Aeroméxico Formación: Simulador impulsa vuelo de cientos de pilotos aviadores
Tiemblan las paredes, y las piernas, en la cabina del avión donde una voz alerta: “Perdimos un motor”. El estrés se respira entre focos naranjas, el instructor y el estudiante de piloto, quien aprende a resolver en uno de los simuladores de Aeroméxico Formación (AFI).
La carrera de piloto aviador, que no cuenta con pase automático a las filas de la aerolínea, tiene una duración de dos años, uno de ellos con horas de vuelo en Estados Unidos, por parte de CAE, empresa canadiense en la formación de pilotos civiles y militares.
“Buscamos garantizar la seguridad de nuestros colaboradores, de las operaciones y del pasajero”, mencionó Ernesto García Tapia, director de Aeroméxico Formación.
“Muy cerca del suelo”, avisa otra voz en la cabina, para jalar el yoke (volante) y levantar el vuelo. Turbulencias, falta de visibilidad y aterrizajes forzosos controladas, repetibles y medibles, están programadas en los simuladores, con peso de una tonelada, donde los pilotos pasan cuatro horas seguidas.
Por otro lado, si se ve a estudiantes manoteando al aire, es porque tienen gafas de realidad virtual para seguir las instrucciones de Quetzalli, asistente en la capacitación de sobrecargos, otra de las carreras que se imparten en el AFI.
“Buscamos que tengan la capacidad de reaccionar. Antes de la realidad virtual se usaba la imaginación. Esta tecnología permite medir la parte sensorial de sus competencias”, agrega Perla González, gerente Jr. de Capacitación de Sobrecargos.
La carrera de piloto no es nada barata: “La parte teórica cuesta 500 mil pesos, pero las horas de vuelo cuestan un millón y medio.
La de sobrecargo cuesta 150 mil pesos y dura año y medio”, dijo García Tapia.
A diferencia de otras escuelas, no basta con pagar para estudiar en AFI la carrera de piloto aviador: además de pasar una entrevista de admisión y tener un nivel de inglés del al menos B1+, son necesarios exámenes médicos para saber si el aspirante es apto para volar.
“Podríamos tener mucha más gente, sin embargo, priorizamos la calidad sobre la cantidad”, remató García Tapia, quien mira cómo vuelan sus pupilos en el semillero.
PAL