Trump recibe a Zelenski con sonrisas y a Netanyahu con advertencias

Trump recibe a Zelenski con sonrisas y a Netanyahu con advertencias

Si en política hay veces que un año se hace tan largo como una era geológica, en la Casa Blanca de Donald Trump doce meses son simultáneamente una eternidad, un suspiro y sobre todo una aventura. Aquí las alianzas, las simpatías y las prioridades cambian a una velocidad que desafía cualquier manual de diplomacia, puesto que el presidente, como el Reino Unido decimonónico, lo único permanente que tiene son sus propios intereses.

Pocas jornadas resumen mejor la montaña rusa geopolítica actual que la de este martes, en la que en la Casa Blanca se han cruzado el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Ambos acudieron a Washington para el funeral del senador Lindsey Graham, amigo común y uno de los últimos representantes del mundo de ayer, y se vieron con Trump, socio indispensable.

La capital dedicó al veterano legislador una despedida casi de jefe de Estado, con una ceremonia espectacular en la rotonda del Capitolio, con sus compañeros en fila rindiendo homenaje a uno de los grandes veteranos del Congreso y el vicepresidente JD Vance dedicándole unas palabras. Antes de su traslado a la Catedral, donde intervino su familia y el presidente Trump, que bromeó sobre la belicosidad de su aliado: "Nunca hubo una guerra que no le gustara, era un gran halcón", indicó.

Las citas, definidas escuetamente por la jefa de prensa del Trump como "positivas y productivas", pusieron de manifiesto varias cosas impensables en 2025. Para empezar, las reuniones fueron en privado, sin cámaras. El Trump recién regresado al poder estaba permanentemente en directo y orquestaba todas sus visitas ante los medios. Un espectáculo imprevisible y caótico para desarmar a los huéspedes, que a veces salía bien, a veces acababa fatal, como recuerda bien el ucraniano. Ya no. Por razones políticas, de salud o de cautela, la mayoría de los encuentros con líderes mundiales se hacen ya como en el resto del planeta, en privado. Y eso es un cambio notable.

Pero lo más llamativo no estuvo en la forma, sino en el fondo. Las tornas han cambiado completamente. Si el año pasado Zelenski era poco más que un apestado, alguien al que Trump y su equipo criticaban en público y en privado, del que se quejaban de que sólo quisiera dinero, al que le reprochaban su forma de vestir y su lenguaje mientras cortaban literalmente la ayuda a su país para presionarlo, ahora, hasta los influencer MAGA más radicales empiezan a cambiar de opinión y a definirlo como un "héroe" o el "Lincoln de esta generación".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.MUNDO

Al revés con Netanyahu. En su octava visita a la Casa Blanca desde la victoria electoral de Trump, el primer ministro israelí llegó más debilitado y cuestionado que nunca, incluyendo las encuestas electorales en su país. Los primeros encuentros entre los dos, viejos amigos, eran siempre una exhibición de esa relación especial entre nacionales. Los ataques a las infraestructuras nucleares iraníes el pasado verano reforzaron incluso más el vínculo. Pero la guerra en Gaza, las operaciones en Qatar y los bombardeos en el Lïbano han acabado con la paciencia de Trump, que ha reprendido y criticado a Netanyahu en voz alta estos meses. Sus mensajes, cada vez más duros, directamente o a través de entrevistas, reflejaban hastío e impotencia. Ayer mismo, en referencia al lobby israelí para deteriorar las relaciones entre EEUU y Turquía, Trump volvió a llamar al orden a su amigo, instándole a no meterse donde no le llaman.

Hace exactamente un año Zelenski atravesaba el momento más delicado desde el inicio de la invasión rusa. El apoyo republicano a Ucrania se erosionaba, Trump cuestionaba abiertamente el volumen de la ayuda militar y la ya célebre reunión en el Despacho Oval acabó convertida en un espectáculo grotesco sin precedentes. Ucrania había dejado de ser la causa de consenso en Washington desde la invasión para convertirse en otro campo de batalla.

Zelenski llego hoy sin embargo en una posición sensiblemente más sólida y eso se veía en las pocas imágenes que han trascendido, con cara de relajación y amplias sonrisas. No porque la guerra haya mejorado para Ucrania, que en parte sí gracia a un dominio sin igual de los drones que le permite incluso atacar a Rusia en su territorio. Sino porque el propio Trump ha endurecido su discurso hacia Moscú o al menor ya no es entusiasta y elogioso. La frustración del presidente estadounidense con la falta de avances, las dudas crecientes sobre la disposición real del Kremlin para negociar y la percepción de que Putin está utilizando las conversaciones para ganar tiempo, mientras ayuda a Irán a atacar a EEUU y sus aliados, han introducido un giro significativo en la Casa Blanca. Sin abandonar su aspiración de poner fin al conflicto, Trump se muestra hoy mucho más escéptico respecto a Rusia de lo que lo estaba hace un año.

"Una buena reunión con el presidente Trump en el Despacho Oval. Gracias por todo lo que hacemos juntos para proteger las vidas de los ucranianos y avanzar en la paz. Ante todo, le ofrecí al presidente nuestras condolencias por el fallecimiento de Lindsey Graham, un verdadero amigo de Ucrania. El presidente y yo discutimos licencias para la producción de interceptores Patriot y varias otras ideas que podrían ayudar. También hablamos sobre diplomacia, porque es importante que el proceso diplomático se revitalice. Nuestros equipos arreglarán los detalles de su comunicación posterior. Estoy agradecido a los Estados Unidos por su firme apoyo", dijo brevemente el ucraniano en un mensaje en las redes sociales al concluir el encuentro.

El ataque ucraniano del fin de semana pasado contra un buque de carga iraní en el mar Caspio ha dado muchos puntos extra a Zelenski, que en esta visita ha incidido en los vínculos entre las guerras que libran ambos países para acercarse a Trump. Después de ayudar a los países del golfo a defenderse de drones, Ucrania atacó el buque afirmando que transportaba equipo militar de Irán a Rusia. Igual que suministró pruebas de cómo Moscú usa sus satélites para identificar objetivos para Teherán. Lo que no ha bastado sin embargo para mejorar su relación con el propio Netanyahu. Ambos cruzaron unas tensas palabras en los pasillos de la Catedral, evidenciando que los desencuentros de los últimnos cuatro años no han desaparecido.

El presidente de EEUU, Donald Trump, en la Casa Blanca junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

El presidente de EEUU, Donald Trump, en la Casa Blanca junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.MUNDO

Pero la transformación de estos meses resulta aún más llamativa en el caso de Netanyahu, al que algunos en la Casa Blanca empiezan a ver como una causa perdida si no logra seguir en el poder y con los problemas penales que tiene por delante. La relación personal con Trump sigue existiendo, evidentemente, pero el vínculo político ha dejado de ser inmune a los problemas. No significa que Washington haya dejado de ser el principal aliado de Israel, al revés, pero sí revela un cambio de percepción mientras la opinión pública estadounidense va virando también. Trump usa siempre la analogía de tener buenas cartas y ahora han cambiado, incluso a pesar de que el ucraniano atraviesa la crisis interna más grave desde 2022, con ceses y nombramientos que han provocado protestas masivas y denuncias sobre su gestión autoritaria.

La Casa Blanca sigue evaluando en todo caso las relaciones internacionales desde una lógica profundamente transaccional, donde el apoyo nunca es un cheque en blanco y donde incluso los aliados más cercanos pueden convertirse en objeto de mofa o amenazas si considera que no sirven a los intereses estadounidenses. Irán se ha convertido en un problema del que no sabe muy bien cómo salir, y exige colaboración de Israel, no más obstáculos.

"No necesito que Bibi me lo diga. Bibi me lo dice porque quiere que siga involucrado", dijo esta mañana el presidente en una entrevista en televisión sobre las posibles pruebas que el Gobierno israelí quiere presentarle sobre actividades nucleares iraníes. "Destruimos sus instalaciones nucleares, y tendremos que destruir Pickaxe si no llegamos a un acuerdo", siguió Trump sobre la montaña donde se sospecha que hay instalaciones secretas en Irán.

Un comunicado difundido por la oficina del primer ministro israelí se limitó a decir que fue "una excelente y exhaustiva conversación sobre los temas clave del momento, principalmente Irán", y que "reafirmaron su firme compromiso de garantizar que Irán nunca posea armas nucleares". En línea con los mensajes de varios ministros que en las últimas horas han lamentado en público que Washington no quiere destruir las instalaciones energéticas de Irán.

Zelenski, que estuvo poco más de una hora en la Casa Blanca, se vio a continuación con el presidente finlandés, Alex Stubb (que ha forjado u inesperado vínculo con Trump gracias al golf) y dirigió a la Catedral Nacional para el acto en memoria del senador. Y por la tarde se verá con un grupo de senadores de ambos partidos que apoyan la Ley Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia e Irán. Richard Blumenthal (demócrata por Connecticut), Katie Britt (republicana por Alabama), Jeanne Shaheen (demócrata por Nuevo Hampshire), Roger Wicker (republicano por Misisipi) y Jim Risch (republicano por Idaho), junto con otros miembros de la Cámara.