Violadas por turnos: la pesadilla que sigue persiguiendo a las mujeres en India

Violadas por turnos: la pesadilla que sigue persiguiendo a las mujeres en India

La violaron entre cinco hombres. La golpearon, la ataron y le introdujeron objetos en la vagina. Después la dejaron malherida en su casa mientras sus agresores desaparecían en la oscuridad de una aldea del norte de India. Lo ocurrido este mes en el estado Bihar ha provocado indignación nacional, pero también una sensación de déjà vu: otra vez una violación grupal.

La mujer, de 28 años y madre de cuatro hijos, denuncia que los hombres irrumpieron en su vivienda la noche del 11 de junio. Días después, los médicos le extrajeron varios de los objetos que los agresores habían usado durante la agresión. Entre ellos apareció un casquillo de bala. La imagen es tan brutal que ha sacudido a toda India.

La historia de Soma, nombre ficticio que utiliza un reportaje de la BBC para referirse a esta nueva víctima, reúne todos los elementos que explican por qué la violencia sexual sigue siendo una de las grandes vergüenzas del país más poblado del mundo.

La agresión ocurrió en una aldea donde el baño de la vivienda apenas estaba separado por una cortina. Su marido escuchó ruidos extraños, pero pensó que procedían de un animal callejero. Cuando intentó entrar descubrió que la puerta había sido cerrada desde fuera. La encontró inconsciente. Después llegó el segundo calvario: según la familia, la policía se negó inicialmente a registrar la denuncia y los hospitales tardaron en reaccionar. Solo cuando el caso estalló en los medios nacionales llegaron las suspensiones, las investigaciones y las promesas oficiales.

Para muchos indios, la agresión evoca inevitablemente el caso que cambió el país en diciembre de 2012. Aquella noche, una estudiante de fisioterapia de 23 años fue violada en grupo dentro de un autobús en Delhi y agredida con una barra metálica. Murió días después. Las protestas masivas obligaron al Gobierno a reformar las leyes, endurecer las condenas e introducir la pena de muerte para determinados delitos sexuales. Los dirigentes prometieron entonces que nunca volvería a ocurrir algo parecido.

80 violaciones al día

En cambio, 14 años después, las estadísticas y los titulares cuentan otra historia. Según los datos oficiales de la Oficina Nacional de Registro de Delitos, cada año se denuncian más de 30.000 violaciones en India. Son más de 80 al día. Organizaciones de derechos humanos sostienen que la cifra real es mucho mayor porque miles de víctimas nunca llegan a denunciar por miedo, vergüenza o presión familiar. En las zonas rurales, además, muchas mujeres siguen encontrándose con policías que minimizan los hechos, médicos poco preparados para atender agresiones sexuales y comunidades que consideran a la víctima responsable de su propia desgracia.

El caso de Soma coincidió con una sucesión de episodios que han vuelto a poner el foco sobre una violencia que atraviesa todas las regiones del país. En Patna, la capital de Bihar, dos hermanas procedentes de Jharkhand denunciaron que fueron contratadas para actuar en una ceremonia familiar a cambio de 8.000 rupias (alrededor de 75 euros). Había contrato, transporte y apariencia de legalidad. Pero, según relataron posteriormente, acabaron siendo golpeadas y violadas por varios hombres. Uno de los sospechosos ha sido detenido y la policía busca al resto.

Pocos días después, también en Patna, dos mujeres integrantes de un grupo musical denunciaron haber sido secuestradas y violadas a punta de pistola por una docena de hombres. Las víctimas eran primas y habían emigrado desde Jharkhand en busca de trabajo. El caso provocó indignación local, pero apenas logró mantenerse unos días en los titulares nacionales antes de ser eclipsado por nuevas agresiones.

En Kalyan, una ciudad industrial situada en el estado de Maharashtra, una adolescente de 16 años que trabajaba como recolectora de basura fue engañada para entrar en una vivienda alquilada. Allí, según la investigación policial, dos hombres de 59 y 65 años la violaron. Fueron los vecinos quienes escucharon sus gritos y avisaron a la policía. Los agentes llegaron a tiempo para rescatarla.

A más de dos mil kilómetros de distancia, en el estado de Assam, una joven de 15 años denunció que fue violada repetidamente durante meses dentro de un vehículo en movimiento. La policía arrestó a cinco hombres después de que varios vecinos interceptaran un coche sospechoso y encontraran a la menor semidesnuda junto a varios ocupantes. Según su relato, todo comenzó cuando unos desconocidos le ofrecieron comida y la convencieron para subir al vehículo. A partir de ahí empezó una pesadilla que se prolongó durante meses.

Los expertos señalan que detrás de estos crímenes existe una combinación tóxica de factores: desigualdad extrema, discriminación de género, impunidad judicial y una cultura patriarcal profundamente arraigada. Aunque India presume de tener mujeres en puestos de poder, desde directoras ejecutivas hasta líderes políticas, la realidad de millones de mujeres sigue marcada por matrimonios forzados, violencia doméstica y discriminación cotidiana.

Además, persisten lagunas legales que provocan críticas constantes de organizaciones feministas. Una de las más controvertidas es que la legislación india todavía no reconoce como delito la violación dentro del matrimonio cuando la esposa es mayor de edad. El asunto sigue pendiente de resolución definitiva en los tribunales y se ha convertido en uno de los principales símbolos de la resistencia institucional a ampliar la protección de las mujeres.

La discusión volvió a adquirir dimensión internacional en marzo de 2024, cuando Fernanda, una turista brasileña que recorría el mundo en motocicleta junto a su marido, el español Vicente, fue violada en grupo en el estado de Jharkhand. Los agresores golpearon brutalmente al hombre antes de atacar a la mujer. La noticia recorrió el mundo y reabrió en India un debate que nunca termina de cerrarse. Intelectuales, activistas, políticos y estrellas de Bollywood se preguntaron cómo era posible que, después de más de una década de reformas, las violaciones grupales siguieran apareciendo con una frecuencia tan alarmante.