¿Y Rocha Moya?

¿Y Rocha Moya?

Hoy se cumplen dos semanas de que Rubén Rocha Moya se esfumó. Dos semanas escondido. Dos semanas, protegido. El gobernador con licencia de Sinaloa no da la cara. No responde por las acusaciones que le hacen en EU. Y en México, el gobierno de su partido, lo encubre; es comparsa. Lo último que supimos, y no fue desmentido, es lo publicado por Proceso hace apenas 48 horas: Rocha y dos de sus hijos fueron sacados del Palacio de gobierno en Sinaloa, en un helicóptero militar.

De Rocha no hay mucho que esperar. ¿Qué se puede pedir a quien se habría aliado con narcos para convertirse en gobernador? Lo que sí resulta descriptivo es lo que ha hecho Morena en estas más de dos semanas. Pese al huracán que los arrastra, resisten en su defensa férrea de un presunto criminal.

Tampoco es que sorprenda demasiado. Morena no puede separarse de Rubén Rocha Moya. No puede, porque lo Rocha los representa y describe. Es radiografía de una manera de hacer política; el modus operandi que han utilizado para ganar elecciones: recibir dinero de los cárteles, pactar con criminales, aliarse con ellos y en pago: co-gobernar.

Sinaloa no es un accidente ni excepción. Es norma. Por eso la suerte del gobernador con licencia, es la del partido. Exhibirlo a él es desnudar la manera en que Morena asaltó el poder; es tirarles la máscara a quienes han repetido que es “el pueblo” el que los tiene donde están, cuando en realidad son acuerdos y nexos indecibles.

Rocha fue candidato porque AMLO lo impuso. No ganó la encuesta interna de Morena en Sinaloa. El mismo gobernador acusado por narcotráfico en EU lo ha reconocido. Luego, obtuvo el triunfo porque un cártel operó para él. Ovidio y Joaquín Guzmán han dicho en EU que se reunieron con Rocha y acordaron respaldarlo. Días antes a la jornada electoral, la estructura de “los Chapitos” levantó a los operadores electorales de la oposición. “Alrededor de mil personas fueron amenazadas y secuestradas”, me ha dicho Mario Zamora, entonces adversario en la elección de gobernador de Rocha Moya.

El triunfo de Morena en Sinaloa fue ilegítimo. Hay secciones electorales -en el triángulo dorado, por ejemplo-, donde Rocha ganó con más del 300% de los votos. La operación electoral cristalizó el arreglo entre Morena y el narco. En pago, según la propia acusación de un Gran Jurado en Nueva York, Rocha entregó posiciones clave a una facción del cártel de Sinaloa, y co-gobernó con ellos.

Todo eso lo supo AMLO, la dirigencia de Morena y fue validado por la autoridad electoral, que es cómplice.

Por eso el partido en el gobierno no puede descobijar a Rocha. Entregarlo es tanto como autoinculparse. Por eso, aunque haya pedido licencia, lo protegen. Por eso pusieron a su #2 como gobernadora interina. Por eso la encargada de cuidar la oficina lo respaldó en su primer discurso.

Pero la suerte del gobernador con licencia ya está echada. Y con la suya, la de varios morenistas encumbrados, comenzando por AMLO. Pensarán que sacándolo del ojo público lo encubren, pero ya no alcanza. Rocha pasó del “no hay nada que temer” a pedir licencia al Congreso para separarse del cargo en menos de 48 horas. Y de ahí, a esfumarse. El miedo en Morena se huele. Si cae Rocha se desmorona el partido; se les cae a pedazos López Obrador.

PAL