mario Benedetti, “una voz cotidiana, una voz amable, un poeta sin pretensiones. Al día de hoy también están Fernando Pessoa y Emil Cioran, poetas muy profundos, y la verdad es que se van sumando lecturas, experiencias y aprendizajes”.

Varias décadas después de que Sardiñas comenzó a escribir, aún se reconoce en esas primeras palabras, pero su voz, piensa, es otra: “Lo noto perfecto en lo que estoy escribiendo ahora. Lo que es nuevo tiene el eco de quién soy, eso no cambia, pero si es una poesía más contenida, más pura, más corta. Es igual de romántica, igual de melancólica, pero es una voz más abstracta, más contenida”.

Ahora, dice, “hay más calma, pero también más educación, más contención, más control, más control de mi misma, ya no se desborda igual toda la emoción sobre el papel”.
 

ELEMENTOS

  • Dulce María Sardiñas estudió Derecho y una maestría en Humanidades, pero desde chica comenzó a escribir.
  • Nacida en el puerto de Veracruz, piensa que el ser hija única le dio mucho tiempo para leer y escribir.

Por Luis Carlos Sánchez  

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