Andy Burnham pone a los laboristas al frente de las encuestas del Reino Unido en solo una semana

Andy Burnham pone a los laboristas al frente de las encuestas del Reino Unido en solo una semana

Hasta esta semana, se daba por hecho que el Reino Unido iba a ser inexorablemente uno más de los países europeos en los que la derecha populista y nacionalista iba a ganar las próximas elecciones y a estar en el Gobierno, probablemente como partido mayoritario. Así lo avalaban todas las encuestas desde hacía un año y medio. La única duda era que, dado que no se esperan comicios hasta 2028 o 2029, las cosas podían cambiar.

Nadie, sin embargo, esperaba que lo hicieran de manera tan súbita. Ha bastado la llegada del nuevo primer ministro laborista, Andy Burnham, al cargo para que se dispare la intención de voto de ese partido y Reform pierda.

¿Es el 'Efecto Burnham'? ¿La 'luna de miel' tradicional entre la opinión pública y un líder nuevo en los 'primeros 100 días' de su mandato? ¿Consecuencia de la multiplicación de escándalos de corrupción que salpican a Reform y en especial a su líder indiscutible, Nigel Farage, sin el cual el partido, literalmente, no es nada?

Nadie sabe eso. Pero los datos aparecen en una serie de encuestas publicadas esta semana, y parecen avalar la tesis de los diputados laboristas que abandonaron al anterior primer ministro, Keir Starmer, por Burnham fundamentalmente porque consideraban que con éste tenían más posibilidades de ganar y, por consiguiente, de seguir en el cargo.

Hace tres meses, con Starmer en Downing Street, el Partido Laborista trataba de no caer al cuarto lugar en popularidad entre la opinión pública del Reino Unido, detrás de los ultras de Reform, los conservadores, y los Verdes. Ahora, una serie de encuestas lo ponen disputando la primera posición con Reform, cuyo líder, Nigel Farage, se ha visto acosado por una oleada de escándalos de corrupción en los últimos dos meses.

Giro radical

El cambio de actitud es brutal. En mayo, tras las devastadoras elecciones locales en las que el Partido Laborista sufrió una derrota absoluta y el final de la jefatura del Gobierno por Starmer quedó sellada, esa formación llegó a tener apenas un 17% de intención de voto, según la empresa de estudios de la opinión pública YouGov. Eso lo situaba muy lejos de Reform (25%), empatado con el Partido Conservador y tan solo una décima por delante de los Verdes. El laborismo, así, afrontaba como una posibilidad muy real la pérdida de su primacía de la izquierda a manos de los Verdes del autoproclamado 'ecopopulista' Zack Polanski.

Ahora, el partido de Burnhan está, de acuerdo con los datos de esa misma empresa, empatado con el de Farage, con los conservadores en el 21%. Así, el panorama político del Reino Unido parece haber pasado de un 'escapado' -Reform-, seguido de un 'pelotón' del que nadie lograba despegarse -partidos Laborista, Conservador y Verde-, a un 'sprint' entre Reform, conservadores y laboristas. La mayoría de las otras encuestas de prestigio difieren de YouGov en dar la ventaja a los conservadores, lo que es una noticia excelente para el laborismo, dado que reduce las posibilidades de una coalición de ese partido y Reform.

Sea como sea, Burnham parece haber cambiado la percepción de los laboristas que tienen los británicos. Su popularidad parece haberse beneficiado de un trasvase de votos de la izquierda -Verdes-, el centro -Liberal Demócratas- y votantes no comprometidos con ninguna formación pero preocupados por la economía.

Medidas

Las subida no parece casual. Desde que llegó al poder, el lunes de la semana pasada, Burnham ha anunciado una serie de bajadas de impuestos de carácter poco menos que simbólico, pero con un enorme impacto psicológico, para hacer la vida más fácil a los británicos, que impactan favorablemente en las cosas que mucha gente hace todos los días, como tomar el autobús, usar electricidad en casa, o irse al bar a tomar una pinta -o las que sea menester- de cerveza. A eso se ha sumado su decisión de trabajar un día a la semana desde la ciudad de Mánchester, como señal de buena fe en su plan de descentralización del poder y entrega de autonomía a los municipios y entes locales.

Con esas decisiones, Burnham ha acreditado su carácter de político que entiende cómo viven los ciudadanos, algo que contrasta con Starmer, qur tenía aproximadamente la misma empatía que un robot. La mejor comparativa entre ambos es que Starmer ni siquiera tuvo 'luna de miel' con los votantes de 'los primeros 100 días': su popularidad empezó a desplomarse en el mismo momento en el que juró el cargo. En ocho meses pasó de lograr una mayoría histórica a perder el primer puesto de las encuestas a manos de un partido que solo tenía cuatro años: Reform.

Ahora, Reform es una de las grandes dudas del panorama político británico. La formación que parecía destinada a ganar las próximas elecciones y a formar un Gobierno -probablemente en coalición con los conservadores- está atascada en una cascada de escándalos financieros que están erosionando su apoyo popular. En realidad, Reform había tocado techo en septiembre pasado y, desde entonces, se había mantenido estable en el entorno del 23%-25%. Ahora, podría estar perdiendo ese apoyo. La gran paradoja es que, según las encuestas, el Partido Conservador solo está viéndose moderadamente favorecido por esa crisis de su propio competidor en la derecha.

La cuestión es ahora si Burnham va a ser capaz de mantener esa dinámica. Porque la semana de 'regalos' se ha terminado. Tras haber complacido al votante, el primer ministro ha recordado la cruda realidad en una fin de semana en el que apareció en televisión declarando que, si el Estado del Bienestar británico no es reformado, una de sus joyas -el sistema de sanidad pública- será insostenible, y que el sistema de bajas de larga duración de los jóvenes, que ha sido acusado de generar un absentismso formidable, debe ser reducido.