Localizan dos muertos tras el derrumbe de un centro comercial en Kumamoto (Japón) por un fuerte terremoto

Localizan dos muertos tras el derrumbe de un centro comercial en Kumamoto (Japón) por un fuerte terremoto

En cuestión de segundos, decenas de personas quedaron atrapadas en el interior de un centro comercial del suroeste de Japón cuando la segunda planta del edificio se desplomó tras un potente terremoto de magnitud 7,1 que sacudió este martes la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu. Dos mujeres murieron en el centro comercial, según informó la cadena pública NHK citando a responsables locales.

La policía de Kumamoto comunicó por la noche que había fallecido una persona hallada entre los escombros de una casa, con lo que el balance provisional de víctimas mortales asciende a tres. Los reportes provenientes de toda la prefectura indican que muchas personas siguen desaparecidas.

Mientras los equipos de rescate trataban de abrirse paso entre los escombros, en el exterior se multiplicaban los incendios, los cortes de electricidad y las carreteras agrietadas, en una nueva jornada que recordó a los japoneses que convivir con los terremotos forma parte de su vida cotidiana.

La televisión pública NHK mostró imágenes de humo saliendo del complejo comercial Aeon Mall poco después del seísmo. Testigos aseguraron haber escuchado una explosión antes de que se derrumbara la segunda planta. Fuentes policiales han informado que entre 20 y 30 empleados del centro comercial no han podido ser contactados y que pueden haber quedado atrapados tras el derrumbe.

Los medios locales aseguraron que la mayoría de clientes fueron rescatados después del terremoto y que medio centenar de heridos han sido trasladados a los hospitales. También se ha informado que varios trabajadores permanecen desaparecidos en una fábrica de papel de la región tras el derrumbe de una chimenea.

Un funcionario del gobierno declaró a los medios de comunicación que "desconocen si fue la causa de la explosión, pero hubo fugas de gas. La válvula principal de gas ha sido cerrada".

El terremoto se produjo a las 16:27 hora local. La Agencia Meteorológica de Japón (JMA) registró el nivel máximo de siete en la escala sísmica japonesa Shindo, un sistema que no mide la energía liberada por el terremoto, sino la intensidad de las sacudidas que perciben las personas y el potencial destructivo sobre edificios e infraestructuras. El Servicio Geológico de Estados Unidos, por su parte, rebajó la magnitud en 6,8.

La primera ministra, Sanae Takaichi, aseguró que el Gobierno seguía evaluando el alcance de la catástrofe. "Se están produciendo cortes de electricidad e incendios en algunas zonas, y las carreteras y puentes han resultado dañados, además de que algunos edificios se han derrumbado", declaró. Takaichi explicó que 3.600 militares fueron enviados a Kumamoto para colaborar en las labores de rescate

La compañía eléctrica Kyushu Electric Power informó de que alrededor de 45.000 hogares y establecimientos quedaron sin suministro eléctrico en la región.

Las imágenes difundidas por NHK mostraban incendios urbanos, puentes con daños estructurales, un tren de mercancías descarrilado y numerosas grietas abiertas sobre el asfalto. También se confirmó el derrumbe de al menos una docena de viviendas.

La policía de Kumamoto comunicó por la noche que había fallecido una persona hallada entre los escombros de una casa. Los reportes provenientes de toda la prefectura indican que muchas personas siguen desaparecidas.

Según la Agencia Meteorológica de Japón, tras el primer terremoto se produjeron más de 60 réplicas con magnitudes que oscilan entre 1 y 4. Durante la tarde se ordenó a unas 300.000 personas que se dirigieran a los centros de evacuación.

Las autoridades emitieron inicialmente una alerta por riesgo de tsunami con olas de hasta un metro de altura. Sin embargo, tras comprobar que el terremoto se había producido tierra adentro y que no se detectaban alteraciones significativas en el nivel del mar, la Agencia Meteorológica retiró el aviso poco antes de las seis de la tarde.

También se informó que no se habían detectado anomalías en las centrales nucleares de la zona. La compañía Kyushu Electric confirmó que los tres reactores que permanecían en funcionamiento continuaban operando con normalidad, un mensaje especialmente relevante en un país donde cualquier gran terremoto reabre inevitablemente el recuerdo del accidente nuclear de Fukushima.

Uno de los periodistas de NHK que informaba en directo desde la zona, todavía con casco de protección, describía una situación de enorme tensión incluso media hora después del seísmo. "El temblor fue tan fuerte que no podía mantenerme en pie. Incluso ahora el edificio sigue sacudiéndose y cuesta mantenerse estable", relató mientras las réplicas continuaban sintiéndose.

La región afectada conoce bien el impacto devastador de los grandes terremotos. En 2016, Kumamoto sufrió dos violentos seísmos de magnitudes 6,5 y 7,3 separados por apenas dos días que dejaron 273 fallecidos y más de 2.800 heridos, además de miles de edificios destruidos. Aquella tragedia sigue muy presente en la memoria colectiva de la población local y explica la rapidez con la que hoy miles de personas evacuaron viviendas, oficinas y comercios en cuanto comenzaron las primeras sacudidas.

Japón figura entre los países con mayor actividad sísmica del planeta. Situado sobre la convergencia de cuatro grandes placas tectónicas en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, concentra aproximadamente el 18% de los terremotos registrados en el mundo. Cada año se producen cientos de movimientos sísmicos, la mayoría de escasa intensidad gracias a una estricta normativa de construcción antisísmica y a una población acostumbrada a participar desde la infancia en simulacros de evacuación.

Sin embargo, los grandes terremotos siguen siendo una amenaza permanente. El recuerdo más traumático continúa siendo el devastador seísmo submarino de magnitud 9,0 que golpeó el noreste del país en marzo de 2011. El posterior tsunami arrasó comunidades enteras, provocó la muerte o desaparición de unas 18.500 personas y desencadenó el accidente nuclear de Fukushima, la peor crisis atómica desde Chernóbil.

Aquella catástrofe transformó para siempre la relación de los japoneses con la tierra que pisan. Desde entonces, el país ha invertido miles de millones en reforzar edificios e infraestructuras, perfeccionar uno de los sistemas de alerta temprana más avanzados del mundo y convertir la preparación ciudadana en una rutina que comienza desde la escuela.