Alertan por nuevo ataque con drones, ahora en Huitzapula, Guerrero
Ahora son pobladores de la comunidad me’phaa de San Pedro Huitzapula Norte, municipio de Atlixtac, Montaña Alta de Guerrero, quienes claman auxilio por ataques a balazos y con drones explosivos, en hechos similares a los registrados en Chilapa durante seis días desde el sábado pasado.
La noche del miércoles pasado, 80 mujeres se refugiaron en la comisaría municipal, 17 niñas y 15 niños, entre ellas, quienes lloraban por el miedo. “Es una desesperación, no dormimos día y noche. Las bombas que caen son grandes y destrozan las casas. En un día caen alrededor de 20 bombas”, relató una señora entre llanto, quien no reveló su nombre por seguridad.
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Ayer por la mañana, amanecieron con estallidos y tiros a 500 metros de la comunidad indígena, denunciaron.
Aproximadamente 600 personas lanzaron un comunicado desde la comisaría municipal donde piden refuerzo de seguridad a la presidenta Claudia Sheinbaum.
“La violencia de Los Ardillos ha dejado muertos y familias desplazadas. Vivimos con mucho miedo, mientras las autoridades nos abandonaron desde el 27 de abril”, dijeron.
Alertaron que los criminales volvieron a instalarse en Totolapa, Zoyaltepec, Huixtlatzala, Totoltemec, Mexcaltepec y Meyoltepec.
Queman casas
“Hasta la fecha siguen tirando balazos y bombas. Ya entraron a la población, quemaron casas y pusieron en peligro a mujeres y niños”, señalaron.
En una llamada con el Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, difundida por la organización, una habitante acusó que los ataques comenzaron hace 17 días, pero se recrudecieron este jueves y que hay personas heridas y un muerto.
La denunciante relató que, tras ello, las familias huyeron hacia los cerros, donde pasaron la noche antes de ir a refugiarse en la comisaría.
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Explicó que andan dos patrullas del Ejército de la Base de Operaciones Interinstitucionales (BOI), pero no hacen nada “y en presencia de ellos han caído bombas. No es mentira, hay evidencias. Lo único que nos dicen es que no tienen personal y que no pueden hacer nada”.
El asedio es constante de un grupo de la delincuencia que quiere tomar el control de la comunidad indígena. Nadie puede salir a realizar las compras para la alimentación porque los caminos son peligrosos, no hay transporte.