Viñedos, colinas y pueblos de cuento: las otras Toscanas de Europa que no son la italiana

Viñedos, colinas y pueblos de cuento: las otras Toscanas de Europa que no son la italiana

Cuando pensamos en la Toscana, nos viene a la mente la famosa región italiana de colinas onduladas, viñedos infinitos y pueblos medievales de piedra. Pero el espíritu toscano no se limita solo a Italia. Sea por marketing turístico o por pura coincidencia natural, hay rincones por toda Europa que evocan esa belleza y hacen suspirar a cualquier viajero sin necesidad de cruzar los Alpes.

Abadía de Gordes, Provenza, Francia, lavanda© Shutterstock

GORDES Y LA PROVENZA FRANCESA

Si sueñas con colinas onduladas, viñedos infinitos y pueblos de piedra encaramados sobre riscos, un viaje a la Provenza francesa te hará sentir como en la Toscana… pero con un sello francés propio. En esta, los campos de olivos y lavanda salpicados de cipreses se extienden hasta donde alcanza la vista, pero también los viñedos, porque esta es la cuna del rosado francés, protegida bajo la denominación de origen Côtes de Provence. Gordes, con sus casas de color miel, es un ejemplo de pueblo medieval fortificado, y a su alrededor hay muchos otros que se parecen a San Gimignano o Pienza por que se alzan sobre una colina con vistas panorámicas a los campos, como Roussillon, con sus acantilados y viviendas de tonos ocres y rojos, Ménerbes o Bonnieux.

Experiencia extra:

Para vivirlo en todo su esplendor, planifica tu viaje durante floración de la lavanda (junio-julio), cuando los campos se tiñen de un violeta intenso y parecen una postal.

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Región de Goriska, Eslovenia© Shutterstock

GORISKA BRDA, LA TOSCANA ESLOVENA

Colinas de viñedos coronadas por castillos e iglesias medievales, campos de olivos centenarios y pequeños alojamientos en fincas rurales… así pintado parece que estamos en Italia, ¡pero estamos en Eslovenia! Buena parte del territorio de Goriška Brda perteneció a Italia durante décadas, y la localidad que le da nombre está dividida entre ambos países: Gorizia y Nova Goriza.

Desde Dobrovo y su espectacular castillo se puede recorrer esta comarca fronteriza con Italia en coche o en bicicleta eléctrica. Las carreteras ondulantes, flanqueadas por viñedos, olivos y frutales, llevan hasta Goriška y las montañas prealpinas. En el camino hay pueblos de cuento como Šmartno y Kojsko, y bodegas familiares donde probar vinos locales.

Experiencia extra:

No te pierdas la bodega ubicada en el castillo de Dobrovo, donde podrás degustar vinos locales elaborados con uvas merlot, rebula o pinot gris, producidos en los viñedos que lo rodean.

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Bodegas de Tokaj, Hungría© Shutterstock

TOKAJ, LA TOSCANA HÚNGARA

Los vinos húngaros —naturalmente dulces— son conocidos como “vino de reyes” porque en el siglo XVIII no faltaban en las mesas reales y nacen en una de las regiones vinícolas más antiguas del mundo, y distinta a cualquier otra del mundo debido a sus suelos, clima, uva y ambiente. En lo que no es tan diferente esta es en su paisaje, de colinas suaves, pueblos de tradición vinícola y bodegas tradicionales, por eso su comparación con la Toscana italiana. El pequeño y tranquilo pueblo de Tokaj es el corazón, pero mucho encanto rural tienen también Mád, Tarcal, Tolcsva y Erdőbénye.

Experiencia extra:

Para aprender de vinos húngaros, descubre la bodega Oremus, del grupo Tempos Vega Sicilia, situada en Tolcsva, al noreste de Hungría, a dos horas y media de Budapest.

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Castillo de Mikulov, Patrimonio de la Humanidad, Unesco, República Checa© Shutterstock

MORAVIA DEL SUR, LA TOSCANA CHECA

Casi toda la producción vinícola de República Checa se concentra en Moravia del Sur. Sus caldos blancos han ganado fama en los últimos años y se producen principalmente alrededor de Mikulov, donde un microclima fresco y soleadas laderas orientadas al sur favorecen los viñedos. Mikulov es un bonito pueblo medieval, al igual que Valtice o Lednice, con calles empedradas, plazas encantadoras y casas de colores claros. Los castillos de Mikulov y Valtice, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, recuerdan a las fortalezas situadas en las colinas de la región italiana 

Experiencia extra:

En muchas bodegas se puede apreciar la calidad de los vinos checos, aunque hay dos opciones especialmente recomendables: el Salón Nacional de Vinos, en Valtice, donde se presentan los mejores bodegueros del país y se puede disfrutar de una cata variada; o las Bodegas Sedlacek en Vrbice, ubicadas en un original edificio.

Calaceite,Teruel,San,Cristobal, Matarraña© Shutterstock

LA TOSCANA TUROLENSE: EL MATARRAÑA

La llaman la “Toscana turolense”, aunque conserva su propia personalidad mediterránea, más íntima y salvaje que la región italiana. Huertas, olivos y almendros dan un aire muy rural y mediterráneo a su paisaje, que se ha conservado casi intacto hasta hoy y es orgullo de sus habitantes, que no llegan a 9.000 repartidos entre sus 18 pueblos medievales. De entre todos, Valderrobres, Calaceite, Beceite, La Fresneda y Ráfales son conjunto histórico. Esta comarca del Bajo Aragón, situada al este de Teruel, seduce por ello y por nuevos reclamos como el oleoturismo, el enoturismo, el paraje del Parrizal de Beceite o sus hoteles exquisitos y sus restaurantes, con una cocina arraigada a la tierra y al entorno.

Torre del Visco, Fuentespalda, Teruel, Matarraña© Torre del Visco

Experiencia extra:

Pasar un par de días en Torre del Visco, una encantadora masía a tan solo 5 kilómetros de Valderrobres, pionera en sostenibilidad y con un restaurante estrella Verde Michelin (torredelvisco.com).

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