De la guerra de Suez en 1956 a la de Ormuz en 2026: canalizaciones alternativas del crudo para evitar el colapso global
Para Egipto, el Canal de Suez es mucho más que una fuente vital de divisas. El propio presidente Abdel Fatah al Sisi admitió días atrás que los pasados ataques de las fuerzas hutíes en el área del Golfo de Adén (Yemen), entre 2023 y 2025, y la incertidumbre generada por la última guerra en Irán han hecho perder 10.000 millones de dólares al país. Pero la estratégica travesía también es un símbolo de la gloria pasada que se asoció a este territorio y de épica bélica. La pompa de otras eras se puede apreciar en lo que fue la antigua sede de la compañía colonial que regentó la empresa del mismo nombre, convertida en museo. Aquí se recuerda la ostentación que rodeó la inauguración de la obra en 1869, bajo la égida del líder egipcio de la época, Ismail Pasha, que se gastó una fortuna en los tres días de celebración.
La ingente pintura de Edouard Riou que domina una de las salas del recinto retrata a los miles de invitados que asistieron a los fastos, entre los que se contaba lo más granado de la realeza europea. En otra se pueden escuchar algunos acordes de la ópera Aida, de Giuseppe Verdi, que el museo recuerda que fue un encargo del propio Pasha -como lo fue la obra de Riou- para conmemorar el evento, aunque se estrenó más tarde.
La exaltación militar de la crisis de Suez de 1956 se puede apreciar en el museo militar de Puerto Said, construido precisamente a instancias del entonces presidente Gamal Abdel Nasser. La parafernalia bélica y los mensajes de exaltación patriótica que se aprecian en el jardín del habitáculo son un reflejo de la percepción histórica que se estableció en este país sobre aquella contienda que les enfrentó a los ejércitos de Israel, Reino Unido y Francia. La contienda concluyó en derrota militar que se tornó debacle geopolítica para el trío, obligados a retirarse por la presión internacional y aceptar la nacionalización de la obra.
Sin que todavía se sepa si la puga por el control del Estrecho de Ormuz puede concluir de la misma manera -triunfo militar de EEUU pero victoria geoestratégica de Irán-, el cierre de ese estrecho por el que transita cerca del 25% del petróleo y el 20% del gas destinado al mercado internacional, podría resucitar la importancia crucial de Suez para el comercio global.
El acueducto saudí que se extiende por 1.200 kilómetros desde el este del Reino wahabí hasta el puerto de Yanbú, en el Mar Rojo, ya suministra desde allí cerca de siete millones de barriles de crudo a los petroleros, muchos de los cuales continúan después su tránsito a través del Canal de Suez.
Como recordaba recientemente el diario saudí Arab News, Petroline -así se llama el conducto- es precisamente "el hijo de otro conflicto", el que se libró en el mismo escenario en los 80 entre Iran e Irak, aliado este último con EEUU.
En aquel entonces, al igual que ahora, tanto Bagdad como Teherán atacaron cientos de embarcaciones en el área provocando la intervención de una flotilla estadounidense, que terminó enfrentada a las fuerzas navales iraníes.
Canalizaciones alternativas
Al igual que en esos años, los países del Golfo han comprendido que su dependencia del Estrecho de Ormuz se traduce en una debilidad estratégica y por tanto han comenzado a promover alternativas a esa trayecto para comercializar tanto el petróleo como el gas que producen.
Como escribió en abril Badr Jafar, un alto cargo de Emiratos Árabes Unidos, en el diario Financial Times, los países de la región están activando canalizaciones alternativas, nuevos puertos y rutas terrestres para superar no sólo el actual bloqueo sino preparar una alternativa a futuras crisis.
"Ningún Gobierno volverá a adoptar una postura de dependencia estratégica respecto de un estrecho controlado por un vecino impredecible. Un modelo de comercio e infraestructura que lleva 50 años en vigor se está rediseñando en cuestión de semanas", señaló.
Además de Petroline, Emiratos está recurriendo al oleoducto Adcop que conecta los yacimientos de Habshan, en Abu Dhabi, con Fujarah, en el Golfo de Omán, una canalización de 360 kilómetros que permite exportar entre 1,5 y 1,8 millones de barriles diarios.
Irak, por su parte, se está beneficiando de la recuperación del oleoducto que conecta Kirkuk y el puerto turco de Ceyhan, en el Mediterráneo. El pasado mes de marzo, el país árabe comenzó a enviar 170.000 barriles diarios y pretende alcanzar la cifra de 250.000, aunque todavía lejos de su máxima capacidad, que se estima en 1,6 millones de barriles.
Las iniciativas locales incluyen asimismo la posible finalización del acueducto árabe de gas que comienza en El Arish, en la Península del Sinaí, y pasa por Aqaba (Jordania), Homs (Siria) y Trípoli (Líbano), y que transfiere ese fluido desde los yacimientos egipcios.
La obra comenzó a implementarse en 2003 pero quedó interrumpida tras el inicio de la guerra civil en Siria, en 2011, sin que pudiese completarse la sección que debía unir a esa nación con Turquía.
Una lancha rápida de la Armada de la Guardia Revolucionaria, durante la incautación de un buque acusado de cometer infracciones, en Ormuz.
Siria o la precaria normalidad
En un guiño irónico, un país azotado por años de conflicto fratricida como fue la referida Siria, se ha sumado también a este esfuerzo para diseñar un trayecto alterno a Ormuz al establecer un corredor terrestre que permite el envío de petróleo desde Irak hasta el puerto de Banias.
Desde hace semanas, las filas interminables de camiones repletos de combustible iraquí frente a esta localidad siria se han convertido en una imagen inusual en esta nación que, de ser un referente bélico, ahora ejerce como enclave de precaria normalidad, en una región flagelada por la guerra.
"Siria se ha presentado como una solución a la crisis estratégica en la región", declaró recientemente, Obeida Ghadban, una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores sirio.
El propio presidente interino, Ahmed al Sahara, manifestó recientemente que si su país "una vez fue un escenario de conflictos ajenos, hoy ha elegido ser un puente de seguridad y un pilar fundamental de la solución".
Según el mandatario, Siria es ahora "la arteria alternativa y segura que une Asia Central y el Golfo con el corazón del continente europeo".
Las rutas por carretera también se han intensificado a través de Arabia Saudí y Jordania. A principios del presente mes, la mayor empresa de transporte marítimo de contenedores del mundo, Msc, anunció que abría un nueva conexión de este tipo en la que sus envíos atravesarán el Canal de Suez para llegar a los puertos saudíes de Jeddah y King Abdullah, y de allí continuar por las autovías de ese país.
Sin embargo, como apuntaba el experto del Centro de Investigación del Golfo, Naji Abi Aad, en un reciente estudio todas estas opciones han demostrado ser "vulnerables" a las vicisitudes políticas de la región.
La propia Petroline fue atacada el 8 de abril por los drones iraníes y en 2019 había sido el objetivo de las fuerzas hutíes de Yemen, aliados de Teherán. Lo mismo ocurrió con el puerto de Fujairah, donde desemboca el acueducto Adcop.
Un suceso nada inusual dado que "la mayoría de los oleoductos que cruzan fronteras estatales han sido víctimas en algún momento de las rivalidades políticas y los conflictos de la región. Cada línea en la región ha sido clausurada al menos una vez", como recordaba el analista del think tank.
Otros expertos coincidían en que la progresión de los referidos proyectos se ha visto afectada en el pasado por su notable coste, el tiempo que requeriría su construcción y sobre todo, las incontables divergencias políticas entre los estados de la región.
"Sería prudente no considerar una crisis geopolítica como un sustituto de la voluntad política y la capacidad institucional que han estado ausentes hasta ahora", sentenció Frederic Schneider, investigador del Consejo de Oriente Próximo sobre Asuntos Globales.

